El primer libro que comenté en este espacio fue “La guerra no tiene rostro de mujer”. Porque ay, cómo escribe Svetlana Alexievich, por la cresta. Como es bielorrusa, ahora quiero recomendar a una chilena. Y voy a ir alternando así, una local, una visita. El libro que hay que leer pronto es “Doña Lucía”, de Alejandra Matus, porque sabemos que la vieja amenaza con morirse todos los meses y pienso que no puede irse al más allá sin que todo Chile sepa lo asquerosa, manipuladora y ladrona que fue y que sigue siendo.

Además, Alejandra Matus es otra periodista chilena que admiro a morir. Cuando una lee reportajes es capaz de dilucidar el reporteo, ver los lugares por los que pasó un periodista, descubrir que conversó con mucha gente y que transitó por muchos documentos. Pienso que para ser cronista hay que tener demasiados talentos: reportear bien, escribir bien y además narrar bien, en un sentido literario: saber cómo estructurar una historia para contarla de la mejor manera posible. Me parece casi sobrenatural que esas tres características puedan darse en una misma persona. Y están. En estupendas como Alejandra Matus, Leila Guerriero, Alma Guillermoprieto, Josefina Licitra, Gabriela Wiener, Mariana Enríquez y otras más que recomiendo leer ahora mismo.

Porfa, lean Doña Lucía.

La cagó el libro bueno. Alejandra Matus es una periodista brígida. Impresiona cómo se devela el reporteo, las entrevistas, las fuentes, los libros que chequeó para armar el perfil de Lucía Hiriart. Entrevistó hasta a Labbé po, tremenda. Aprendí muchas cosas que no sabía, como que Lucía viene de una familia de tradición política, que vivió en Gran Avenida (¿aguante?), que era terriblemente zalamera, oportunista e hipócrita; que la pareja se iba de viaje con viáticos de tres millones de dólares y que en su fuero interno (y en la práctica, a través de sus robos) el matrimonio y el Estado se convirtieron en lo mismo. Da gusto ver que los hijos e hijas del matrimonio Pinochet-Hiriart sean tan tiro al aire. Y da gusto que después de lo mala que fue, Lucía esté sola (perdón).

Lo único que no me gustó fue la voz. Matus es primero periodista y no tanto escritora, y está bien, no tiene por qué estar lo literario por delante, pero a veces me saltaba la voz narrativa, diciendo cosas como “gustaba de beber alcohol”, ¿quién habla de “gustaba de”? Suena medio feo. Pero eso sería lo único que podría criticar. El libro es increíble. Otra cosa que encontré bacán fueron las veces en que Matus habló en primera persona, citando su propia obra periodística o diciendo “todos le perdieron la huella a este personaje, pero yo lo encontré”, chaaaa, brígida, periodista seca.

Author

Periodista y autora de Quiltras