El martes recién pasado, el Senado aprobó -con modificaciones- el proyecto de ley que despenaliza el aborto bajo tres causales. Hoy, miércoles, la Cámara de Diputados hizo que el mismo pasara a comisión mixta, tras no alcanzar el quórum (se necesitaban 67 votos a favor, se obtuvieron 66). El voto que lo cambió todo fue de – ¡sorpréndanse! -, un hombre, Marcelo Chávez, de la DC.

Durante estos días hemos escuchado tanta imbecilidad, tanta violencia, que no sé por dónde empezar. Quizás repetir las frases (que quedarán en la historia de este país) ya no tiene sentido, por lo que me enfocaré en lo que está detrás de ellas: la putrefacta religión y la insoportable ignorancia.

Partamos por la putrefacta religión a la cual hago referencia en este caso: cristianismo/catolicismo, el cual es vivido férreamente por nuestrxs más conservadores (as) honorables y fue de lo que más se escuchó en el “debate” (¿podría llamarse así, con la pobreza de la discusión?). Las y los mismos que se golpean el pecho todos los domingos en la iglesia; mutilan, citando la Biblia y aludiendo a su amigo imaginario, nuestros derechos básicos: el acceso a la educación, salud, vivienda digna, a identificarnos como queremos y a decidir sobre nuestra vida sexual. Históricamente, las mujeres hemos sido sometidas, siendo creyentes o no, al supuesto mandato de un orden superior y divino que se colude con el sistema sexo/género para restregarnos, una y otra vez, que somos inferiores al hombre, y que básicamente venimos al mundo a ser madres y “la mujer de alguien”.

Porque sí, hueviaron por el divorcio, hueviaron por la píldora del día después, huevean por la ley de identidad de género, huevean por el aborto, que el matrimonio es para toda la vida, que un hijo o hija es bendición de dios / que dios creó dos sexos. Creo que el Congreso y todos (as) quienes toman decisiones “en pos del pueblo” deberían dejar de legislar con sus dogmas, porque, recuérdenlo, el Estado de Chile se separó definitivamente de la Iglesia Católica en 1925.

Sigo con la ignorancia, la cual es tomada casi como chiste, como algo tan leve, pero que se cuela como invitada de honor. Citemos (sí,  aunque sangren los ojos y los oídos). Hay gente que en la discusión y posterior a ella habló sobre violaciones “normales”, que llamó “padre” y/o “progenitor” al violador, que habló de que somos sucesores de los nazis, y que quienes abortan están “bien presas”. Díganme si eso no es violencia, si tildarnos de nazis no es ignorancia. Porque claro, se les olvida que ellos y ellas son los mismos que ampararon a Pinochet y sus mecanismos de violencia. Pasan por alto que algunos de los partidos a los que pertenecen esta manga de “genios y genias” eran medio amiguis de unos del III Reich (inserte emoji pensante).

Y bueno, ya sabemos lo que pasa cuando ignorancia y dogma se fusionan: las mujeres de Chile perdemos una vez más. Porque no,  no les parece violento que una tenga que conformarse, con dolor y vergüenza con estas indicaciones baratas, que sólo nos ponen trabas y jueces moralistas para algo que es NUESTRO DERECHO. Porque son tan imbéciles que piensan que una va a hacerse un raspaje o a ingerir abortivos como si fuese una fiesta. Y qué si lo fuera: EL CUERPO ES MÍO. 

E insisto, me pregunto qué pensarán éstos cuando se mueren, qué sentirán de haber estado siempre en el lado equivocado de la historia, cuando en sus epitafios dentro del imaginario colectivo se tallen todas las frases violentas e ignorantes que dijeron para, una y mil veces, hacernos sufrir a nosotros, el pueblo.

No queda más que decir, más fuerte que nunca, ¡aborto libre! que con o sin su ley abortaremos igual y cuando queramos, porque su moralidad, sus leyes, su miseria, no nos dominarán.

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It's feminist, not feminazi! Mujer, 3/4 de agua y periodista también.