“Nunca más solas”: De la lira popular a La Chinganera y Lolo Góngora


La ilustradora Lolo Góngora y la folclorista, letrista y payadora, La Chinganera, se unieron para crear “Nunca más solas”, un libro de arte y poesía publicado hace algunas semanas a través de editorial Pehuén. En él, presentan diez historias de mujeres marcadas por la violencia machista de diferentes formas. 


Nos juntamos en una videollamada con Lolo Góngora y La Chinganera. Y lo primero que les pregunto es si creen que un libro como este podría haber sido editado antes. La folclorista cree que no. “Siento que hay más conciencia con temas como la violencia hacia las mujeres. Hace cinco años atrás creo que hubiese sido más raro publicar el libro, la sociedad seguía mirando para otra parte, ignorando estos temas y ahora son parte de la mesa”, dice. 

Lolo cuenta que “fueron lindas coincidencias de vida” las que las llevaron a crear juntas esta publicación. “No fue tan pensado, sino que se dieron las cosas para que con la Chinga nos conociéramos, cultiváramos una amistad y a partir de ella saliera la idea de hacer este libro. Nos conocimos por medio de la Mon Laferte. Yo ilustré unas décimas de la Chinganera que dijo la Mon cuando ganó el Grammy. Eso lo vio la Chinga y entramos en contacto. Ahí nos hicimos amigas, un día ella me llamó y me dijo: soñé con que nosotras dos hacíamos un libro. Y yo prendí como pasto seco. En conjunto nos fuimos nutriendo y haciendo el libro entre las dos”, explica. 

El tiempo muchas veces permite mirar con distancia sucesos dolorosos, pero cuando hablamos de violencia sistemática, la urgencia es prioridad. En este libro las historias son recientes -hechos que sucedieron entre el 2016 y 2020-, ¿cómo es crear arte desde un dolor que sigue tan vivo? 

“Justamente, hay artistas que se han unido a lo largo de la historia porque el trabajo que hacen es contingente”, dice La Chinganera. “Yo siento folclorista, he podido analizar cómo los medios y la escuela miran el folclor, como si fuera una tradición antigua, estática, que la gente intenta reactivar a través de la danza en las escuelas, como si fuera algo rígido que se quedó en el tiempo, como un cuadro. Y resulta que el arte folclórico es justamente lo contrario a eso. El folclor es una tradición popular que está en constante movimiento, que está vigente y que habla sobre lo que está pasando en nuestro territorio”.

“Por ejemplo, hay muchos y muchas cantoras mapuches, hay expresión musical y bandas de rock mapuche que están hablando de su zona, de sus problemas y en las escuelas y en los medios no se difunde ese trabajo. Lo que se difunde solo es algo estático, una descripción limitada de un pueblo y nada más. Hay una ignorancia tremenda sobre este tipo de arte”.

“El arte que nosotras hacemos con Lolo que, si bien es muy distinto porque son lenguajes diferentes, tienen cosas en común: hablamos de expresiones populares,  de problemas sociales, en este caso, relacionados con las mujeres y el trato que se nos da en todos los sentidos. Y cuando yo conocí el trabajo de Lolo fue lo que me llamó la atención, cómo ella haciendo un arte pop, moderno, tenía guiños a la tradición, como por ejemplo, convertir a estas mujeres en animitas o vírgenes. Eso está vinculado con el folclor y la religiosidad popular. A mí me enamoró su forma”, dice.

Y añade que “sobre los dolores presentes, es que esas son las cosas que nos pasan. Sería muy raro escribir o dibujar solo de cosas que pasaron hace quinientos años. Somos artistas conscientes de nuestra realidad”. 

Sobre la selección de las historias, la música dice que también hubo ahí una “reacción súper folclórica, porque lo que hacemos las y los poetas populares es hacer décimas de las cosas que están pasando. Eso es una tradición, en el siglo antepasado, las liras populares eran eso. Lo que hace la Lolo también es así, pasa algo y ella levanta una ilustración. Y claro, el tratamiento que le damos nosotras como artistas es diferente al de la prensa, que está más ligado con la crónica”. 

Lolo coincide y explica que fue algo muy visceral. “Son, lamentablemente, un montón de casos, entonces dejar a la mayoría afuera, es una decisión muy difícil de tomar. Dentro de esa complejidad buscamos historias distintas, que representaran diferentes tipos de violencia patriarcal. Está el suicidio femicida de Antonia Barra, la violencia de Estado que sufrió Fabiola Campillay, también lo que ocurrió a Lorenza Cayuhan, que fue obligada a parir engrillada. También está el femicidio parricidio horroroso de Ámbar, que nos costó mucho y el caso de Norma Vásquez, una carabinera que fue abandonada por su institución. Queríamos mostrar la diversidad de violencia que sufren las mujeres”. 

La Chinganera repite durante esta entrevista varias veces que el proceso de creación fue súper doloroso. “Nos repartimos las emociones con la Lolo sin decirlo, de manera tácita, yo creo. Fue doloroso porque elegimos desde la guata estas historias diferentes, que a su vez, representan a miles de mujeres más. En este país hay muchas Antonias Barra, muchas Macarenas Valdés, si hablamos de femicidios empresariales. Es muy difícil traducir ese dolor frente a la injusticia a la poesía. Es más fácil escribir la crónica, decir esto es lo que pasó. Textual. Pero eso no sana nada, eso no aporta al arte. Creo que lo mismo le pasa a la Lolo. Esa obra debe tener algo de rito sanador, de rito colectivo, no solo el dibujo lo representa, sino que quien lea la décima, quien vea el dibujo, sienta que hay algo de rito comunitario para estas víctimas”. 

“Yo estuve estudiando mucho para poder escribir y amanecía llorando, pensaba que no iba a poder escribir esto. Cuando terminaba cada historia me sentía vacía de nuevo. Me recomponía un par de días y seguía. Y justo Lolo mandaba la ilustración y era perfecto. Creo que fue doloroso y bello”, recalca. 

Lolo cree que “Nunca más solas” es un libro amable y que conmueve. “Es como la lira popular, tienes la décima y la imagen al lado. Si hay algo de la décima que no alcanzas a entender te puedes apoyar en imágenes y evidentemente, nosotras escribimos para mujeres. Al final del libro pusimos los números donde las mujeres puedan denunciar en el caso de vivir violencia machista”. 

La Chinganera coincide y, además, dice que “es súper importante que los hombres lean este libro. Hace un tiempo me pasó una cosa muy bonita. Fui a cantar a un programa de televisión la canción de Vivir Quintana y mi mamá me mandó un mensaje muy bonito: me dijo ‘tu papá está en shock, lleva dos días encerrado, me habla muy poco, me observa, está muy analítico. Eso fue después de la canción que tú cantaste en la tele, está muy preocupado por cómo me trata’. Y él no es un maltratador, pero es un hombre antiguo de setenta años, un hombre de campo, con conductas machistas normalizadas por su cultura. Y entonces yo pensaba, bueno, a ese público es el que hay que conquistar, porque las mujeres ya despertamos. Y las chicas vienen despiertas, qué decir”. 

“Nosotras estamos en el proceso de aprender, entender, sacar definitivamente la venda del machismo que nos pusieron cuando nacimos y las mayores también. Es hermoso ver cómo con la performance de Lastesis, abuelas de setenta, ochenta años, salían a la calle. No sé si hay alguien que no se conmueva con eso, pero también creo que los hombres tienen que leer este tipo de libros, porque esto también es una enseñanza, una escuela, es un zamorreo necesario”, concluye.


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