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Liviandad y Delirio

Liviandad y Delirio

Zanzíbar,  la primera pieza traducida al castellano de Thibault De Montaigu, funciona con la lógica de una radio FM.  Navegando en los deseos del mainstream hay joyas, hay desastres y hay también infiltrados que nadie sabe bien como llegaron a  colarse en las radios de alto alcance. Esa lógica de convivencia profana lo sagrado y enaltece aquello que no lo es. En esa lógica  caótica y  caprichosa, se manejn tráficos de influencias, se compran minutos y segundos de exposición de radio, se dan apuestas de mercado que a veces no están en sintonía con al realidad, etc.  La radio FM es una concepción liviana de un negocio absolutamente delirante y caro como el de la música. Y algo de ese espíritu se convoca en las criaturas creadas por #TDM en Zanzíbar. Navegan en las aguas del delirio con total liviandad. Trafican influencias, sabotean el mercado desde adentro, atentan contra el capital.

Hay mucha información condensada en las 190 páginas de esta novela y por momentos parece que la historia esta demasiado enconsertada y se pelea con la brevedad. Eso no sifgnifica que las cosas aquí narradas estan construidas a medias o con la misma animosidad chanta que mueve a la pareja Klein y Vasconcelos – protagonistas de la novela y también de una de las agonías del siglo: la agonía de la palabra escrita – a convertirse en estafadores full time.  Pero a veces a ciertas apuestas literarias les hace falta aire y el compromiso de seguir escribiendo. Tiendo a pensar, o a imaginar si se quiere, que gran parte de la literatura se adapto a la rapidez y al poco tiempo que dice la gente tener. La novela hace pivot entre las grandes exageranciones – Franzenn, David  Foster Wallace, Bolaño, Pynchon, Joyce Carol Oates – y la brevedad. Lo segundo cierra cuando la historía es minimalista (Kitchen de Banan Yoshimoto sirve como ejemplo) pero se vuelve en contra en casos como los de Zanzíbar en donde es necesaria la apertura de cada párrafo y la convicción de que escribir mucho (sobretodo cuando vale la pena) esta bien. Zanzíbar es uno de esos extraños casos, como tal fascinante,  en donde no sobra: falta.

#TDM se sirve del mapa destrozado de la literatura actual y va tomando de los restos de la batalla lo mejor y lo peor. Mezcla géneros, los tira a la licuadora, imprime el ritmo de la huída de sus personajes y hace algo tan inteligente como gracioso: cuenta muchas cosas que en realidad no significan absolutamente nada ejerciemndo el periodismo mejor que el periodismo actual. La historia es simple, dos periodistas sin trabajo deciden seguir siendo periodistas por otros medios y tejen un entramado de mentiras  para poder vivir sin pagar absolutamente por nada. Lo que en Zanzibar parece ser un hedonismo superficial es en el mapa actual una realidad que no deja mucho a la duda: el mayor corte de empleo en los últimos años se hizo en el rubro periodístico.

 

tbm

La base de Zanzíbar en el patchwork de géneros es la novela de aventura.  Klein y Vaconcelos engañan al sistema capitalista y en el medio de las estafas a numerosos hoteles y resorts hacen juscia por todos aquellos que no pueden ni soñar con viajar. En la página 69 #TDM deja en claro por medio de su narrador que “Algunos estimarán que a esta obra le falta rigor” frase que funciona a modo de advertencia tanto al lector como al crítico. Siendo mi lugar el primero, sencillamente me siento a leer, puedo contestar que si que no cabe duda a esta obra le falta rigor. Pero también debo decir que me he divertido mucho, que realmente no creo que sea inteligente pedirle mucho más, que funciona como las mejores radios de fm (Aspen que duda cabe) y que su ligerza, liviandad y homenaje a cierto hedonismo ya casi olvidado me han servido más en estos días en donde la SUBE me daba negativo que cualquier otra pieza literaria que podría haber abordado. En ese sentido funciona y me convence de cosas que pueden ser más importantes que la novela en si. El sistema capitalista esta acabado, construimos sobre las ruinas, solo nos quedan los sentimientos, mañana es mejor.

Hay una certeza que rodea la novela y es la sombra de Bolaño. La influencia primero aparece como una sospecha, para luego confirmarse, para terminar siendo casi una declaración de amor al autor chileno. No me parece que este bien, tampoco me parece que este mal, las cosas no se dirimen bajo esa contienda. Si encuentro llamativo el cruce, pero no debería producir asombro de parte de un lector de Bolaño. Últimamente algunos escritores argentinos se la tomaron contra el chileno y también contra Cesar Aira. El primero aparentemente esta sobrevalorado y el segundo es un genio-idiota o algo similar, no se sabe bien. Lo que sea el ataque a amabos autores, los únicos realmente relevantes de las últimas décadas en la literatura en español, van de la mano de un ataque a una literatua vital, una literatura que dan ganas de salir a vivir la vida, de ver el mundo, de explorar posibilidades, de ser menos cobarde, de ser más la persona que uno busca ser. Una literatura construida en el desborde, ya sea en número de páginas escritas o cantidad de libros publicados.

En ese sentido, en el amor por la vida que desafía lo inexorable de la muerte, #TDM respira una literatura a favor de la vida. Provoca curiosidad, risa, ganas de recorres los lugaes en donde Klein y Vasconcelos llevarona  cabo su orba de arte. La obra de arte entendida como la vida misma, el yo como obra artística. Dan ganas de hacer lo mismo, de probar si se puede engañar a tal o cual hotel y salirse un poco, irse, escapar y no medir las consecuencias de la fuga.  Todo eso funciona. Resta una sola cosa. Excederse también cuando se esta frenet a la hoja en blanco y desafiarse a escribir más. Ser riguroso en el caos, ser generoso con el lector, brindarse.

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Zanzíbar – Thibault De Montaigu

mardulce editora

 

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