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Casi falto yo: qué no decirle a un/a superviviente de maltrato

Casi falto yo: qué no decirle a un/a superviviente de maltrato

En el pasado tuve una relación bastante tóxica, de la que no vale la pena mencionar detalles (léase: “no quiero que mi ex me espere en la calle con una sierra eléctrica”), pero en la que hubo violencia psicológica y reiteradas amenazas de muerte, algunas podrían considerarse intentos. Así es, yo pude ser asesinada. Pero más que hablarles del peor periodo de mi vida, quiero contarles de lo que vino después, cuando terminé esa relación y me sinceré con mis cercanos.

Hay algunos lugares comunes en los comentarios cuando alguien cuenta su experiencia con el maltrato, y que sin querer, pueden hacer mucho daño. Lo comparto aquí para que ustedes no lo hagan con alguna persona que amen.

Chuta, ten cuidado con el próximo/ Te metes con puros pasteles

Obvio, lo que más necesitamos escuchar es que somos idiotas y que nos espera un futuro lleno de imbéciles. Porque, claramente, vamos con un cartel que dice: “Busco a alguien controlador, que ojalá me mate antes de los 30”. Por lo menos yo, después de esa experiencia, he andado muy a la defensiva y lo último que necesito es que me refuercen la inseguridad. Si me pasó algo así fue precisamente porque este mierda se aprovechó de mi nula confianza en mí misma.

¿Cómo pudiste seguir con él? / ¿Por qué no terminaste antes? / ¿Cómo pudiste caer en eso?

Nuevamente, es súper reconfortante que nos refrieguen en la cara nuestros errores. La respuesta a esta pregunta la contesta una charla de TED (Leslie Morgan Steiner: “¿Por qué las víctimas de violencia doméstica no se van?”), pero la resumiré: al principio todo es maravilloso, se genera una relación muy profunda; luego, es súper absorbente, te aleja de tus amigos y familia; después, cuando comienza la violencia, dejarlo significa perder tu lazo más importante, quizás el único, porque hay una dependencia heavy. Además, tienes la esperanza de que solo sea una mala etapa y que a futuro volverán a estar bien… quieres ayudarlo a enfrentar sus demonios y, al mismo tiempo, estás cagada de miedo, porque si por cosas chicas te hace show, ni hablar de dejarlo. Si se fijan en las noticias, en muchos casos el asesino fue el ex, no la pareja. Hasta yo tengo un poco de miedo escribiendo esto.

A mí jamás me habría pasado

La raja que tengas un radar ultra refinado para detectar sacos de huea, que seas tan fuerte que alejes a los pasteles con un sólo destello de tu mirada, que seas tan afortunada que los pianos que caen desde las ventanas no se atrevan ni a rozar tu sombra. En serio, te felicito. Gracias por intentar ponerte en mi lugar, y en vez de empatizar conmigo, decirme que en mis zapatos tú jamás habrías sido tan estúpida. Qué bueno que mi dolor te sirva para reafirmar tu autoestima, es justo lo que necesito escuchar. 

Ya po, supéralo 

Sé que es triste, pero el “ya po, supéralo” de forma despectiva me lo ha dicho tanto una gran amiga como alguien que fue mi pareja. Ahora, igual los entiendo: lo reiterativo aburre, y nuestros seres queridos son humanos y se cansan. Y te duele, porque si ya sientes culpa y vergüenza de haber sido débil, que te digan “ya po, supéralo” lo refuerza. Hace que cuestiones tu capacidad de recuperarte y pierdas por un momento la esperanza de que algún día estarás bien. Por ejemplo, en el caso de un chico que fue mi pololo, yo solía despertar con pesadillas: al principio, él era comprensivo y me consolaba, pero como las pesadillas seguían empezó a ponerse celoso, que cómo seguía soñando con mi ex, que estaba chato. No duramos mucho después de eso.

Ahora, la sinceridad es importante. Si encuentras que alguien se está sobre-victimizando, busca el eufemismo para el “ya po, supéralo”. Puedes cambiar el tema de la conversación o decirle que pare de una forma más suave, onda: “Siento que hablar mucho del tema no te hace bien, que al final es seguir reflotando lo que te pasó. A mí tampoco me hace bien oírlo” o algo así.

No te vaya a pasar lo mismo con este tipo

Una variante del “ten cuidado con el próximo”. Resulta que tus seres queridos ya saben todo, ahora tienes una nueva pareja y por cosas comunes hay discusiones y problemas. Se asustan y te dicen: “No te vaya a pasar lo mismo”. Es súper normal, porque ellos también quedan dañados. En mi caso, cuando le conté a mi familia, yo ya había vuelto a tener una relación normal con otro chico, una relación que no funcionó sin nada dramático. Pero, pese a ese antecedente, ellos igual creían que podría traer a un Freddy Krueger en cualquier momento. Y es obvio, como te quieren, lamentan no haber podido protegerte y lo tratan de enmendar.

Para enamorarnos en algún minuto debemos quitarnos la armadura, y un comentario como ese cuando estás recuperándote es como un cinturón de castidad a tu corazón. Si te parece que el nuevo amor de tu ser querido no es para él o ella, puedes decirlo, pero sin ponerle la mochila del ex.

En la charla que mencioné antes hay algo con lo que no estoy de acuerdo: con lo de contárselo a todo el mundo. Si pasaste por algo así, es importante que te desahogues, pero sólo con tu círculo más cercano o con un psicólogo/terapeuta. Así evitas exponerte a juicios ajenos y superioridades morales. Es probable que después de haber estado por tanto tiempo callada, cuando finalmente te des cuenta de todo lo que pasaste, te den ganas de hablarlo con todos, y como estás vulnerable, puede que sean personas a las que no les contarías nada íntimo en una situación normal.

Lamentablemente, en el mundo hay muchos desatinados y morbosos. Por ejemplo, un chico con el que salí, cuando le conté, lo primero que me dijo fue “la hueá poblacional”, otro “pero cómo pudiste caer en eso”, otro no me dijo nada, pero le anduvo contando a medio mundo que yo estaba loca. Una de las razones por las que escribo esto anónimamente no es sólo para protegerme del psicópata (digo, vivir es importante para mí), sino porque estoy aburrida de ser vista como víctima, que los que saben me miren con cara de pobrecita, de mujer con poco amor propio, de lisiada en el amor. No me arrepiento de haber hablado, gracias a eso tuve el valor de terminar, pero sí de haberlo hablado después con gente cuek. 

Creo que las ansias incontrolables por hablar se dan por dos motivos: el primero, lógicamente, botar la pena, la rabia, descargarnos; el segundo es porque, como la cagamos, no confiamos en nuestro propio criterio. Reemplazas el criterio de tu ex por el de tu familia y amigos, que entre tantas opiniones te distraen, sin mala intención, de tu propia voz. Trata de desarrollar eso, tu propia voz. Es difícil, porque como sientes que la cagaste, ya no confías en ti misma. Pero filo, tú ya saliste de ahí. Estás viva, felicidades. Autodidácticamente sacaste un magíster en hijos de puta que ya lo querría el mejor psiquiatra.

En fin, no soy psicóloga ni nada, pero me gustó/me hubiera gustado que me dijeran esto:

El próximo será mejor

-De la que te salvaste, menos mal que saliste de ahí

-Lo bueno es que ya sabes lo que no vas a aguantar

-Eres muy valiente

-Si necesitas desahogarte, feliz te escucho

-Eres más fuerte de lo que crees. Si tuviste la fuerza para aguantar eso, también la tienes para recuperarte

-Relájate, ya sabes cómo arrancar.


Bonus track: mensajes para la comunidad

Mensaje número uno: Cada vez que en un grupo se habla del maltrato, no falta el inteligente que dice: “Aparte, las minas son más hueonas porque lo defienden y se quedan, como que les gusta la hueá”. Cuando escucho eso, me dan ganas de llamar a mi ex, pedirle prestada la metralleta y matarlos a todos. Bueno, no tanto. Pero cuando dices eso lo único que logras es que las personas que están pasando por esa situación sepan que no pueden contar contigo.

Mensaje número dos: Hay muchas formas de violencia más sutiles que una nariz rota. Para reconocerlas hazle caso a tu intuición. Si te metes a Google para saber si tu relación es maltrato, sal de ahí. No importa si te dice garabatos o no, si te grita o no, si te pega o no, si anduvo tomando o no, si tuvo un mal día o no, si está enfermo o no. Sal de ahí.

Ya, yo no soy el ejemplo de la mina que quedó impeque y que encontró al amor de su vida, pero hay otras chicas que sí. Además, volví a tener amigos, a acercarme a mi familia, a salir, a enamorarme unas cuantas veces, a hacer lo que se me da la gana. Es la zorra vivir sin ese miedo constante, sin que nadie me controle. Tengo mis cicatrices, pero soy feliz. E incluso en el remoto caso de que un día ese psicópata vaya a buscarme con un hacha bien afilada, no puede quitarme eso.

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