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Tangerine: acerca del cine de Sean Baker

Tangerine: acerca del cine de Sean Baker

Son casi 15 años los que han pasado desde la fecha de estreno de Kill Bill Vol 1, la joya de la corona de la filmografía de Tarantino. Me hubiese gustado entender en ese momento todas las cosas que entiendo ahora, pero la vida te va ordenando y también te va quitando lo que crees es, por derecho, tuyo. Ante eso, la pérdida de un todo, solo queda levantarse y seguir. No victimizarse y no llorar, en un mundo que sigue siendo injusto para las mujeres, es algo muy difícil. Pero hay algo noble en no dar el gusto de dejarse vencer, y en aferrarse a todo lo que nos mantiene a flote. Kill Bill Vol 1 es una pieza de arte que se inscribe en el mainstream, pero que fuga hacia otro lado. La construcción del personaje central The Bride, Uma Thurman, es la edificación de una madre. Tarantino, que se sigue pensando a sí mismo como la audiencia, no recurre a intrincadas excusas para justificar el uso de la violencia en manos de Thurman. Y aunque en sus entrevistas se niega a justificar el uso de la violencia en el cine, Tarantino logra dotar a toda esa violencia de subtexto. Así es como la construcción de Thurman en Kill Bill avanza a medida que avanza el bloodbath. Y la sangre está siempre presente porque esa sangre, es la sangre del parto; y ese es el subtexto.

Las comparaciones son todas injustas y esta seguramente sea una. Comparar una película del presupuesto de Kill Bill Vol 1 frente a Tangerine es desproporcionado. Pero algo no compra el dinero y es la sensibilidad. Sean Baker se inscribe en la misma tradición en la que se inscribió Tarantino 20 años atrás: joven director independiente con una película de bajo presupuesto, que hará la delicias de los críticos y será el run run de los festivales. Baker llega con todo el cronograma mucho más aceitado. Joven director de cine, que pasa por Sundance para mostrar que si con 10.000 dolares hace esto, con 10 millones y un buen guionista que direccione bien su historia, podrá hacer mucho más. El cine independiente americano es, como la música indie, la puerta de entrada del mainstream. Y aunque Baker afirme no ser un director comercial, ni estar interesado en nada de eso, sus acciones lo contradicen. Sus quejas al no encontrarse nominado en ninguna categoría del Oscar, de la mano de su reciente trabajo para la marca KENZO, delatan al menos un mínimo interés en formar parte del status quo. O de ser al menos reconocido.

La historia que relata Baker es la de dos prostitutas trans (m2f) en una parte triste y desolada de L.A. Sin-Dee acaba de salir de la cárcel y se entera por medio de Alexandra que su pimp la estuvo engañando con una otra. La humillación que siente Sin-Dee al verse reemplazada por una mujer (Fish) la lleva a querer literalmente darle una paliza. Así eso es lo que sucede durante una hora de película. Nada más.

Alrededor de eso la crítica construye una comedia fresca, divertida, hilarante, atrevida, refrescante, adjetivos calificativos que parecen salir de un comercial de 7up o un PNT de Vagisil. Ninguno se detiene a reflexionar sobre el uso de la violencia de Baker sobre las mujeres, o incluso sus preconceptos sobre la comunidad trans o la armenia. La etiqueta de comedia la mantiene a salvo de cualquier tipo de reflexión que si demanda el drama o el documental. Entonces nos podemos reir de un cine que coquetea con la misoginia y que se vende como inclusivo, cuando no hace más que encorsetar a la comunidad trans en el círculo de prostitución- droga-cárcel-paliza.

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La pereza de Baker va de la mano de la crítica. Es tan firme su discurso en las entrevistas acerca de dar a conocer la comunidad trans, que uno bien puede preguntarse porque no se esforzó un poco más en dar a conocer esa comunidad en su film. Su falta de interés es tan grande, que para explicar por qué el mundo es tan difícil para las protagonistas, resume todo diciendo que sencillamente lo es porque si. Deduzco entonces que la comunidad trans, al menos la de L.A., recurre a la prostitución y al consumo de metanfetaminas, porque si. Que entre dos tienen dinero para una sola donna porque si y, porque no es grave, es gracioso. Que tira la goma en un auto porque si, porque esta bueno. Claro… es que el mundo es así. Y seguramente Baker no especula con que la cuestión trans está de moda. Seguro que hizo Tangerine porque si.

Si Baker decide, por convicción narrativa, filmar violencia contra la mujer por mi esta bien. No sólo eso: aliento a que eso suceda. Tarantino ha matado decenas de mujeres en sus películas. Lo hizo en Kill Bill, lo hizo en Deathproof.  También lo hicieron Wes Craven y Carpenter. En el cine de Tarantino hemos visto a mujeres ser violadas, mutiladas, torturadas, asesinadas de las maneras más diversas. Craven las condeno a psicópatas y Carpenter las encerró en un manicomio. Esto para aclarar que no me molesta que Baker revolee una mujer de acá para allá o que la denominación del ser femenino sea pescado. Lo único que molesta en el cine de Baker es que no tiene un apoyo narrativo que sostenga eso. No hay subtexto, no hay complejidad, no hay mensaje.

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Lo que Baker saca de las mujeres es la práctica de la prostitución y la sumisión de parte de las esposas. Ser prostituta en LA es normal, sobretodo si sos como Dinah, una chica que quiere cantar y seguramente llegó a la ciudad para triunfar de la mano de un talento que seguro no tiene. Circula también por ahí la esposa del taxista armenio, el que carga la historia paralela que nunca funciona, que sabe de la debilidad de su marido por las prostitutas trans pero hay que ser flexible en el matrimonio, hay que saber perdonar y aguantar. Seguramente porque el mundo de las mujeres heterosexuales también es así.

La relativización de todos los asuntos en Tangerine no son más que parte del retroceso que sufre el cine. Frente a determinados avances siempre hay fuertes retrocesos y eso incluye tanto arte como cultura. A notables avances como Kill Bill (o incluso MILK) le corresponden notables retrocesos como Tangerine. Los deseos de visibilidad de Baker pueden ser genuinos  y su discurso puede ser correcto para enarbolarse en la bandera de la inclusión, qué desgastada está esa palabra y que poco significa dicha así sola, pero en los papeles no pasa nada.

Como siempre, la clase social y su movilidad se antepone a cualquier discurso de género. Baker no tiene nada que decir acerca de la precarización o los roles asignados para determinadas personas; desde ya, eso no es casual. El discurso de Baker se agota en la tan mentada visibilidad, pero más lejos no quiere ir, quizás tampoco puede. Porque ir más lejos significaria alejarse de su tan reclamada nominación al Oscar y también ir más lejos significaría abrazar esa violencia y empapar los lentes de su cámara. O en su caso de su teléfono.

Cabe una mención para Mya Taylor (Alexandra) que tiene algo especial que la diferencia y desenmarca del resto. Sea ángel o carisma o incluso su propia sensibilidad su propia persona, su trabajo dentro de Tangerine es notable, como una anomalía que se resiste a los lugares comunes a donde es empujada. Merece más.

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Tangerine de Sean Baker

 

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  • Me encantó la crítica, pero en mi caso me siento bastante ofendida ante la glorificación de la violencia trans ante las mujeres. Si, dije mujeres. Las que transitamos desde el momento que nacimos nuestro género, las que no tenemos ni tuvimos opción, las que padecemos la menstruación, los abortos espontáneos o dolorosamente necesarios, el parto y el cáncer de útero, a las que nos extirpan los ovarios… No, no somos “pescados”, somos MUJERES. Somos creadoras de vida, somos Venus, somos la terrible Cibeles, somos la Estrella que se refleja en el bravío mar. La violencia de las trans M2F es real, y se oculta bajo el viso de lo políticamente correcto.

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