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La Tina

La Tina

Me gusta, cada tanto, darme un baño de tina, aunque tengo reparos en cuanto a la preparación. Siempre, antes de empezar a juntar el agua, lavo todo con cloro. Froto una esponja sin uso contra la loza muy fuerte, hasta que se me cansa la mano. Enjuago y luego la lleno. Generalmente, me doy esos baños cuando estoy haciendo algo y me bloqueo, para despejarme; o también, cuando me duele mucho la cabeza.

Hoy se juntaron las dos cosas y empecé a limpiar la tina, casi como para esconderme un rato y pensar en no pensar. El agua estaba tibia tirando a helada, parece que se congelaron las tuberías con el frío del fin de semana. Ahora hace calor así que no entiendo. Puse un disco de Petula Clark para oír, mientras leía un libro en la bañera. Si me iba a sentir reina, tenía que tener canciones de reina.

El problema es que el disco se acabó antes y estaba muy mojada para poder darlo vuelta. También estaba desanimada porque el agua no estaba tan caliente. Me gusta quedar rojita y con las manos arrugadas. Así me acuerdo un poco de mi abuela, cuando me bañaba para ir al  jardín.

Intenté quedarme un rato más, esperando que mi cuerpo diera su aprobación. Al ver que no pasaba nada, pensé que quizás así se siente tener sexo porque de repente aparece, o porque está aburrido con un amigo o amiga y no tienen nada más que hacer. Así como, bueno, el cuerpo responderá. No sé, yo siempre tuve ganas de tener sexo las veces en que quise tenerlo, creo.

Prendí la ducha al darme por vencida y me di cuenta que desde ahí sí salía hirviendo. Así como cuando sale a tan alta temperatura, que la piel se confunde y no sabe si siente algo helado o caliente. Así que puse de nuevo el tapón (que también lavo mucho rato con cloro antes de usar), me senté de rodillas y me quedé ahí bajo la ducha. Me quedé pensando en que tengo que terminar ese libro que llevo meses escribiendo, porque no me convence y empecé a hilar ideas. No sé cuántos minutos estuve así, pero me empecé a quemar, mientras sentía la espalda fría, porque el agua que quedaba abajo ya comenzaba a bajar su calor, así que apoyé las manos y las dos piernas. El chorro empezó a pegarme en la espalda y me dieron ganas de dormir allí adentro.

En el baño hay una luz naranja. No sé por qué una ampolleta normal hace que se vea así. Quizás es por mi cortina rosada. La verdad es que combiné como el hoyo los colores de mi baño, pero lo armé a la rápida. Hubo un momento en el que sufrí tanto, que decidí cambiar todo lo que había en el baño. Que todo fuera nuevo. Que nadie más lo hubiese usado. Y bueno, lo combiné como el hoyo.

Estaba acurrucada bajo la ducha cuando me empezó a dar culpa de no estar leyendo el libro que traía para el momento, porque en parte, para eso también era mi baño de tina. Y por estar en silencio. Creo que sólo estoy en silencio cuando duermo. Corrijo, me han dicho que cuando estoy durmiendo, a veces hablo. Menos mal que no tiendo a engañar a la gente o hacerles cosas feas, porque es imposible estar en vigilia para siempre y no delatar planes oscuros.

Cuando salí de la ducha me empecé a mirar en el espejo. Pocas veces lo hago, porque siempre encuentro algo diferente y me pongo a pensar en qué hice que cambió o por qué no me di cuenta antes. Registro de lo que encontré esta vez:

-Teta izquierda más grande que la derecha. Aunque las dos han crecido y no sé por qué, si ya me llegó la regla.

-Me salió un lunar nuevo en la guata.

-Tengo los brazos más duros, igual que la espalda, por el ejercicio.

-Tengo la espalda más ancha y eso me da miedo porque si no me cierra mi vestido favorito me va a dar mucha pena.

-Tengo la guata más dura también, debe ser por el ejercicio, pero prefiero pensar que es porque me río mucho.

-Todavía tengo marcados los vestidos de verano anterior.

También noté que quizás -sólo quizás- el agua tan caliente me haga mal, porque mientras me miraba, noté que me latía algo en la garganta. Se veía, literalmente, como si el corazón hubiese subido unos centímetros para decirme algo. Los afectos los tengo bien puestos, así que no sé qué es lo que quería lograr. Almorcé una ensalada y no sé por qué hago eso, si ahora tengo hambre y son casi las seis. Lo mejor de estar escribiendo esto ahora, es que todavía queda sol, está entrando por la ventana y yo estoy en la cama, envuelta en una toalla. Siento calorcito. De roja voy a pasar a morena. Envidio mucho a la gente que encuentra interesante fumar marihuana.

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