Now Reading
Busquemos preguntas, no certezas

Busquemos preguntas, no certezas

*Por Fernanda Mansilla Vargas

El camino al plebiscito de octubre abre muchas dudas sobre cómo se abordarán las distintas miradas de este Chile que queremos construir. Anhelamos nuevas formas de relacionarnos entre todes, acumulamos emociones contradictorias y también dolores. Algunos que se arrastran por años, otros recientes.

La violencia vivida en la Araucanía abre heridas que Chile ha intentado ocultar. Los pueblos originarios no han logrado justicia en el Estado chileno, los procesos históricos han buscado de una u otra manera adoctrinarlos en un país que los discrimina, criminaliza y aparta. Esto último, en el sentido de que los excluye en vez de permitir un desarrollo integrado. Conversar sobre esto, no solamente es hacer una apología a nuestros pueblos originarios y dignificarlos, sino que también es comenzar a reconocer la deuda y hacer justicia por tantos años en que el Estado ha buscado acallar su lucha, censurarla y que permite que operen solo dentro de su lógica en un esfuerzo por extinguir su cultura y cosmovisión. 

Ahora está la posibilidad de elaborar un nuevo capítulo como sociedad, por medio de una Nueva Constitución. Suena como un gran comienzo, pero sabemos que no es el único cambio que necesitamos realizar.

La discusión para una Nueva Constitución no dio por sentado los escaños para los pueblos originarios, fue algo que nuevamente había que conseguir y que no sería fácil.  Fue así, que en diciembre del 2019 la comisión de la constitución del Congreso aprueba escaños para pueblos originarios y aprueba el proyecto de paridad. Esta discusión y las opiniones vertidas reflejan un país que no reconoce y valora las diversidades, sin memoria viva, sin historia y que esconde bajo la alfombra cada cierto tiempo los dolores de una sociedad segregada. Se esconden las muertes, la discriminación, su machismo, las coimas y la corrupción.

Pero ya no son tiempos para continuar con esta mala costumbre del borrón y cuenta nueva, son los tiempos de generar aprendizajes y des-aprendizajes que permitirán la construcción de un Chile que comprende su diversidad.

Si me sigues hasta acá, acompañame a soñar con un cambio que la Nueva Constitución debería considerar. Me refiero al reconocimiento de la autodeterminación de los pueblos originarios y que avancemos a concebirnos como un Estado Plurinacional ¿será posible? Esto permitiría la construcción desde nuestra diversidad, porque un momento constitucional permite organizar los grupos humanos y su territorio. Un estado plurinacional viene a cambiar la manera en cómo se concibe la nacionalidad que hoy homogeniza a todas las culturas prexistentes en el territorio.

La urgencia de abordar este debate se vuelve evidente con el conflicto que una vez más hoy se sufre en La Araucanía y en regiones aledañas, y especialmente ahora pensando en el Machi Celestino Córdova.  Y con ello poner fin a esta historia de violencia, intolerancia y fascismo. Como se conoce, este malestar no viene desde el estallido social sino que desde mucho antes, con comunidades manifestando continuamente que el sistema fracasó, que este sistema amparado por la Constitución de 1980 nos enfermó.

Esta constitución no es nuestra, es decir, tiene un alto contenido ideológico que no nos representa y esto se ha evidenciado con tantos proyectos de ley que han sido presentados y rechazados por ser considerados inconstitucionales, como por ejemplo, la rebaja a la jornada laboral, el intento de anular la ley de pesca, la declaración de interés nacional del litio y el aborto libre, entre otros. Todavía nada está asegurado, solo la confianza en que el pueblo pueda construir sus normas básicas y que aprendamos a cohabitar de manera distinta, no solo como individuos sino con las diferentes cosmovisiones, diversidades y con nuestro entorno en general. 

Este modelo nos enseñó por tantos años a creer que el mundo era de una manera y nada podía cambiar, que cada experiencia era individual, que no habían dolores colectivos, que cada uno se tenía que salvar por sí misme, que teníamos que desconfiar del otre y tanto otro aprendizaje neoliberal. La pregunta que quiero que me siga acompañando es, ¿cómo construir colectivamente un modelo distinto?

Sé que hay experiencias que deben ser integradas y no hablo de mirar a otros países, sino que en nuestro país donde ya hay nuevas formas de convivir y cohabitar la tierra. De la cosmovisión de nuestros pueblos originarios, tenemos mucho que aprender. Mi invitación por ahora no es más que a dejar que esta y otras preguntas te acompañen, me acompañen día a día.