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“Quiero que todo te salga bien”: Una entrevista a mi mamá

“Quiero que todo te salga bien”: Una entrevista a mi mamá

*Este ejercicio periodístico y personal está inspirado en el libro “Dicen de mí” de Gabriela Wiener.

La Glorita, como le dicen sus clientas, es una persona muy fuerte. La he visto llorar tan pocas veces que creo que las podría contar con una mano. A mí tampoco me dejaba llorar cuando niña y creo que por eso ahora lo hago siempre. La vida la curtió así en el norte, de niña fue muy pobre y trabajadora. Su mamá hasta el día de hoy es un enigma para todos, no habla mucho, no es cariñosa, se limita a sonreír un poco si está contenta. Yo a la Gloria siempre le reclamé que no era afectuosa como las otras mamás.Le hacía cartas en Power Point, con esas rosas rojas que traía por defecto el programa, y se las pasaba al cartero para que se las entregase a cambio de la módica suma de $100. Ella las leía, las guardaba y no me decía nada. 

Me caía pésimo.

Como yo era bien católica, cuando rezaba le preguntaba a Dios ¿por qué me tocó esta mamá? ¿Es una prueba para ver si merezco el paraíso? Y cosas por el estilo. Vivíamos peleando por las notas del colegio. Si me sacaba un 6,2 temía llegar a la casa porque sabía que a ella no le iba a gustar, me daba tanto miedo llegar, que más de una vez lloré en la escuela y me mandaron a orientación. 

Mi papá era todo lo contrarío, de él veía la parte amable, era muy cariñoso y siempre impedía que me siguieran retando, hacíamos puras tonteras como comer leche en polvo y esconderla debajo de la cama, para que la Gloria no nos pillara. También teníamos el juego de adivinar rápidamente la esposa o el esposo de todos los animales de la selva, mientras la esperábamos en el estacionamiento del mall, cuando terminaba su jornada laboral en la juguetería. Nunca fue ese papá que inspira respeto. De pronto dejó de estar y como la Gloria trabajaba mucho, tampoco estaba. 

Ahora que soy más grande creo que paradójicamente la vida nos fue acercando y, a pesar de que ya no vivimos juntas, por fin puedo decir que tengo una mamá-amiga, que es lo que siempre le envidié a todas mis compañeras del colegio y que le pedí al Viejito Pascuero más de una vez. Desde hace unos años que somos más cariñosas, porque estamos lejos. Aún así, hay algunos temas de los que nos cuesta mucho hablar.

Los mommy issues existen en mi vida a partir de los daddy issues, pero de eso me di cuenta tarde. Ahora la culpo menos. Quizás ya lo estoy dejando ir. El día que la entrevisté siento que cerré una etapa, o al menos eso intenté, pero también descubrí la importancia de reivindicar a esas mujeres de las que nadie habla, a esas mujeres que, a pesar de estar en pareja, mucho tiempo tuvieron que dar cara solas. Mi mamá es muchas mamás, esas que quieren lo mejor para sus hijas y, aunque se equivocan, dieron lo mejor de sí mismas contra todas las adversidades. Para mí, eso es suficiente. 

Ella es peluquera y tiene 48 años. No tiene estudios profesionales, pero ama su oficio. Un día nos sentamos en la cocina. Yo, en el papel de periodista, escudriñé en sus recuerdos más recónditos sobre eso que llamamos “maternidad”. 

—Cuando quedaste embarazada la situación era muy distinta a la que vives ahora ¿En qué momento de la vida te encontrabas? ¿Cómo enfrentaste la noticia?

Encontraba que todo estaba bien porque yo decidí tenerte. Arrendamos una casa en La Florida, en esos años no era como que uno decidiera tener un auto, una casa y luego familia o no estaba eso en mis pensamientos, solo sabía que quería tenerte, nada más. La noticia la recibimos bien, contentos. La casa estaba en un lugar bonito, era fome arrendar nomás.

—¿No te sentías chica? 

No, trabajo desde los doce años, así que no me podía sentir chica a los veintiuno. Era una persona super adulta ya.

—¿Cuál era tu relación conmigo cuando era niña? ¿Cómo me recuerdas? 

Eras despierta desde chica, bien picúa e inteligente. De bebé estábamos siempre juntas, y ya cuando cumpliste un año, no tanto. Yo estaba tratando de hacer cosas para juntar plata. Trabajé en notaría, vendiendo ollas, cuchuflíes con tu papá y un montón de cosas, entonces te cuidaba una vecina, la señora Nancy. Después ibas al jardín, entonces igual nos veíamos poco, solo en la noche y el fin de semana. Sábado y domingo hacíamos todas las cosas entre lavar, planchar, jardinear y tú estabas siempre haciendo todo eso conmigo, en verano te gustaba mucho el agua, aunque fuera en una pileta te bañabas, teníamos una piscina enana de esas de plástico y le sacaste el jugo. A veces yo me bañaba contigo.

—¿Hay algo que te hubiera gustado hacer más conmigo? 

Me hubiera gustado tener más tiempo, el fin de semana se hacía nada. Llegas y la niña está cansada, tú también estás cansada, hay muy poco tiempo. Cuando volvías del jardín estabas con tu papá y yo llegaba a las 7pm entonces él se iba a trabajar de noche. No era una dinámica tan buena, él dormía super poco en la semana, entonces el fin de semana se dedicaba a descansar, y bueno, aunque estuviera él estábamos solas. 

—¿Te ves reflejada en mí o sientes que nos parecemos en algo? 

Creo que muchas veces quiero que no cometas errores que yo cometí y que todo te salga bien, que hagas todo lo que yo no pude hacer y tengas todo lo que yo no pude tener. Creo que nos parecemos en el carácter, somos obsesivas por que las cosas salgan bien, dominantes, mandonas, también somos reticentes a entregarnos al tiro con alguien, no caemos bien al principio y no somos ni simpáticas ni risueñas de entrada.Yo creo que es porque tenemos muchas carencias afectivas. Conmigo cuando chica nunca fueron tan de piel, entonces yo repetí ese mismo modelo contigo. El papá era más cariñoso, yo fui demasiado exigente y eso no siempre fue bueno. Si algo no te salía bien yo me frustraba, si tenías que bailar quería que fueras la número uno, te hacía ganar las olimpiadas de matemáticas, de arte, lenguaje e incluso de religión. Siempre estabas bajo mucha presión. Eso lo repito hasta el día de hoy en las cosas más superficiales, no me gusta que a tu edad no te cuides, cuando uno es joven refleja la belleza de todo, yo cuando tenía tu edad era más pobre que una rata, pero andaba con las uñas impecables, mis piernas eran bonitas, porque eso es bonito, después uno pasa la etapa.

—¿Qué diferencias ves en cómo abordaste tu maternidad conmigo a cómo lo estás haciendo con mi hermano? 

Lo único que pudo haber cambiado es lo económico, la diferencias es que con el Nico puedo pasar mucho tiempo, contigo no, igual con él he sido más relajada. Todo tiene que ver con el tiempo, y lo material hace harto porque por ejemplo ahora tengo la pega aquí mismo, a tu hermano lo pude ver más. Cuando tú eras niña yo salía a trabajar muy lejos, me demoraba más de dos horas en llegar a la casa. Pasaba doce horas afuera.

—¿Y mi papá?

Es que no se podía contar con él porque trabajó de noche durante diez años, tú tenías seis cuando él dejó esa pega y entre los seis y los doce recién te pude ver más porque trabajaba en la casa, teníamos la peluquería y bueno, tu papá estaba muy enfermo con todo su tema, no se podía contar con el po’, acuérdate. Era sumamente estresante, porque trabajaba como quince horas y súper sola, estuve como siete años así, el trabajo me consumía y si te veía era solo para exigirte y exigirte más, no me daba cuenta de que te faltaban otras cosas también. 

—¿Sientes que estabas viviendo en piloto automático? 

Sí, porque la pega y la casa eran el mismo lugar, entonces era estar todo el día ahí, como un animalito que está todo el día en su jaula. Es más traumático que salir, porque una persona que sale al menos se despeja un rato en la micro, acá era levantarse y trabajar, acostarse y trabajar. Toda esa situación, sumado a la enfermedad de tu papá, nos pasó la cuenta, no sé cómo no fue más. 

En  tu adolescencia estuvimos muy poco juntas, sobre todo en ese momento que los cabros necesitan más a sus papás. Bueno, la gente que sabe que tiene papá y mamá, porque por ejemplo yo viví todos esos años muy sola y no encuentro que haya sido tan terrible. No juzgo ni a mi papá ni a mi mamá porque no estaban, es diferente a tener una mamá y un papá a quienes juzgar, tú nos los vas a sacar en cara siempre, porque estábamos ahí mismo y hay muchas cosas que no vimos, era como que estuvieras sola. 

—Y  esa etapa de mi adolescencia en que mi papá estaba enfermo ¿cómo la manejaste? 

Tu papá estaba enfermo, tú eras adolescente y yo me dejé un hijo, uno de repente se hace la loca en cosas que le están afectando para que sea más cómoda la vida po’, pero al final hacer algo más cómodo para uno daña a otras personas y no te das cuenta nomás. Yo quería tapar el sol con un dedo, todos se daban cuenta de lo que pasaba, menos yo, porque era cómodo, porque igual de cierto modo su enfermedad no se traducía en un maltrato físico por ejemplo, era más en la forma de vida, en un no apoyar, no ayudar, no estar, ese era el daño. Había un desgaste emocional para las dos, yo lo trataba de tapar con el dedo y tú tenías otros escapes, hacías la cimarra, llegabas tarde a clases, le contestabas feo a los profesores. En realidad podrías haber hecho cosas mucho más terribles, eso fue mínimo. Lo peor de todo fue que vivías en función de su enfermedad, revisabas sus cosas, lo perseguías, ese fue el costo para ti, tener esas preocupaciones tan chica.

—¿Qué piensas de mi forma de ver la vida? 

Te encuentro idealista, porque uno aprende a vivir la vida como es. Yo tuve que empezar a vivir la vida con mucha realidad desde muy niña, no podía idealizar nada, no tenía parámetros para eso. Fue todo muy distinto y por lo mismo te encuentro idealista. Eres una persona muy madura, pero por todo lo que te pasó, tuviste que madurar más rápido. 

—Cuando me fui de la casa ¿cuál era tu miedo más grande? 

No sé si tenía miedo, yo creo que más que nada era angustia por separarme de ti, nunca pensé que iba a ser malo para ti o que no te la pudieras, pero lo más penca era darme cuenta que ya no ibas a volver nomás ¿cachai? Tú hace rato querías irte y todo se gatilló por esa pelea horrible que tuviste con tu papá y bueno, tu tema era estar sola. Para mí al principio fue terrible, no es fácil separarte de un hijo, pero todo pasa por algo. A mí me hubiese encantado tener esas posibilidades a tu edad, te fuiste sola, no por un pololo o un embarazo, y eso es bueno. Por mí ojalá aún viviéramos todos juntos y que te hubieras ido cuando terminaras la universidad.

—¿En qué momento crees que te encuentras hoy? 

Yo creo que laboralmente me siento realizada, como persona creo que también y como madre creo que me falta, tu hermano es tan chico, me tengo que preocupar mucho de todas sus cosas. Creo que como no estaba realizada antes en lo laboral, cuando tú eras chica, quise ser mamá antes de tener un oficio, entonces cuando te tuve solo trabajaba, si hubiera sido al revés hubiese planificado un poco más la maternidad. Con el Nico como que no me quedaban más años para tener hijos, pensé “chuta la Coni está tan grande, yo me voy a quedar sola”. Me sentía muy sola y por eso me dejé a tu hermano, no sé si hubiese afrontado tu partida si no estuviera él, porque igual tuve que seguir con una rutina con sus necesidades, porque sino, no me hubiese levantado en dos meses. Tu papá no hace tanto tiempo que está sano y me daba miedo quedarme sola con ellos. 

—¿Cuál es tu anécdota favorita conmigo?

De tu infancia siempre me acuerdo de cuando de cuando andabas buscando un microondas en una especie de ruca de piedra, estábamos de vacaciones en un riachuelo y tu querías calentar tu leche en el microondas, desde chica te calentabas la leche sola, entonces te gustaba la leche de microondas nomás. Nada de calentarla en la olla a baño maría.  Ese día delante de todos preguntaste y ¿dónde está el microondas? Estábamos en una especie de refugio que tenía una cama y puros sapos, por el río. Todos se reían mucho porque no había nada, un fogón con suerte y tú nos mirabas desconcertada, tenías como seis años y no podías entender cómo no había un microondas. 

Dos horas después de finalizar la entrevista, cuando yo estaba acostada, ya en mi departamento y con el corazón un poco apretado, me llegó un Whatsapp: 

Mamá: no fue bueno proyectarme tanto en ti, siempre quise lo mejor, pero no fue la manera adecuada. Te amo y estoy muy orgullosa de todo lo que has logrado.

Las cosas más tiernas sólo las dice por WhatsApp.