Por Constanza Olivares Villanueva 

A veces me da la impresión que la palabra “fuerza” se nos está vetada cuando hablamos de nosotras porque nos hace sentir culpables ser fuertes. La sociedad nos ha condicionado a ser víctimas durante tanto tiempo que deberíamos tambalearnos ante el menor problema, a rendirnos y llorar y decir “no importa, sufriendo estoy bien”. Incluso entre nosotras, se espera que seamos lo suficientemente débiles para no afrontar lo que sea que se nos venga encima. O incluso burlarnos o sentirnos superiores a aquella que en nuestro prejuicio consideramos demasiado “débil”.

Hace poco yo empecé a ser fuerte. Cuando tenía 19 años y me dejaba llevar por la corriente, cuando no sabía que hacer de mi vida ni lo que pasaría, pero aun así estaba todo bien, el pololo de mi mejor amiga me violó. El feminismo me era algo ajeno en ese entonces y todos mis “amigos” – y amigas – me culparon. Estaba tan avergonzada que no le conté a mi mamá hasta varios meses después, cuando por fin pude sentirme “limpia”. Nadie, absolutamente nadie me ayudó, excepto una bella amiga que murió de cáncer y otro que recién venía conociendo y que hasta el día de hoy es como mi hermano.

El violador estudiaba en la misma universidad que yo, al igual que su polola. Un día creí verlos y mi cuerpo se convulsionó, solo. Pegué el salto más grande de mi vida, quedé temblando y tuve que ir al baño. A pesar de mantenerme a flote, hasta ese momento nunca me había dado cuenta que tenía que ser fuerte, que no podía seguir obviando lo que me había pasado a mí y a muchas otras porque deja un daño irreparable con el que tienes que aprender a vivir: hasta el día de hoy, cada vez con menor frecuencia, tengo que pasarme la esponja con ganas, porque me siento “tocada”; cuando hago el amor con mi pareja, me congelo y tengo que encender la luz porque tengo miedo de que pronto sea otro el que me abraza.

No debería ser normal aprender a vivir así, como tantas otras lo han aprendido de manera peor que la mía. Cuando tuve el valor de contarle a mi mamá, ella me contó que lo mismo le pasó a los nueve años, luego a los doce, después a los quince, porque su mamá la regaló y fue víctima de todos los dueños de casa para los que trabajó haciendo el aseo desde niña. Mi hermana mayor, saliendo de la universidad, fue arrastrada por un tipo debajo de un puente del centro, donde él le hizo lo que quiso. Como a mí, a ellas tampoco quisieron ayudarlas y tuvieron que aprender a ser fuertes desde adentro “con fuerza de mujer peluda”, como me decía mi hermana cuando yo era más chica y me reía porque era chistoso pensar en una mujer que no se depilara.

Hace un par de años fui con mi pareja al parque donde nos veríamos con varios amigos. Íbamos a jugar Naciones y mientras hacíamos los equipos, él llegó con su polola. No salté ni temblé, excepto cuando le devolví un pelotazo una vez que quiso quemarme. “No”, me dije, “tú no vuelves a tocarme ni siquiera con una pelota”. Lo enfrenté y me di cuenta que yo me sentía más fuerte porque, por cliché que suene, la fuerza tiene que ver mucho que ver con el amor. Estamos tan acostumbradas a no amarnos que le damos el derecho a otros de pasarnos por encima, de decirnos qué hacer, de faltarnos el respeto. Sé que el amor no evita que te digan cosas en la calle, que te toquen, que te pase lo que me pasó a mí, pero te empodera. El acto de amarse, de amar a otro, de amar un proyecto, es lo que, a mí al menos, me hace más fuerte cada día.

Si elegí esta canción, interpretada por la seca Estelle, es porque hace poco empecé a ver Steven Universe gracias a mi propio interés creativo. Ahora se lo estoy mostrando a mi sobrina, de catorce años, que fue lo bastante fuerte para parar los abusos de su mamá y venirse a vivir conmigo a Santiago. Nos acostamos juntas con mi gata y la vemos, mientras yo trato de enseñarle cosas que sé que ella debe vivir por sí misma y así aprender a amarse a su manera.

Me da miedo el futuro, que podría pasarle lo mismo que a mí. Cuando se lo planteo, ella me mira y me dice “hay que tener fuerza de mujer peluda” y se ríe. Porque ahora nos tenemos la una a la otra.

*La imagen de portada es un mural de la artista santiaguina Telly Gacitúa y Constanza quiso ilustrar su historia con él. Si también quieres participar en el tema del mes, escríbenos adjuntando tu material (columnas de opinión, mixtapes, dibujos, ficción o historias) al correo holaesmifiesta@gmail.com, con el asunto “yo también tengo fuerza”. 

Author

Y lloramos si queremos.

  • Coté

    SU es una de las cosas más bellas que he descubierto este último año. Y es que recalca tanto el amor propio y la aceptación y ogggghhhh <3. Amor para ti, que entiendo total y completamente tu sentir.

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