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“No podemos existir solamente en la palabra escrita”: una lectura de A quienes queden, de Jota Elmes

“No podemos existir solamente en la palabra escrita”: una lectura de A quienes queden, de Jota Elmes

A quienes queden

El 30 de diciembre se lanzó A quienes queden, el primer libro de Jota Elmes, a través de Sur Norte Editoras. Carolina Mouat, Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica, editora en Escafandra Ediciones y mediadora en Sobremesa talleres de lectura, preparó este texto para la presentación.  


La escritora francesa Hélène Cixous, en su texto La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura, se pregunta ¿dónde está la mujer? ¿Dónde se produce el discurso de la mujer en esta sociedad patriarcal? Su respuesta es clara. Para ella, el lugar de la mujer está en la escritura. Yo me pregunto: ¿dónde se produce el discurso de las disidencias en esta sociedad patriarcal, heteronormada y binaria? Mi respuesta es clara: en la escritura. 

A quienes queden
Fotos: Val Palavecino

Jota en su libro A quienes queden se apropia de su lugar. Sabe que en la escritura puede ser lo que quiera. En Aullido, el texto que abre el libro, nos dice: “Soy mientras soy lo que soy siendo / Soy una bataola de emociones y desencuentros / Contradigo mi propio orden / Soy un verbo en movimiento / Soy pausa / Soy bosquejo”. La escritura le permite ensayarse. No le exige una sola forma de nombrarse, puede ser la loba que llora, le niñe menstruante, una pulsión de deseo, un oleaje. Todo cabe en la pluma del Jota, porque en las palabras se expande. 

Leer A quienes queden, es un viaje físico y espiritual. Nos invita a repensarnos, a mirar nuestro cuerpo, a imaginarnos otras posibilidades. Jota me dijo una vez que las palabras son vasijas que se pueden llenar de significado. Mientras leía su libro, pensaba que el cuerpo también es una vasija que se puede llenar de múltiples significados. Somos un constante devenir, no nos agotamos en una sola cosa, habitamos el gerundio, siempre un siendo, la conjugación del deseo. 

Hija de perra en una entrevista dice: “Yo soy algo que se escapa del binarismo de género, me gusta la disidencia sexual y ese es el mensaje que quiero provocar en ti para que te des cuenta de las normas y las estructuras y programaciones que te hacen pensar de una determinada forma”. Jota también lo menciona en su texto, el no entrar dentro de las categorías, el tener que crear la propia, romper con lo establecido, habitar lo monstruoso, lo ambiguo, ser todo y ser nada “Así se siente el tira y afloja de la identidad disidente; el tira y afloja de la mentira del binario; el tira y afloja de cuidar lo hallado”. 

A quienes queden
Fotos: Val Palavecino

Me reconozco en el tacto, escribe Jota. Me quedó dando vueltas esa frase, porque la persona que recorre estas páginas se enfrenta a su identidad en el encierro, en el estallido del 18 de octubre, en las marchas feministas “Quiero mostrar mis cambios y no puedo. No hay afuera. Las categorías son acuerdos reescritos en cada encuentro”. Está el deseo de reapropiarse de las calles para poder mirarse, para sentirse ese otro, ese tecnohombre que empieza a surgir al hormonarse pero que ya existía en el cuerpo infante. La prótesis cómo extensión del cuerpo. El corte como amputación del mismo. El cambio en el tono de voz, los pelos que surgen con fuerza en las piernas pero tímidos en la barbilla. El escritor Ocean Voung habla de la belleza en lo monstruoso, en la grieta, en la falla “Uno no tiene que reparar en la historia rota en su plenitud, sino que la historia, en ruinas, está completa”. 

Me gusta cómo se nombra Jota, tecnohombre con su tecnopecho. Me gusta que hacerse la pregunta de qué es ser un hombre sea una incógnita. Me gusta que afirme que habitándose en masculino se da cuenta que es otro tipo de hombre. No intenta seguir los pasos de los hombres blancos, heterosexuales y colonizadores, sino que se arma su propio camino sudaka y cuir. Se autodenomina: hombre compasivo, dulce, penetrable y sensible. Hombre tetón y sin falo. Hombre menstruante. 

El texto al igual que el cuerpo de Jota está hecho de corte y sutura. Un tejido de puntos, un entramado de fibras, de pieles antiguas y nuevas que van dándole un respiro al cuerpo, una tranquilidad, una especie de paz. Con sus letras, Jota va cosiendo sus heridas y abrazando sus cicatrices. Las va palpando con la lengua y con la tinta. Y nos hace partícipes de esa comunión con su cuerpo. Mientras leemos sentimos que lo abrazamos a él y a esa niña que mira desde otro lugar. 

Leyendo este libro no pude no pensar en Mara Rita. Conocí a Mara en la universidad hace diez años. En un viaje en avión me contó sobre su transición. Ese viaje estuvo todo el tiempo con un turbante en la cabeza al estilo Pedro Lemebel. Se compró aros de perla y faldas bajo la rodilla. Estaba en su búsqueda de cómo vivir y habitar su feminidad. Recuerdo que me dijo: espero que un hombre logre amarme así como soy. Pensé en cuánta dignidad había en sus palabras. No era una súplica, era un deseo, que finalmente se cumplió porque todes merecemos ser amades en la forma en que nos sintamos. Lo podemos ver en La tragedia de les enamorades y en Quedará por siempre, el texto dedicado a la Valpa que cierra el libro. 

Le agradezco a Mara Rita porque le narradore sabe que no está sole en este camino, “Antes de mí hubo millones como yo” dice, “Pisas el camino / forjado por otres / para ti”. 

En el texto que le da título al libro, Jota nos envía una carta recordándonos que hemos sido valientes. Para mí todo este texto es necesario y valiente. Escribirse es marcar tu paso en este mundo y en la historia. Es dejar una huella, una voz que cargue con nuestra historia que no ha sido contada, no lo suficiente, ya que por años ha predominado lo hegemónico. Pienso en la importancia que tendrá este texto para les niñes que vengan, para les jóvenes, para les adultes que recién se permiten habitar una nueva identidad. La importancia de reconocerse en estos textos, de encontrarse en estas vivencias y de validar sus experiencias. 

A quienes queden
Fotos: Val Palavecino

Irene Vallejos escribe en Manifiesto por la lectura que a través de los libros anidamos en la piel de otros, acariciamos sus cuerpos y nos hundimos en su mirada. Nos dice que, en un mundo narcisista y ególatra lo mejor que nos puede pasar es ser todos. A quienes queden es importante, porque nos permite empatizar con una vivencia que tal vez nunca experimentemos, pero a través de la literatura logramos renacer junto con le narradore. Es necesario encontrarse con escritos que tensionen el lenguaje establecido, que tensionen a la academia y representen las vivencias de muches que no suelen tener espacio ni visibilidad. Es por esto que es importante encontrarse con otras formas de sentir y de sentirse, frente a une misme y frente a un otre. Mirarse diferente y aceptarse en esa diferencia. 

Vuelvo a la pregunta de Cixous, ¿cuál es el lugar de las disidencias? Y pienso que no podemos existir solamente en la palabra escrita. Existimos y resistimos. Necesitamos encontrarnos, no solo en los subterráneos, no solo en la oscuridad, también a la luz del día, en la plaza, en la calle, en la ciudad. Necesitamos seguir generando comunidad, espacios seguros de contención en cadena donde sentirnos tranquiles, riendo y marikoneando como dice el Jota. 

A quienes queden solo me queda por decirles: “En la catástrofe descubriremos quiénes somos”.