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Querer asustar – Las Dos Ciudades de Paz Soldán

Querer asustar – Las Dos Ciudades de Paz Soldán

Edmundo Paz Soldán tiene una larga trayectoria, que admito desconocía, que abarca casi todos los géneros narrativos. En el caso de lo editado por Metalúcida lo que encontramos son micro relatos y relatos breves bajo el nombre “Las Dos Ciudades”. Haciendo un mapa de las influencias de Paz Soldán podemos encontras la mirada desesperanzadora de Bolaño sobre America Latina, ese idea de que no hay manera de salir del infierno y solo queda sentarse a esperar que nos consuma, la sordidez de Bellatín, esos rasgos tan característicos en donde la crueldad es puesta en primer plano sin ningún tipo de filtro, y quizás un poco más lejos ciertos ecos de “El Desbarrancadero” de Vallejos y un uso de la economía similar al de Carver (a quién no logra igualar, de todos modos ¿quién puede?).

Son muchas otras voces las que resuenan en los textos de Paz Soldán, mientras escribo me doy cuenta que no mencione entre esas voces a la de Rey Rosa, pero de todas maneras se impone la suya propia. A veces, como en la música, las influencias o similitudes no restan. suman. Un autor puede contestar como contesta un músico “Nunca escuche esa banda que mencionas” y decir “Desconozco esos autores” pero como dice Dylan, que es ambas cosas, la respuesta suele estar en el aire. Y uno a veces es lo que respira.

Los relatos de Paz Soldán se mueven en esas aguas que son las aguas de un pantano. No parece haber lugar para los débiles, ni tampoco ecos de esperanza alguna, menos que menos compasión o piedad. Emparentado con cierto gore a veces se hace difícil digerir tanto de lo mismo. Tanta crueldad, que es cierta y peor en la vida cotidiana en este mundo, esta bien como recurso pero no puede ser un todo. Mientras que algunos relatos explotan de lucidez como “Anaheim, California” una postal tan breve como mordaz de los efectos del capitalismo y del querer pertenecer a como de lugar, otros rozan el mal gusto como “Roby” crónica de un niño que se inicia en la violencia, violaciones incluidas, y su motor es el porque si. Querer imponer esa visión de las cosas porque si, no pido justificar pido narrar, es contraproducente en géneros que apelan al terror. La tortura por la tortura misma convierte al lector en un mero vouyer del sadismo.  El terror en cambio toca las fibras íntimas que incluso incluyen el humor. Ese timing esta bien manejado en “Romeo y Julieta” una reversión hilarante del clásico de Shakespeare resumido en apenas una página o en “Carolina, él y nosotros” que sintertiza en pocas palabras el poder hipnótico de la hipocresía.

Entonces lo que se puede objetar, desde el gusto personal al menos, es que para manejar el terror hay que tener una muñeca cargada de precisión, no estaría mal ver todo Carpenter, pero también hay que intentar comprender que a los personajes que se construyen se les tiene piedad y cuando esa piedad funciona, ya sea por inocencia o paso de comedia en medio del dolor, las cosas salen bien. Cuando aparece cierto goce, ese goce que parece decir ¿hasta donde aguanta una persona el dolor? las cosas se caen y lo peor de todo no se recuerdan por el rechazo que generan.

Sería una pena cerrar un libro de Paz Soldán y no volver a abrir otro basandose en la resaca de un mal momento. Quizás dialogue con ciertas sensibilidades y con otras no. Hay que ver en la cantidad de lo escrito que más se puede encontrar, puede ser que un libro entero nos este esperando.

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“Las Dos Ciudades”

Edmundo Paz Soldán

Metalúcida Editora

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