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Nada muy serio: La angustia de un Chile que queremos dejar atrás

Nada muy serio: La angustia de un Chile que queremos dejar atrás

Es fácil enganchar con el ritmo de Nada muy serio (La Secta editorial), que como bien dice Luna Miguel en la contratapa, es algo muy serio. Es súper serio, seriesísimo. Es fácil enganchar porque se trata de la vida, de sobrevivir a relaciones tóxicas en varios ámbitos, de comer en el Doggis con desánimo, o de vivir con ansiedad, con dolor de guata por ansiedad. Pero también es la estética del detalle, es imaginar a la personaje principal tocando la parte suave de los cactus. 

Leer Nada muy serio, es mucho de mirar y apreciar la belleza de los detalles y, al mismo tiempo, lo vomitivo de la monotonía diaria: el naufragio en la vida laboral, el naufragio en las relaciones, hasta el naufragio de la propia identidad. “Me estoy desdibujando”, dice la narradora. 

Siento que voy a desaparecer, no en el sentido bíblico de que moriré y me volveré cenizas, sino que seguiré viva pero extinta, como si mis dedos comenzaran a perder sus líneas y a pesar de estar frente a todos, ya no voy a existir y nadie se dará cuenta.

Nada muy serio, es la primera novela de Jessica Araya Catalán, una escritora disidente, que creció en Melipilla, y se toma de la ficción para mostrar la anestesiante realidad de la vida en la ciudad contemporánea. El libro está repleto de párrafos introspectivos, o piedras preciosas que no quieres dejar de observar y que repasas para volver a decir ¿a quién se le ocurre mezclar las palabras así? 

Camino para ver si mi cuerpo aún puede moverse. Escribo a Ale, le digo que me siento mal. No contesta. De qué sirve salir con alguien si no contesta cuando lo necesitas. Camino un poco más, en un paradero todas las personas están mirando hacia arriba, por instinto sigo la dirección de sus miradas; un pájaro grande se está comiendo una paloma y las plumas caen. Me pregunto si en esa vereda está lloviendo sangre. 

Es fácil enganchar con la sonoridad de las palabras y la cadencia de la angustia de la rutina latosa, que seductora invita a seguir la historia de Sofía, la protagonista, quien pareciera tener una vida bastante común, por no decir ordinaria, o plana. Porque de que le pasan cosas a Sofía, le pasan muchas, pero cualquier adulte boomer diría que así es la vida y que hay que trabajar y volver a la casa y ya, porque eso es la vida ¿o no?

A veces siento que tengo fobia a los lunes, pero en verdad lo que no quiero es ver a Monstruo, ni a pasante B, ni a <los otros>. Subo apurada el metro, me duele el estómago pensar en los días que me quedan en esta rutina. 

Sofía está atrapada en el loop de lo que se supone que es la vida, está atrapada intentando cumplir expectativas impuestas por la sociedad, como conseguir un trabajo. Pero si este es precario, o si su jefatura es prepotente, y pedante, hay que bancarlo. Bancarlo porque así se consigue experiencia, porque así es en todas partes, como consuelo o como resignación ante la precarización; un tema muy en boga por estos días de trabajos (presenciales o remotos) de jornada completa mal pagados, que travestidos buena onda o de flexibilidad horaria, explotan a sus colaboradores, o terminan devorando sus vidas. 

A quién no le ha pasado. 

A quién no le ha pasado que se abstrae de la realidad, porque afuera no está pasando mucho más. El exitismo se cuela por los huesos, y tus conocides presionan para que te vaya bien, pero eso significa que ganes plata, para que compres no sé qué, porque eso es tener éxito, porque eso es que te vaya bien. 

Nada muy serio, es grave, viene a hablar desde ese Chile que queremos dejar atrás, de esa puñado de familias que tienen el poder y que se concentran en una porción mínima comunas. Esto se evidencia en el decálogo acerca de <los otros>. 

¿Cómo identificar a uno de los otros?

  1. Uno de esos habla más de un idioma, aparte del inglés y el español. Generalmente es francés o alemán. El portugués es demasiado tercermundista, todos pueden llegar a Camboriú y aprender a pedir caipirinha.

Por eso no es coincidencia que Nada muy serio, que se escribió entre 2017 y 2019, se imprimió en 2019, pero cuya fecha de lanzamiento estaba programada para octubre de ese año, naciera como un manifiesto parido en plena revuelta. Es crítica social pura, es hartazgo de la reproducción de un sistema alienante y poco digno. 

Nada muy serio es obligarse a no moverse de un lugar por miedo, pero también es conocerse, experimentar y equivocarse, aunque cueste. Y por si fuera poco, también existe un cortometraje con su nombre, dirigido por Penélope Fortunatti.

Pienso que este departamento ya no será mi casa, nunca lo fue. Podría decirle a Ale que nos vayamos a vivir juntas, o podría decirle lo mismo a Simón o podría arrendar una pieza con baño compartido con diez personas. Todas las ideas me cansan. Imagino mover los cactus a un lugar nuevo, a otro balcón donde tal vez nunca tomarán sol.

A ratos también, da la sensación de que te enteras de la vida de una amiga de una amiga, o de que lo que cuentan sus páginas pudo pasarle a alguien más, dando espacio a la duda más antigua de todas: ¿qué tanta ficción hay en la vida y que tanta vida hay en la ficción?

*Nada muy serio fue editado por Claudia Apablaza, el diseño de interiores es de Andrea Estefanía, y la portada de Maite Araia.