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Cinco años son cinco minutos

Cinco años son cinco minutos

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Es complejo hablar de las cosas que uno ama porque su mera presencia anula la palabra escrita. Pero de alguna manera esa palabra se arma para darle vida a aquello que nos cuesta creer que es real. Con  riesgo de exagerar, debo decir que El Siempreterno estaba entre las cosas que yo amaba. Ahora que no están más, al menos como los conocimos, queda la nostalgia de los recuerdos y también, de alguna manera, la sensación que la felicidad es algo demasiado breve. ¿Cómo que ya está? Si todo empezó ayer, no se puede terminar hoy.

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Hay rasgos adolescentes y de la infancia que arrastro conmigo, Cada día me pesan más pero son parte de un equipaje del cual no puedo deshacerme. No del todo. Una o dos veces por semana me encuentro luchando contra ellos y determinada a ser una adulta. Pero la vida adulta es bastante desoladora. Este año cumplo diez años viviendo sola y la cuenta matemática perfecta me da que de esos diez años, cinco los viví con El Siempreterno. Entonces tan sola no estuve.

Uno de los rasgos adolescentes que sigue conmigo es una sentencia de vida: la única hora y media en donde mi vida no es una mierda es este recital. Es tan exagerado como verdadero. Pero en determinados ambientes sigo siendo yo en el estado más puro. Cuando tenía 17 o 18 años la idea de ir a un recital era la idea de no estar con mis padres que no me entendían, no me comprendía y eran unos caretas. Hoy la idea de un recital mitiga la ausencia de esas figuras que, cada cual a su manera, me dejaron demasiado temprano. Soy muy grande para algunas cosas y soy demasiado joven para otras. No conozco a nadie en mi círculo que perdiera el refugio del hogar y de la ayuda familiar antes de llegar a los 35 años. Incluso los que me llevan cinco años tienen un lugar adonde pueden volver cuando todo está mal. Yo llevo algunos años ya viviendo sin eso y en general no es difícil pero cuando es difícil son todas las fuerzas de la naturaleza engarzadas para destrozarte la vida. ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué hablar de mi en lugar de hablar de la calidad del show, la lista de las canciones, la emotividad de la despedida?. No puedo, tampoco debo, justificar este acto de egoísmo. Supongo que estoy un poquito enojada porque el sábado perdí uno de los mejores canalizadores para el dolor que encontraba en Buenos Aires. Full coma debe ser uno de los temas que mejor habla por mi. El que despidió a mi padre cuando el aparato tecnológico no marcó más montañas y depresiones, marcó una línea plana. Y ahí fuí siempre a ver al Siempreterno. Sin pastillas, sin alcohol, sin romperme la cabeza contra la pared.

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La semana pasada me tome el 75 que me deja a pocos metros del consultorio de mi ginecólogo. Lo elegí al azar y el azar me dio algo bueno. Como cuando elegí Fender sobre Gibson. En el camino a la altura de Once, me crucé con los afiches que anunciaban el recital de El Siempreterno y la grabación de un disco en vivo. No decía nada de una última vez, de un final. Pensé en ir, pensé en toda la gente a la que me iba a cruzar, pensé en regalarme eso en mi mar de privaciones. Venía de un mes repleto de estudios a una edad muy temprana. Soy muy joven para hacer la mamografía pero, por razones que quedan en el ámbito privado, no todo es publicable, la tuve que hacer. Con la ecografía, la transvaginal y todos los estudios anuales que demanda un ginecólogo.

El Hospital Italiano debe estar entre mis lugares favoritos en la tierra. Mes a mes, dejo de lado cosas y más cosas con tal de tener la mejor salud posible. En la actualidad, puedo tener los resultados de mis exámenes a un “click de distancia” pero declino de eso. Yo necesito sentarme ahí a que me digan las cosas, me las expliquen. Porque ya bastante tuve de ver las salas blancas del mejor hospital de la ciudad cubiertas por mujeres que, a diferencia de mí, iban acompañadas de sus madres o inclusos de sus hijos. Me gusta estar sola, pero eso no significa que debo estar sola todo el tiempo. Cuando llego mi nombre a la pantalla me paré y fui, camine el largo pasillo. Me trataron bien, me dijeron que me olvide de todos los mitos, de todo lo que se dice sobre el dolor insoportable de la mamografía o cualquier otro estudio que tuviera que llevar adelante ese día. A veces siento, en los mejores días donde tengo fe, que las mujeres si queremos nos cuidamos entre nosotras. Ese día, todas las mujeres me trataron bien, me hicieron las cosas fáciles. La recepcionista, la enfermera, la doctora a cargo del mamógrafo, la especialista en ecografía. Me dijeron que en dos días tenía los resultados pero yo sentí en ese momento que estaba todo bien. Y si estaba todo mal, igual. Estaba todo bien.

A la salida bastante cansada me senté en un bar luminoso a tomar un café con leche. Vi pasar dos enfermos cargados de cajas de medicamentos, muestras o algo similar. Pensé en esa letra que dice “en un segundo le voy a explicar /que estoy haciendo lo que puedo hacer”. A veces con eso alcanza. Se hace lo que se puede. Y se puede un montón.

Sin poder encontrarme en ningún libro, recordé un sabio consejo de Rotman. Cuando pensás que ya hiciste todo en la música, todavía te faltaban diez años más. Hay que trasladar eso todos los días cada día cada hora a la vida.

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Los resultados dieron todo bien. ¿Cómo no ir al Siempreterno?

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El sábado antes de ir al recital pase por la feria heavy que se hacía frente a mi casa. Después de la charla “Mujeres en el heavy metal”, me tomé el 15. Mi amigo Mauro llegó a los pocos minutos y me dijo contento “otro lugar ganado para el rock”. Conversamos con él y con Sebastián sobre este final del Siempreterno. Yo tenía 15 años y ellos unos poco más. Hablamos de cuestiones míticas como “Buenos Aires no Duerme” y en un momento Mauro dijo:

-Estuvimos los tres en el mismo lugar a la misma hora mirando la misma banda hace 20 años.

Esa banda era Cienfuegos.

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Rotman habló del final desde el principio y se mostró conmovido, frágil, honesto. El amor que tiene por su eposa Mimi Maura los transforma, como señaló el periodista José Bellas, en la pareja más querida del rock argentino. Ricciardi, Sanchez y Minimal, maximizan ese amor. El Siempreterno es una banda que tiene algo muy en claro, algo que parece fácil e incluso obvio, pero por lo contrario es muy difícil: la banda siempre al servicio de la canción.

Las cosas duran lo que tienen que durar pero a veces cinco años parecen cinco minutos. Cada tema era una última vez, ninguna canción era una canción más. Estos cinco años hicimos entre todos una escena que necesitábamos. De a poco, como cuando se empieza el recorrido del amor. Desde La Trastienda, a Niceto, a un Groove lleno, a un mes entero de jueves de Uniclub agotados, a este Palermo Club con los micrófonos apuntando directo hacia nosotros. Nos despedimos como se despiden las personas que se aman pero no entiende por qué no pueden estar juntan. Risas, recuerdos, reproches, retrocesos, nos vamos, nos quedamos, volvemos, nos fuimos.

El amor siempre se transforma en otra cosa. Los que creemos que tenemos una sola vida creemos que nuestra continuidad en el mundo se traduce en las cosas que dejamos. En la obra, los sentimientos, las elecciones. En ese sentido, vivimos para siempre. El arte con cada una de sus expresiones es la vida eterna, la historia siempre pone las cosas en su lugar. A riesgo de caer en el drama, me ganan los sentimientos, la historia va a poner estos cinco años de El Siempreterno en su lugar. No es que ahora se vayan sin reconocimiento porque no es así. Nosotros los buscamos en años de soledad y ellos nos encontraron. Nos dieron estos cinco años, no dieron todos estos discos. Crearon un lugar y en ese lugar, nos protegimos de la inclemencia del mundo y revivimos el rock. Paso a paso, disco a disco. Probamos que somos un público que se desborda, pero que en ningún momento lastima al otro. Pogo, emoción, cantamos todas las canciones, hicimos todas las preguntas, tuvimos todas nuestras respuestas.

Mientras nosotros vivamos, hay rock como vía de escape y válvula infalible contra la alienación cotidiana. El sábado dejamos testimonio.

Cobra sentido entonces llamarse el Siempreterno. No hay manera que el amor se apague. Se transforma en otra cosa.

Si las personas están hechas del partículas del universo y del polvo con el cual se despiden las estrellas cuando se fulminan, el sábado se notó quién tuvo la suerte de tener un poco más de la magia que viene del cielo.

Gracias y hasta siempre <3

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