Diario del Bafici 3: Bruno Dumont y nuevo terror americano

Siento que el festival se me va de las manos como si fuera agua. Cada día que termina es un día menos de festival y es increíble lo feliz que me hace la presencia del cine cada día en mi vida. Llego a pensar cosas tan remotas como que deberíamos vivir en este estado siempre. No contemplo la idea del aburrimiento ¿quién se aburre de ser feliz?

Mientras pienso todo eso no puedo dejar de lado la nostalgia de lo que ya se va que le gana a lo que sucede hoy.

Nunca seré budita y depaso….tampoco quiero eh.

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Las criaturitas de Dumont.

El domingo me levante conteta porque tenía mucha Fe, así con mayúsculas, frente a la perspectiva de ver la minisiere de Dumont.  Tengo una relación más de odio que de amor con el cine de Dumont y la sostengo frente a una sola película del director francés: Flanders. Mi recuerdo de Flanders es haberla visto enferma en el Cosmos, no recuerdo si dentro del Bafici la verdad, aunque de repente pienso que la vi en la Lugones. Si recuerdo que la vi a los 25 años, no sé porque retengo ese dato y no otros, y la sufrí. Creo que a esa edad no tenía la madurez para entender ciertas cosas de Dumont como su relación con lo religioso, lo espiritual y los rituales que abarcan esas  cosas. No sé si los años me dieron una perspectiva nueva sobre eso o me dotaron de otra paciencia, pero ahora mientras escribo siento que no tengo tanto para decir en contra de Dumont.

Así que voy a escribir sobre aquello que tengo para decir y es todo a favor.

Es la primera vez en la historia de Cahiers du Cinema nombra a una producción hecha para la televisión como la mejor película del año. Eso ocurrió en el 2014 con la miniserie de 4 horas creada por Dumont, llamada P´tit Quinquin (El Pequeño Quinquin) que narra la historia de una serie de crimenes ocurridos en un pequeño pueblo del sur de Francia.

Lo mas interesante de #PQ es su carácter anárquico, uso esta palabra de manera absolutamente positiva, que le imprime Dumont al no casarte con ningún género. La clave es la comedia pero también es el thriller, como también podemos pensar en acontecimientos del tipo fantásticos que se unen a su vez al género policial que se torna nuevamente en una comedia de enredos que deriva en una lucha del Bien (con mayúsculas) contra el mal.  El mal es el demonio, así sin vueltas. Esta libertad hermosa de la que se sirve Dumont para filmar la historia de una serie de crimenes en principio inverosímiles, se hace presente en cada uno de los cuatro episodios que componen esta obra.

Restos de personas deacuartizadas comienzan a aparecer en el interior de animales, vacas concretamente, en un pueblo costero al sur de Francia. Dos policías, que parecen todo el tiempo reirse de Twin Peaks y defender al inspector Clousseau, llevan adelante la investigación de estos macabros crímenes. El cast de #PQ parece soñado, pero Dumont se sirvió de los habitantes del lugar para filmar su, le robo esto a Segal, acto de amor más grande frente al cine.

Hay momentos realmente inolvidables que parecen ser deudores de Tatí y momentos de amor desbocado que parecen un guiño a Rhomer. Dumont transita bien las aguas en donde la ficción se confunde con el documental, como si sencillamente hubiese puesto la cámara ahí para capturar cada proceso y cada momento de los acontecimientos inañuditos que sacuden los cimientos de un pueblo. Quinquin, el niño del título, es un creyente del amor niverl Werthe pero con la suerte de ser correspondido. Están por ahí los enredos que aluden a “pueblo chico, infierno grande” con cruces de amantes, engaños y trampas. Hay lugar también para una chica que quiere ser estrella pop y solo sabe una canción que utiliza en todo momento: un funeral, una audición, un concurso. Y Dumont tampoco se priva de hacer referencia explícita al racismo que afecta Francia, logrando colar historias dentro de una gran historia, como si se tratara de mamushkas que cuentan como se va creando la boca del infierno.

Dumont  no deja de lado sus obsesiones (lo místico, el mundo como un lugar sin salvación ni perdón) y aunque no cede, logra a fuerza de talento y nuevamente Fe y nuevamente con mayúsculas, hacer del cine una fiesta. Hija de un delirio nacido de las ganas de hacer algo hermoso, para mi esta saga de Dumont es uno de los grandes acontecimientos a celebrar dentro del BAFICI.

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El muy interesante libro de Paz Soldán.

Esa misma noche la invité a Luciana a ver una película de terror aunque ella no sabía que era de terror. Lejos estuve de engañarla pero casi me muero cuando ya en la sala me dijo “Helena, no veo películas de terror” y yo atine a decirle que no era “tan de terror” que era un “poquito” apenas de terror, llegando al rídiculo de “terrorcito” frente a la perspectiva de hacer sufrir a alguien. Si la otra persona sufre yo empiezon a sufrir y se desata un espiral de sufrimiento que puede contaminar la sala de cine entera. Por suerte la idea que tenía sobre Starry Eyes era acertada: cine de terror BUENO. Nada de saw y esas porquerías que ya dije mil veces detesto.

Lo gracioso es que camino al cine me dediqué a leer el libro de Paz Soldán que editó #Metalúcida y me enconté con decenas de micro relatos, matizados con cuentos breves, todos de gran maestría y pulso, mano a mano con el mejor Bellatín por nombrar una sola influencia. Sucede que el universo de Paz Soldán es notoriamente creepy y le debe mucho al terror género difícil en el cine y en la literatura. Me quedo grabado especialmente un relato mínimo sobre una versión pesadillesca de Disney, un laberinto imposible de superar y miles, miles, miles de muertos dentro de el, sin chances de salir o ser rescatados. Ya lo reseñaré cuando acabe esta locura del BAFICI. Pero vale el agradecimiento por el envio del libro.

Volviendo a lo que nos convoca: Starry Eyes.

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Starry Eyes y su estrella Alex Essoe

Starry Eyes es un debut en el terror para todos: directores, productores y estrella principal. Gracias a la magia de kickstarter, la dupla de directores compuesta por Kevin Kolsh y Dennis Widmyer (que llevan trabajando juntos casi 15 años) llega con esta película de terror que es extremadamente ambiciosa aunquen no conquiste todo lo que va a buscar.

La historia es simple y todos la conocemos: una eterna camarera que quiere ser actriz, esta dispuesta a todo por hacer aquello que ama, aquello que ama es en principio actuar. Alex Essoe interpreta a la sesible y desestabilizada Sarah, una chica sin familia que no logra dar con la audición que la saque del local de fast food en donde vende pollo frito en calzas animal print, pollitos obvio, y tacones.  Su naturaleza parece ser tranquila y su carácter sosegado o eso entendemos cuando apenas sonrie ante la denirgación disfrazada de chistes a la que la someten en su círculo de amigos que son obvio, actoress, actrices, directores de cine y productores, todos sin trabajo.

Con al esperanza como única guía Sarah acude a una audición para una productora que supo ser famosa, Astraeus Pictures, y que busca su combeback con una nueva pelicula que la saque del olvido. Las cosas no van bien, nada bien. La reacción de Sarah termina siendo un paliza que se propina a si misma en el baño de Astraues. Eso, el pelo que se arranca desde la raíz, será su pasaporte al infierno que parece es la parada obligatoria antes de la fama.

Decir más en contar con señales y spoilers de que trata y a dónde va #SE.  Pero cabe destacar que este giro en el terror americano, que nace desde proyectos independientes como este o la fantástica The Cabin in the Woods, es interesante y más que bienvenido. El puslo para manejar el género sin la tortura por la tortura misma, esta siendo cada vez más difícil de encontrar, quizás porque a medida que avanzan los años el mundo es lo suficientemente terrorífico  como para que algo realmente nos impacte. #SE es ante todo una historia de descenso al infierno, que primero es un ámbito personal y luego se va desplegando hasta encontrar un climáx para el cual hay que tener estómago.

No es la mejor película de terror de los últimos tiempos ni mucho menos, pero quizás si esta dupla persiste en la búsqueda dentro del género con más presupuesto y mejores condiciones, puede llegar a dar cosas realmente, pero realmente, interesantes.

En esta ocasión de todas maneras los laureles son todos para  Alex Essoe que da una interpretación magnífica y debería tener, tal cual su criatura dentro del film, una carrera de estrella.

Veremos.

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Al fondo mi amiga Luciana vendiendo pan si la ven LE COMPRAN, OK?

Vi mucho más estos días o al menos más de lo que pensé iba a ver: la de Pedro Costa, The Wonders la increíble película italiana que viende de ganar Cannes, más terror y una argentina.

Pero siempre baja el cansancio del BAFICI y todos estos días volví caminando por la cercanía del Village Caballito y acompañada porque las noches estaba preciosas.

Estoy de tan buen humor que se me rompieron las medias y apenas me enoje. Seguro a fin de mes me enojo como corresponde.

 

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