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Toto

Toto

Es raro ponerse triste por la muerte de una persona con la cual nunca cruzaste palabra, y sin embargo fue parte vital de tu vida. Sé que Adrián “Toto” Nievas fue una parte muy importante en la mía.
Fui adolescente durante los días de “Miedo” y “Día de la fiebre”. Fueron épocas de ansiedad, incertidumbre, desamores, descubrimientos, descontrol, frustraciones y muchos Nicetos y Petecos con Adicta musicalizando todo eso. No conocía a los músicos, no tenía posters de ellos en mi habitación, no me vestía como ellos, no estaba obsesionado con ellos. Estaba obsesionado con sus canciones, con esa valentía de mostrarse tan vulnerable en una época nefasta donde la credibilidad se basaba en quien tenía más “calle”, más “barrio”. Y para mí era importante que sea un hombre el que cantara todo eso. Ponerse al frente y ser el blanco de toda la cultura “rockera” argentina.

Adicta no era una banda de culto, era un secreto para un par de cientos de personas. Era su vida en canciones que nadie se había animado a escribir. Eran muy pop para el rock, muy raros para el pop. Nunca encontraron su lugar, igual que la gente que llevaban.

Toto bailaba, desafiaba y se contorsionaba al ritmo de las canciones más desoladoras alguna vez hechas. Y en ese momento era la persona más hermosa del mundo. Podía bardear a su público y salirse con la suya.
Para Toto no había plan B. Adicta era todo, y ese todo un día se terminó. Tal vez el día que Adicta se terminó Adrián murió un poco. De un día para otro pareció desaparecer de la tierra; no supimos más de él. Y simplemente seguimos con nuestras vidas y nos olvidamos un poco de esos años, pero la música seguía ahí. Y la seguíamos escuchando. Nunca deje de escucharlo. Nunca me aburrí de hacerlo.

Hace unos meses decidió volver a los escenarios, estaba planeando un disco nuevo, haciendo nuevas canciones. El futuro era esperanzador. No solo para él, sino para nosotros. Siempre egoístas. Pero Toto decidió que había dado todo, que ya no tenía energía ni para él, ni para nosotros. Y nos dejó. Y lo triste es que una persona, un amigo, un hijo, un hermano, tenga que dejar su vida por creer en su arte. “Si debo arruinar mi vida/por solo tenerte acá/lo hare, lo haré”. Con esas palabras Adicta entró a la vida de muchas personas. Esas mismas palabras que, unos días después de la muerta de Adrian “Toto” Nievas, se convirtieron en declaraciones de principios. Pero así lo quiso Toto y así tendrá que ser. No solo le agradezco por tan bellas canciones, le agradezco por ayudarme a ser la persona que soy hoy.

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