En enero de este año Clara Serra estuvo en Chile. Es profesora de filosofía, diputada española y portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid. Durante los primeros días del 2019 visitó el país para participar del Festival Radicaliza la Democracia, organizado por el Partido Poder del Frente Amplio.

Después de una charla que dio en el marco del festival, caminamos juntas por el barrio Brasil de Santiago de Chile, buscando cerveza y un lugar tranquilo para conversar. Luego de unos minutos de deambular por algunas calles, evitando bares con música estridente -a petición de mi grabadora- llegamos a uno que nos recibió con ‘Baño de mar a medianoche’ de Cecilia. Perfecto.

Es inevitable comenzar la entrevista hablando sobre el 8M del 2018. La primera huelga feminista en España que impactó por todos los rincones e inspiró, como por efecto en cadena, a diversos movimientos feministas que se desarrollaron a lo largo de ese año.

“Yo creo que el 8 de marzo es la evidencia más clara o el síntoma más fuerte de un proceso que en España hemos vivido los últimos años y que ha tenido muchas otras manifestaciones, pero quizás el 8M es la más evidente. Demostró la potencia, la hegemonía y la transversalidad de lo que ha conseguido el movimiento feminista en España, porque fue una manifestación que especialmente llamaba la atención por la pluralidad de las mujeres que llenaban las calles, sobre todo las edades, que eran desde las abuelas hasta las chicas más jóvenes. Entonces, creo que representa un nuevo país en ese sentido, con nuevas aspiraciones. Y posteriormente al 8M se ha revelado qué es lo que hay al otro lado”, explica Clara.

“Al principio, en las manifestaciones posteriores al 8M, vimos a los dos partidos de la derecha -Ciudadanos (Cs) y Partido Popular (PP)- queriendo disputar el feminismo, lo cual era algo impensable si nos lo hubiéramos imaginado hace tres años. El PP siempre ha sido un partido antifeminista y Cs, de hecho, hace unos años, por ejemplo, en la Asamblea de Madrid, llevaba propuestas muy peligrosas, básicamente desactivar las leyes de violencia machista. Sin embargo, se notó que se querían sumar al carro e intentar disputar la idea del feminismo y, desde ese momento, se han visualizado más las mujeres de esos partidos, como portavoces del feminismo”.

“Al mismo que ha surgido esto, se ha gestado subterráneamente la reacción. Ambos son efectos del auge del feminismo. Por un lado, los intentos de los partidos de sumarse al carro, es obviamente el efecto del éxito, pero otro efecto del éxito es la reacción, y la fuerza con la que viene esa reacción. La de todos esos hombres -sobre todo hombres- que se sienten representados en un partido que viene a cargar contra las feministas, a alertar sobre el peligro que supone el feminismo, etc. Entonces, yo creo que son efectos contradictorios entre sí, pero ambos surgen del gran avance que hemos representado las feministas. Y bueno, Vox es ahora mismo quien capitanea la reacción antifeminista y curiosamente su llegada está volviendo a arrastrar a esos partidos que posteriormente al 8M quisieron disputar el feminismo. Les vuelve a arrastrar a posiciones reaccionarias. Ese es ahora mismo el contexto español y en este contexto se va dando una creciente polarización entre una derecha más radicalizada y más antifeminista y un feminismo que sigue avanzando, y por tanto, una clara batalla cada vez más frontal”.

Han pasado dos meses desde nuestra conversación y, en ese periodo, han habido cambios. En febrero del 2019, Clara decidió irse a una escisión de Podemos  (aunque sigue en su cargo de portavoz) -liderada por Íñigo Errejón- llamada Más Madrid, para competir por el gobierno de la Comunidad, un proyecto político a imagen y semejanza de Ahora Madrid, el conglomerado al que pertenece Manuela Carmena, actual alcaldesa de la capital. Ambas iniciativas son una articulación de partidos y movimientos sociales que quieren mantener una autonomía absoluta respecto a Podemos e Izquierda Unida, que formaban parte del proyecto, pero a los que no se les permitió liderar el proceso, algo que molestó profundamente en esos partidos políticos, porque eran, en teoría, los más robustos.

Clara Serra e Íñigo Errejón

Por otro lado, al inicio de esta entrevista, Clara relata muy bien lo que sucedió hace pocos días acá en Chile, en nuestra Huelga General Feminista. Un gobierno llamando a ignorar la convocatoria a huelga general feminista de la Coordinadora Feminista 8M y luego, confundidos, declarar frases como que “las demandas feministas están en el corazón del gobierno”. Siempre está bien mirar hacia afuera, hasta cierto punto, sobre todo cuando hay procesos e injusticias que se comparten, aunque el contexto sea diverso. En el caso de España en el 2018, el llamado a huelga también se realizó desde los movimientos sociales. Un llamado al que luego algunos partidos políticos se plegaron, pero sin lograr instrumentalizarlo.

“Ese debate se ha dado siempre en el contexto del feminismo que se hace a nivel social y que algunas veces tiene muchas alertas encendidas con que los partidos lo coopten, lo manipulen o lo utilicen. No me parece que se diera especialmente en el 8 de marzo. Podemos tiene a muchas militantes del partido que participan en el 8M, pero como un miembro más, de igual a igual con cualquier otra mujer. Yo creo que Podemos siempre ha tenido claro que los movimientos sociales y, en concreto el feminismo, tiene más fuerza en la medida que mantenga su autonomía y su independencia. Ahí Podemos tiene que ser una herramienta que sea útil, que tiene que trasladar a las instituciones lo que los movimientos sociales demandan, pero que no puede cooptar ni neutralizarlo, porque es una fuerza que muchas veces consigue -no solo a Podemos sino a otros partidos- arrastrarles a ciertas demandas y llevarles a posiciones que creemos que son buenas. Tiene más fuerza el movimiento feminista si se mantiene de alguna manera distante respecto a nosotros. Yo creo que hemos sido cuidadosos siempre con eso”.

Clara es categórica, pero ¿de qué forma, en lo práctico, se mantiene ese cuidado de respetar al movimiento como autónomo? “Por un lado, reconociendo mucho en nuestras intervenciones o cuando llevamos una propuesta institucional que ha venido defendida por el movimiento feminista años atrás. Creo que hemos reconocido siempre eso, siempre lo hemos nombrado, siempre hemos identificado su autoría en muchas cosas y creo que esa es la manera de que Podemos tiene de respetarlo. Muchas veces las propuestas institucionales que Podemos acaba registrando en un parlamento son resultado de reuniones con el movimiento feminista. Por ejemplo, las que hago yo en la Asamblea de Madrid, como la reforma de la Ley de Violencia que hemos hecho ahí, está hecha por y con el movimiento feminista y eso es una cosa que decimos siempre. Y creo que esa es la forma de respetarse. Lo otro es trabajar codo a codo con dirigentes y representantes históricas del movimiento feminista que a la vez están contentas de que algunas feministas estemos en las instituciones, pero que ellas prefieren seguir trabajando en su terreno y que tenemos una relación muy virtuosa, de respeto mutuo”.

Así como este 2019 en Chile, el 8M español en el 2018 representó un cambio de paradigma cruzando las fronteras. Las postales emocionantes de miles de mujeres cantando en Bilbao o las periodistas en Callao reunidas y en huelga gritando “las periodistas paramos”, viajaron hasta diferentes países y por fin muchas pudimos ver, en lo práctico, cómo se veía una huelga y compararla con lo que imaginábamos.

“Creo que cuando dices que hasta acá llegó, es muy importante señalarlo, porque el 8M español del año pasado fue una ola que llega a otros países, como a Chile por ejemplo, pero también hay movimientos inversos, cuando por ejemplo el Ni Una Menos argentino llega a España. Y esto me parece muy importante decirlo, porque tenemos que hacernos cargo de que estamos en un momento contagioso, donde las fuerzas que acumulamos en un país, cuando transmitimos que el feminismo está vivo, suponen ánimo, fuerza, ideas e imaginación que termina despertando en otros países. Creo que tenemos que construir muchísimo sobre eso en este momento político”.

Ese 8 de marzo del 2018, Clara y sus compañeras no asistieron al pleno que tenían ese día en la Asamblea de Madrid. “Sabíamos que podía suscitar muchas críticas, que nosotras no éramos trabajadoras y quizás había quien pensaba que hacíamos un uso privilegiado de nuestro cargo para tratar de representar a mujeres que estaban en otras condiciones, pero lo decidimos hacer así. Y creo que fue un acierto, fue algo raro que no ha ocurrido antes, que las mujeres desaparezcan de un parlamento. Además hicimos que nuestros compañeros tomaran la palabra cada vez que nosotras teníamos una iniciativa -porque teníamos iniciativas para ese día- y que explicaran por qué no estábamos ahí. Que dijeran ella ‘está haciendo huelga por estos motivos’”.

Hubo muchas fortalezas que multiplicaron la fuerza del 8M del 2018 “y en concreto me quiero referir a la movilización de las periodistas”, dice Clara. “Es una cosa que no había ocurrido nunca y que, sin embargo, para ese 8M las mujeres de los medios de comunicación, de los periódicos, de la televisión, de la radio, se organizaron. Crearon unos grupos enormes, multitudinarios, de mujeres conectadas de todo el país. Trabajaban en grupos de Telegram donde habían miles de periodistas y decidieron no solo hacer huelga, sino catapultar el efecto de la jornada. Entonces multiplicaron la voz de todas las mujeres, porque claro, las mujeres periodistas tienen esa herramienta. Fue muy emocionante ver a mujeres que siempre han estado, de alguna manera, neutrales frente a este tipo de movimientos sociales y decidieron implicarse. Fue transversal no solo a los distintos medios, sino también ideológicamente.

—”¡Ana Rosa se fue a huelga!”. No puedo evitar gritarlo en ese momento, con la misma sorpresa que lo grité cuando lo vi en la tele, en marzo del 2018. Ana Rosa en Chile sería una Tonka Tomicic nacida en 1956. Una Tonka Tomicic nacida en 1956 que se declaró feminista y se fue a huelga. Para que se entienda el impacto.

“¡Sí! Ja, ja, mujeres de medios de entretenimiento, mujeres de derechas, todas decidieron hacer huelga y claro, el momento en que Ana Rosa Quintana dice que va a suspender su programa, fue como ‘¡buá!, esto es diferente a lo que ha pasado siempre’. Creo que la movilización de las periodistas con este hashtag de ‘las periodistas paramos’ es una de las claves del 8 de marzo español”.

Otra de las aristas más visibles del 8M español del 2018 fue el machismo de izquierdas de algunos de los sindicatos. Un mapeo rápido. Allá existen varios sindicatos mayoritarios: Comisiones Obreras (CCOO), ligado al Partido Comunista; UGT, ligado el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y CNT y CGT de corte anarquista. Estos dos últimos apoyaron una huelga de consumo, cuidados y trabajo por 24 horas, mientras que los dos primeros, solo paros parciales de 2 horas.

“Es que para muchas de quienes hemos militado en la izquierda desde hace tiempo, siempre Comisiones Obreras y UGT han estado por detrás de lo que el feminismo y las mujeres han reclamado y tienen una manera de entender incluso el sindicalismo, a nuestro modo de ver, muy anticuada y efectivamente, son muchas veces, la demostración de una izquierda un poco vieja. CGT siempre ha sido un sindicato mucho más consciente de las nuevas formas de precariedad, de las nuevas formas de lucha y de las reivindicaciones de las mujeres en sectores diferentes, nuevos. Las reivindicaciones de mujeres cuidadoras o de las Kellys, ese tipo de realidades. De mujeres que no son claramente la forma clásica del sindicalismo, están siempre defendidos por CGT, entonces, tampoco sorprende tanto.

—Y si lo llevamos a la línea de los partidos políticos, pasó lo mismo.

“Sí. Yo creo que se equivocaron y se dieron cuenta. Debieron tener su debate al igual que nosotras. Nosotras decidimos ir a por todo e incluso faltar al pleno. Ese día fuimos al pleno, dimos declaraciones de por qué nos íbamos a ir y nos fuimos todo el día. Y ellos debieron tener su debate y su decisión y yo creo que en ese momento pensaron que era lo mejor y creo, y me consta que es así, que algunos pensaron que se equivocaron.

—PP y Ciudadanos dieron saltos olímpicos. Veía sus declaraciones durante esos días y se notaban muy confundidos. En un momento Albert Rivera de Ciudadanos dijo abiertamente que no apoyaban la huelga porque esta se levantó con un carácter anticapitalista. Y luego se intentaron hacer parte.

“Es que todos los partidos, sobre todo el PP y Cs, estaban muy confundidos. Es por eso que el 8M y el día posterior recolocó las cosas y les hizo moverse, porque efectivamente estaban sin saber muy bien qué hacer. Por ejemplo, Cs es un partido que criticó la huelga, criticó el parón, pero sin embargo fue a la manifestación, a la foto. Y eso es una cosa que seguramente decidieron en el último momento, viendo que la cosa había sido un éxito y por eso esa contradicción. Pero que estaba permanentemente pensando hasta el último momento cómo debían posicionarse, claro, estaban muy perdidos.

EL FEMINISMO ESTÁ DE MODA

—Uno de los debates constantes dentro de los espacios feministas es tener cuidado por las aguas que se cruzan, los medios que se utilizan y los artefactos que se pueden llegar a transformar -o no- en herramientas. Con el auge, sobre todo mediático, de este movimiento en los últimos años, que van desde Beyoncé con una gigantografía a sus espaldas que dice feminista, hasta mujeres tomando espacios de poder en Parlamentos o jefaturas de Estado. ¿De qué manera se pueden aprovechar estos nuevos espacios que hasta el momento habían sido definidos como contrarios de utilizar? ¿Se deben utilizar?

“Yo creo que sí. Creo que es nuestra responsabilidad, de alguna manera, a ver cómo lo digo… tomar los escenarios que tenemos en un determinado momento de hegemonía del feminismo, como el contexto en el cual tenemos que hacer política. Y esos escenarios, me parece, en que el feminismo va alcanzando hegemonía y va creciendo, son escenarios que son problemáticos. O son escenarios ambivalentes, que tienen un doble significado y una doble posibilidad de hacernos avanzar o retroceder. Pero creo es que es una mala forma política de percibir la realidad cuando el propio escenario, en sí mismo, te parece el síntoma de un fracaso. El escenario no es nunca, unívocamente, bueno o malo, el escenario es siempre una oportunidad y lo que tiene que hacer alguien que hace política es pensar ‘en este contexto, cómo potencio al máximo mis posibilidades de intervención política’”.

Para Clara, además, “algo de lo que tiene que huir el feminismo y la política en general, porque creo que es un cáncer, es que lo que son medios se conviertan en fines. Esa es la destrucción de la política. Cuando la acumulación de poder no es un medio para un fin sino el fin en sí mismo. Eso devora la vida política en las instituciones, también a las organizaciones. Se ven envueltas en disputas internas por el poder, que ya no atienden a eso para lo que tenían que ser útiles. Y el feminismo, en ese sentido, tiene que huir del mismo riesgo que tiene la política en general. Los medios tenemos que permitirnos usarlos al menos tanto como los hombres y como el resto de quienes hacen política”.

“Ahora bien, el juicios a los medios, la manera de elegirlos o no, son los fines. Y si el feminismo pierde de vista los fines, puede acabar sumido en dos riesgos. Uno es la acumulación de herramientas de poder, llegar a las instituciones y conseguir tanto poder como los hombres o utilizar algunas herramientas inesperadas que son problemáticas y sacar rédito de perpetuar las cosas. Y, por otro lado, también el riesgo que tiene la izquierda por el lado militante, que la militancia misma se convierta en nuestro modo de vida, en un fin en sí mismo. En la reproducción de un modo de vida cómodo, cálido, apacible y que nos reconcilia con nosotras mismas, pero que no transforma el mundo. Yo quiero, en general, una política que tenga todo el rato una brújula y un norte clarísimo. Y todo lo que hagamos, las herramientas que usemos, las estrategias que usemos, los partidos que construyamos o las organizaciones, sean o no electorales, tengan su justificación en sí son útiles para algo que nos tengamos que proponer. Como perdamos de vista ese algo, nos volvemos ciegos y el feminismo también”.

—Uno de los temas que tocaste en tu charla esta tarde fue esa pureza de la militancia, en el sentido de hablar solo a nuestro círculo cerrado de personas que piensan como una. ¿Cómo se rompe eso sin doblegar las ideas?

“Una perversión de la política es la típica figura de la mujer que disputa en un mundo de hombres, de tiburones y que acaba convirtiéndose en un tiburón más, reproduciendo las mismas estructuras y perpetuando la peor política institucional. Esa que acaba siendo una persona que solo piensa en acumular poder y ya perdió de vista para qué era ese poder. Eso es una perversión, pero también es una perversión de la política la reproducción de espacios militantes y de identidades militantes que, al final, nos hacen el mundo más confortable y que incluso, muchas veces, el hecho de que seamos pocos es más reconfortante aún. ‘Somos pocos, el mundo no nos entiende, pero qué seguros nos sentimos’. Incluso, ‘qué gratificante sensación sentir que el mundo está equivocado y que nosotros tenemos la razón’. La izquierda tiene ese riesgo, porque es muy embriagador también sentir que hay una especie de vanguardia iluminada que sabe cómo es la realidad y que en la incomprensión del mundo y que, en el hecho de que los demás no sigan nuestra línea, está justamente toda la razón que tenemos. Cuanto menos nos comprenda el mundo, cuanto menos nos siga la mayoría o menos seamos, más se demuestra la razón que tenemos. Eso es terrible para la política, porque acaba convirtiéndose en un fin y no en un medio nuestra militancia, porque es cómoda. Porque nos hace sentir puros, bellos moralmente y porque nos acabamos enamorando de nosotros mismos. Y no del mundo que querríamos construir, que no lo construimos por el camino, sino sigue siendo el que era.

—¿Crees que eso es algo que le pasa muy frecuentemente a la izquierda más que a la derecha?

“Creo que sí”.

(No podía no compartir esta intervención).

“LA MANERA DE HACER OPOSICIÓN A VOX ES TRASLADAR LA RESPONSABILIDAD AL PP Y CIUDADANOS”

El 2 de diciembre del 2018 se realizaron elecciones en el Parlamento de Andalucía. El partido de extrema derecha Vox obtuvo doce escaños y cerca del 11% de los votos. Esto, sin duda, reconfiguró el panorama político español, que venía de un contexto en el que PP salía del gobierno y entrada el PSOE.

“La entrada de Vox reconfigura el conjunto del panorama político español y de lo que tenemos que combatir porque fundamentalmente, como decía antes, el principal riesgo es que escore a los partidos mayoritarios, porque Vox es un partido pequeño, pero PP y Ciudadanos son partidos que convocan a mucha gente y que tienen muchos miles de votos. Creo que hay que hacer oposición poniendo la responsabilidad en esos dos partidos. Creo que esa es la manera. Hay que plantearles cuál es su elección y tienen una disyuntiva aquí: si van a apostar por un partido que propone medidas que suponen retroceder con respecto a nuestra propia constitución y desde luego que nos sacan del marco de la defensa de los derechos humanos y de la Europa social o si estarán dispuestos a ciertos pactos que hasta ahora eran consensuados e incluso en ir hacia adelante. Porque parecía que quería ir hacia adelante el PP, después del 8M. Entonces, creo que la manera de hacer oposición es trasladar la responsabilidad a los partidos mayoritarios que representan a millones de españoles”.

“No deberíamos obviar que ellos también tienen sus contradicciones. Macron salió diciendo a Ciudadanos que no le parece aceptable que un partido como ese, que más o menos parece inspirarse en el mismo tipo de proyecto y tal, pacte con la extrema derecha. El grupo parlamentario de Podemos en el Parlamento Europeo salió criticando un posible pacto con Vox e incluso durante estos días, cuando Vox ha salido exigiendo la derogación de todas las leyes de violencia para apoyar el gobierno en Andalucía, el propio PP ha dado muestras de ruptura interna. Hemos tenido, por ejemplo, a miembros del Partido Popular poniendo tweets que dicen ‘contra la violencia machista ni un paso atrás’, cuando claramente otros de su partido estaban haciéndole el juego a Vox. Entonces, puede haber incluso una cierta ruptura dentro del PP. Y por ejemplo, hace algunos días salió un artículo diciendo que las mujeres del PP están teniendo una situación límite, que no han salido públicamente a decirlo, pero hay un malestar enorme de muchísimas mujeres que consideran que se está jugando con fuego con los derechos básicos de las mujeres, con conquistas que habíamos hecho. Por eso digo que creo que la manera política de abordar esto no es hacer una confrontación con Vox, sino poner la responsabilidad en aquellos que además tienen más responsabilidad en la medida en la que representan a más parte del país y, en ese sentido, llevarles a sus contradicciones y que si optan por una vía, que les cueste muy caro.

El contexto chileno difiere en algunos puntos al español. Por una parte, podemos relacionar la aparición de Vox con el arribo de figuras locales como José Antonio Kast, por culpa de una oposición poco eficaz o derechamente inexistente y también por culpa de los medios de comunicación controlados por los primos y amigos de los diputados y empresarios. La figura de Kast ha hecho que se despierten algunos personajes que hasta hace algunos años evitaban decir públicamente que eran pinochetistas (claramente, no te hablo a ti, Iván Moreira). Pero algo que diferencia nuestro contexto profundamente al de España es que allá existe una alerta porque se están poniendo en peligro derechos conquistados, mientras que en Chile, muchos de esos derechos aún no se conquistan. Es un extremo aún más agudo.

“Aunque me parece un escenario en general problemático, creo que en este contexto en el que además hay escenarios compartidos en diferentes países, veo que es más importante que nunca que hagamos política y feminismo, una oposición a esos proyectos reaccionarios y de ultraderecha, en clave feminista, de un modo internacional y con alianzas. Me parece que así somos mucho más capaces de mostrar las alianzas siniestras. Porque en España todo el mundo se escandaliza de Bolsonaro y cualquier tipo de vinculación allá con él sería escandalosa. El mostrar las confluencias o las alianzas siniestras es importante para desenmascarar lo que hay y también construir alianzas para la oposición a eso. Me parece que cuando lo que pasa en un país es que hay un corrimiento de todo el bloque -que es lo que puede pasar con la emergencia de partidos de ultraderecha chiquititos pero que en realidad arrastran a todos a posiciones más de derechas- hay que jugar a un puzzle más grande, que es el puzzle internacional. Y mostrar contradicciones a nivel internacional. Lo que decía por ejemplo de Macron es importante. Si no se revela la contradicción en el país, que sirvan otros escenarios para mostrarlas. Y creo que el feminismo, construyendo en clave internacionalista tiene que jugar en ese tipo de escenarios a revelar los peligros y a construir las respuestas”.

—En tu charla citaste un ejemplo de Mad Max, la película. Hablabas sobre esa decisión de Furiosa de seguir hasta el final buscando el oasis o darse la vuelta a pelear, ir a la boca del lobo. Siento, personalmente, que las mujeres en la política institucional van a la boca del lobo. ¿Cómo se aprovechan las herramientas que aparecen en ese lugar? ¿Cómo no olvidas que tienes que tomar riesgos y no quedarte cómoda?

“Yo creo que en eso, como en muchas otras cosas, se demuestra que si la solución es individual no funciona, que tiene que ser colectiva. Cuando las mujeres llegan a escenarios políticos masculinizados como intrusas, porque somos pocas, tiene algo muy épico, porque has conseguido llegar, eres tú y dos más. Pero no consigues cambiar mucho y corres mucho más el riesgo de que esas estructuras te cambien a ti, porque estás sola en una estructura llena de prácticas y de inercias que van en contra de todo lo que quieres defender. Entonces, en ese sentido, las mujeres que llegan a la política tienen que trabajar para que lleguen muchas más. Las que utilizan el feminismo en clave personal, esto es una de las cosas que también lo demuestra. Cuando hay una utilización en clave individual del feminismo, suele hacerse para ser la única que utiliza eso y que además saca más rédito personal en la medida en que sea solo ella la representante. Ese es un buen revelador. Una feminista comprometida con el feminismo es una mujer que, o trabaja por que las mujeres lleguen a los espacios donde no se las espera, o llega ella primero e inmediatamente vuelve atrás para que lleguen muchas más. Porque si no, puede que tenga una carrera fulgurante, que le vaya bien y que ser la única sea lo mejor para su carrera y su imagen, pero no va a cambiar nada. Así que las feministas tenemos que hacer que las mujeres lleguemos en tromba a asaltar las instituciones. Y para eso tenemos que ser muchísimas, porque no vamos a cambiar las cosas como lobas solitarias”.

“Me parece importante poner de relieve esa idea de la mujer que se da la vuelta y va a pelear, porque para los tiempos que vienen y creo que en el caso de España se ve muy bien con Vox -que es un partido que ha decidido polarizar violentamente contra el feminismo y por tanto contra las feministas- hay un nivel de exposición importante de las mujeres. Es un partido que genera muchísimo odio, se puede ver en redes sociales, una reacción fuertísima contra las mujeres. Y las feministas se están jugando el tipo ahí, totalmente. Entonces, ellas han dicho ‘lo voy a dar todo’, pero eso supone en este escenario, un coste cada vez más grande. Además va a haber este tipo de ataques virulentos en redes, las fake news, este tipo de estrategias que tienen ¿no? Eso de exponer mediáticamente a una mujer, de contar mentiras y tal, que lo hacen porque les funciona y porque son estrategias que dan sus frutos. Y debería haber sororidad feminista en contextos donde crece tanto el odio y donde las mujeres están tan expuestas.

Le cuento brevemente a Clara lo que sucedió el año pasado en la marcha por la legalización del aborto en tres causales. Mujeres apuñaladas en la calle, por personas que la justicia tampoco vio la urgencia de buscar y otorgar responsabilidad. “Los costos ya no son que te digan amargada, sino que te pueden apuñalar. ¿Cómo nos protegemos?”, pregunto.

“Con mucha manada feminista”, responde Clara. “Con muchos lazos, vínculos feministas. Yo creo que sigue siendo movilizador. El feminismo, por lo menos en España, ha demostrado muchísima fuerza también porque ha sido capaz de emocionar al país. La solidaridad que han mostrado las mujeres frente a un caso de una mujer a la que la justicia ha dejado tirada, como en el caso de La Manada o en el caso de Juana Rivas. Hay un lema feminista que dice que ‘si nos tocan a una, nos tocan a todas’. Me parece bastante revelador de un tipo de compromiso feminista que refleja que estamos en un mundo en el cual nos vemos solas. Es un mundo en el que estamo solas, desamparadas y sin protección, que mientras las instituciones y los poderes no cumplan su trabajo, nos vamos a cuidar nosotras. Creo que eso es un ejemplo super movilizador cuando se ve desde fuera ¿sabes? cuando se ve la reacción emotiva y brutal que despierta una mujer que ha sido… es que el caso de La Manada fue tremendo. Yo confío mucho en que el feminismo siga siendo capaz de generar eso, así que tendremos que cuidarnos entre nosotras en la medida en que no estemos protegidas por las instituciones, pero creo que ese ejemplo cunde y construye vínculos y redes alternativas. Y construye país. Tenemos que hacer que ese sea el ejemplo de sociedad”.

—La justicia siempre está por detrás de la realidad de las mujeres. El caso de La Manada también permitió que en Chile conversáramos sobre lo insuficiente y violento que es el sistema judicial. Y también nos permitió conversar más sobre las estrategias que se hacen desde lo social, pero ¿cómo se disputa el espacio de la ley?

“El feminismo tiene que tomar todos los espacios, tiene que disputarlo todo. Necesitamos muchas mujeres juristas, juezas, abogadas, fiscales. Por ejemplo, a raíz del caso apareció la Organización de Mujeres Juezas y eran quienes tenían más autoridad para cuestionar el fallo del tribunal y eso me parece importantísimo. Mujeres que están ahí, que pueden argumentar y demostrar que nosotras no estamos poniendo en duda el derecho, sino que ese derecho sea injusto. Creo que el hecho de que las mujeres estén presentes en todos los niveles del poder del Estado, en todas las instituciones, es fundamental. Lo del poder judicial es difícil, porque necesitamos a mujeres que lleguen a ese poder, también a gobiernos que doten de herramientas al poder judicial para transformar, para cambiar, para formarse, para sacar los prejuicios machistas de quienes están al mando del poder judicial y para que sea efectivamente un poder en donde se desactiven los machismos de la sociedad. De hecho, como tú dices, se reproduce ahora más machismo que en la sociedad, que parece ir por delante. Creo que también hace falta un relevo generacional, por las historias de los países ¿no? Chile tuvo una transición, España también, y hay ciertas castas asociadas a estructuras de poder que en su momento fueron lugares de mantenimiento de relaciones de poder heredadas de esa transición que no hizo un proceso real de profundización democrática.

Y ¿qué pasa con el acoso y abuso sexual dentro de los partidos políticos? En nuestra conversación le conté a clara sobre el caso de Revolución Democrática del año pasado y le pregunté por esa disyuntiva a la que muchas militantes se enfrentaron. Por una parte la idea de “esto puede perjudicar el proyecto político por el que trabajo, mejor no hablar públicamente del caso” y por otro lado, su sensibilidad feminista.

“El acoso sexual ha sacudido el panorama internacional a través del Me Too. Acá en Chile tuvieron el movimiento de las universidades el año pasado contra el acoso y en España hemos tenido mucho debate sobre violencia sexual por el caso de La Manada. A mí me parece que este movimiento y esta ola no debería pasar sin haber dejado ciertas conquistas agarradas y bien asentadas. Eso significa muchas cosas, entre ellas, que en los espacios en donde hay una desigualdad de poder fuerte, deberían ser especialmente iluminados como espacios donde hay que intervenir de manera específica. Me refiero a las universidades, por ejemplo. Vosotras habéis tenido este debate, donde hay una relación de un profesor y una alumna; me refiero al ejército, donde las mujeres están sometidas a una jerarquía brutal. Hemos visto casos de mujeres que denuncian casos de acoso en el ejército y su vida es una pesadilla. Por supuesto, en el mundo de la empresa, ya han habido avances tímidos en cuanto al acoso sexual y creo que los partidos políticos, aunque quede mal decirlo, son espacios de poder y de mucha desigualdad de poder. Y son espacios masculinizados donde el poder está en manos de los hombres”.

“Creo que los espacios políticos tienen que tener también protocolos, como las chilenas habéis defendido en las universidades. Tienen que haber formas específicas e institucionalizadas de abordar estos casos más allá del juzgado y de la vía judicial. Nosotras hemos defendido esto en Podemos desde el año 2015 y todavía no hemos conseguido que exista. Y yo creo que cuando, efectivamente, se dan casos de acoso sexual dentro de un partido, que se dan y estoy segura que se dan en todos, si el partido no tiene una forma de abordarlo y si no han hecho todo el trabajo de cuidarse de que cuando lleguen esos casos se traten de la manera más justa, nos vemos en la situación en que a las mujeres se les pone la responsabilidad de hacerle daño al partido públicamente y eso es una injusticia enorme. Para no poner a las mujeres en esa situación, tiene que haber previamente un cauce y una manera de resolverlo, porque o si no ocurre que se nos pone en esa situación”.

“Creo que el Me Too y las denuncias en redes sociales, son situaciones problemáticas. No es una buena noticia cuando las mujeres no tienen otras vías para abordar estas situaciones y acaban diciendolo en Twitter o en un programa de televisión. Pero las responsables de que eso pase no son las mujeres, los responsables son los que previamente no han habilitado una vía de solución a esto y me gustaría que entre todos en los que se pone esa responsabilidad, estén los dirigentes políticos de los partidos. Que si no han previsto previamente una solución, son corresponsables de que las mujeres se encuentren en una situación de indefención o de ser acusadas de dañar a su propio partido”.

“Y aunque no son una buena noticia y no quiero que las mujeres se vean en esas situaciones, sí defendería en términos generales que exista un feminismo crítico en los partidos. Lejos de debilitarlos creo que muchas veces los salvan. Además me parece que las mujeres muchas veces asumen la situación conflictiva, delicada y muy incómoda, que es salir a decir que tu partido tiene que mejorar en ciertas cosas, asumir el coste de hacer eso -porque hacerlo es un coste enorme dentro de un partido-, al hacerlo, estás salvándolo de muchas cosas. Porque cuando llegan malos momentos en un partido, después de haber tratado mal a alguna feminista que haya hecho eso, es el mismo partido que sale a reivindicar que ahí hay feministas críticas que hacen estas cosas. Entonces, no sé, yo y algunas compañeras hemos sido muy claras al decir que en Podemos también hay machismo, es que claro que lo hay, que tiene que mejorar y que tiene que poner en valor los avances, pero también ser conscientes de los déficits que todavía quedan por resolver. Y hay efectivamente una penalización y una reticencia por parte de muchos. Y, en el fondo, creo que es un mal cálculo pensar que en un partido donde las feministas se callan, es un partido que a la larga saque provecho de eso. Es un mal cálculo.

“La dirigencia de un partido debería evitar que estas situaciones pasen. Para eso debiera prevenirlas pero si ya se las encuentra, ante la disyuntiva de que haya feministas que ponen una crítica por delante o feministas acalladas, claramente se está cavando su propia tumba si creen que hay que callar a las feministas, porque eso te persigue para siempre. Si eres una organización que manda a callar a las mujeres que denuncian una injusticia, lo peor que puedes hacer es que se pueda contar en tu organización las mujeres tienen tanto miedo de hablar, que al final acaban defendiendo al partido y no defendiendo a una mujer que ha sufrido un abuso sexual”.

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Discos por sobre ahorros en el banco. En Twitter: @javieratapiaf