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No podemos ser todas =Iguales

No podemos ser todas =Iguales

Sos dueño y yo soy inquilino
A vos te sobra la plata y yo vivo al filo
Tomaste un Valium, yo tomé un tilo

Compraste importado y yo prefiero argentino.

Tan Distintos – Miss Bolivia
(Miau, 2014)

Para el 24 de Septiembre del 2016 me invitaron a cantar en la marcha del orgullo organizada por el Frente de la Diversidad Sexual, y yo estaba contentísima porque siempre he sido travesti de Orgullo más que un truco de noche de brujas. Me había contactado alguien del MUMS, donde yo hice mi práctica de antropología un par de años atrás y les di el sí enseguida, me encanta cantar en las marchas porque es mi ambiente. Soy de arenga y de griterío, de escándalo y de tomarse las calles en todo su ancho para salir a exigir libertad.

Era la primera vez que iba a salir con maquillaje completo a la luz del día y es un desafío adicional, porque con la luz del sol todo lo que uno pintó en la cara se ve más nítido. Un par de días antes había ensayado lo que iba a pintarme y esa mañana terminé de hacerme unos cuernos de ramitas humildes de ligustrina cubiertas en escarcha negra, que me amarré a la cabeza con un pañuelo. Llevaba los ojos con sombra turquesa y los labios de morado pálido, me puse pestañas postizas arriba y debajo de los párpados y me dibujé una nariz negra con escarcha porque iba como si fuera un venado, con cornamenta y todo, cargando mi guitarra y lleno a más no poder de un brillo dorado con el que cubrí todo mi cuerpo.

Hacía un calor horrible y a pleno sol relucía todo mi cuerpo en dorado y venado. Salí con unos pantalones cortísimos a los que el día anterior les había puesto brillos en el borde y una camisa vieja de cuadrillé celeste que según yo combina con todo y me fui con cuidado de no golpearme en ninguna parte con la cornamenta, esperé la micro un montón de rato reluciendo en el paradero con mi guitarra en la espalda, se demora en pasar el Transantiago. Es la única trans que me pone de mal humor.

Cuando llegué al centro empecé a buscar por todos lados a la gente de la organización, para avisar que había llegado al escenario, montado cerca de Los Héroes. En ese mismo momento yo encontré que algo raro pasaba, porque me dijeron que no estaba en el programa pero que me iban a agregar. Ofendida total, porque había confirmado con toda la anticipación que podía, pero me quedé tranquilo porque me dijeron que iban a acomodarme por ahí, y como una se luce aunque esté por ahí, no me importó.

Mientras la cosa avanzaba yo iba recorriendo toda la marcha, varias transformistas con las que me crucé me chasquearon los dedos y eso siempre es buena señal, algunas personas me pidieron permiso para tomarme fotos y yo me dejaba, dócil huemul domesticado por las anchas alamedas que se abrían a las colas y las tortilleras que marcaban el paso tanto de la marcha como de La Otra Marcha, que agrupaba a las disidencias y los grupos más cochinos, colectivos y agrupaciones más ultronas, porque en el tema del género también habemos terroristas, y yo andaba tan ultrona que ni siquiera fui de humana como lo hacen siempre las transformistas.

A medida que avanzaba la tarde vi cómo subían, una a una, bandas rockeras de gente evidentemente heterosexual, a cantar canciones sobre asuntos heterosexuales, a un escenario en el que la animación estaba a cargo del organizador de Mister Gay Chile, como si fuera necesario que hubiese una competencia de belleza masculina homosexual, como si la belleza fuera una competencia… Entretanto, y buscando la sombra para sobrevivir, me encontré con Luis Larraín, el presidente de =Iguales y lo fui a saludar, estaba evidentemente chato de todo, ser el rostro visible de una red completa de organizaciones y organizar una marcha debe ser agotador, me contó que se había doblado un pie y estaba adolorido, me alejé diciéndole que tuviera más cuidado cuando se le quedara la patita atrás, no sé si lo habrá encontrado tan gracioso pero fue muy amable. Me fui pensando en que no nos parecíamos en nada, yo marchando embadurnado entero con maquillaje y él ni se había delineado. Yo pensando en la libertad para las travestis y él presidiendo una organización que pidió en varias ocasiones que le sacaran el “Sexual” a las Marchas por la Diversidad Sexual. No somos iguales me pareció a mí, la gracia es justamente que seamos todos y todas (todxs y todes) diferentes.

Después de que me dijeran varias veces que seguía yo en el escenario, o que iba tres puestos después de los que estaban tocando, me presentaron. Ya se había ido el sol y las luces del escenario estaban fuertes, mientras esperaba que conectaran y me pasaran mi guitarra empecé a comentar unas palabritas con el público, les decía que encontraba raro que no hubiese una transformista animando como tradicionalmente ocurre, les decía que saliéramos todos y todas a la calle todas las veces que la calle nos llamara.

En eso, como si no fuera yo la única transformista haciendo espectáculo en ese escenario, me llaman y me dicen que no voy ahora, sino que va una banda aburridísima que habían contactado desde el INJUV (Quienes asumieron la producción artística junto con =Iguales, según supe luego), y yo quedé pasmada, me di vuelta, tomé el micrófono y denuncié ahí mismo que me querían bajar del escenario, que no me iba a volver a subir porque era una insolencia que me presentaran y después me hicieran salir. Les grité que menos pacos, más travestis, exigí mi guitarra de vuelta y me fui, mascando rabia, enojado porque yo les llevé gratis el espectáculo maravilloso de mi voz y mi maquillaje y me bajaron después de haberme presentado, para que cantara gente que no tenía idea siquiera por qué estaban tocando ahí, gente que no entiende que si yo me voy muy tarde así de maquillada puede que no llegue a mi casa porque algún homofóbico me podría agredir sólo por estar pintada y por ir pasando. Gente que nunca ha tenido ese miedo. Abajo me esperaba la Andrea y la Nani, porque las colas sin nuestras amigas no somos nada. Guardamos las cosas y nos fuimos.

Mientras me iba en la micro de vuelta, pensaba en todas las personas que me habían tomado fotos mientras marchaba, en las compañeras travestis que habían sacado sus mejores looks para la luz radiante del sol y que anduvieron con taco alto y plataformas por horas mientras la marcha avanzaba, pensé en que las marchas desde siempre han sido una fuerza colectiva más que otra cosa, aunque alguna organización les intente sacar partido, a pesar de las banderas de partidos políticos que siempre aparecen y a pesar de que la cobertura de la prensa sea homofóbica, lesbofóbica, transfóbica y todos esos vicios que tienen los medios de derecha de este país.

Pensé también en las colas absurdas que llaman a que las marchas no se conviertan en un carnaval y que las locas no anden siendo tan fuertes en público, como si no fuera homofobia internalizada lo que les impulsa a juzgar a sus propios compañeros y compañeras de lucha, por la forma en la que se visten o se expresan en público.

Confirmé ahí en que no me parezco en nada a Luis Larraín, en que no somos iguales, que con suerte nos parecemos. Y esto no es un ataque personal a Luis sino a su clase, que carga sin pensar en que es esa una de las cosas que impide que seamos todas iguales. La misma clase que un tiempo después sacó a relucir cuando en una reunión cerrada de organizaciones pidió que se revisaran los antecedentes penales de las integrantes de Traves Chile antes de aceptarlas como parte del Frente de la Diversidad Sexual, como si el paso por la cárcel de Silvia Parada eliminara todos sus derechos a tener una identidad civil que se corresponda con la identidad que ella siente propia.

Y me dolió que me bajaran no porque yo sea la gran hueá o porque ofrezca un espectáculo maravilloso (que sí ofrezco), sino por la genérica disculpa por mail que la Fundación =Iguales me mandó un par de días después, donde lamentaban haberme hecho pasar un mal rato pero no se cuestionaban que el escenario estuviera lleno de bandas que no tenían nada que ver con el contexto de la marcha. Me dolió que tampoco se cuestionaran la ausencia de travestis y transformistas, que somos actrices fundamentales de esta obra de teatro que se llama marcha: nosotras traemos belleza y rebeldía a la forma de comprender el género, pero ellos siguen dejando locutear en un acto al organizador de Mister Gay Chile, para seguir perpetuando la imagen del maricón masculino que se la come atravesá pero tiene calugas, o que es 100% activo y le dedica mucha energía a sus músculos. Porque no entienden que la libertad es dejar de tener miedo de vivir como una quiere, y no entienden que las personas tengan necesidades, porque son de otra clase y no se dan cuenta que su discurso carga esa clase.

Por eso no nos entienden, porque nuestro idioma es marginal y por eso no les importa que esté mi voz en su escenario, aún después de haberme presentado.

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