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Música para salir a comprar tampones: dos versiones

Música para salir a comprar tampones: dos versiones

Estoy aburrida de decir algo que tenga que ver con la menstruación y que la gente ponga cara de que está conversando con una integrante de ISIS. No voy a mandarme todo ese rollo de que la regla es un regalo, algo que nos define como mujeres y que tenemos que hacer acciones de arte con la toalla higiénica. Voy hacia algo mucho más práctico ¿por qué es tan grave hablar de eso si les pasa a todas? Amigo/a, me llegó la regla así que ando pa’ la cagá. No te estoy mostrando cómo se me está rompiendo el endometrio, no quiero que me toques la guata y sientas cómo me late, avisándome que lo que se viene es cada vez peor. Sólo estoy contándote -así como me cuentas tú que andas con caña- que me siento como la mierda.

Pero no siempre es así. No siempre es como la mierda. Mi relación con la menstruación ha pasado por diferentes etapas. La primera vez que me llegó le dije a mi mamá “oye, necesito toallas porfa”. Todo muy normal. Lo horrible de esa experiencia fue que mi papá se emocionó mucho (?) y le contó a todos. Incluyendo a un compañero de trabajo, que era papá de un niño de mi curso, entonces el lunes, todos sabían que mi infancia ya era. Fuera de eso, yo pensaba que la menstruación era una complicación, pero amigable, hasta el momento.

(Papá, si es que entras a leer esto: nunca te lo voy a perdonar)

A medida que pasaron los ciclos, logré identificar que a veces eran tranquilos, como correr por un campo de margaritas y, otros, eran como sentir que ibas a dar a luz a un monstruo asqueroso que te estaba chupando toda la existencia, el brillo de la juventud y que todos los que te rodean merecen morir, igual como morirás tú cuando salga esa cosa de tu cuerpo.

Cuando es bacán es porque el dolor es mínimo. El botón del pantalón no es tu enemigo y los granos que te salen en la cara no duelen cuando te ríes o mueves mucho los músculos. Cuando es bacán, te dan hasta ganas de hacer deporte, porque tu espalda está inmaculada y no sientes ese dolor frío nivel muerte Game of Thrones. Cuando es bacán, hasta te dan ganas de usar un vestido blanco porque ya nada importa. Obvio que no voy a mancharme, porque mi menstruación me ama. Me cuida. Menstrúo bacán.

Cuando es una mierda, no te puedes parar de la cama pero te obligan igual a ir al colegio y, cuando eres adulta, tienes que salir a trabajar y con la mejor sonrisa para todos los simios. Pero si dices que te duele, porque te está saliendo Demian de la vagina, te miran feo. Cuando es una mierda, el botón del pantalón te recuerda a cada segundo que hagas lo que hagas, tu guata llena de endometrio sin uso, es un castigo que te manda dios (porque sí, empiezas a creer que dios existe, te están castigando por culpa de Eva, no quieres comer manzanas nunca más). Piensas que esta es la condena que tienes que pagar por no prestar el cuerpo, porque cuando lo prestas, la cascada de sufrimiento se corta. Estoy segura que dios me diría “si te duele tanto, reflexiona acerca del uso que le estás dando a tu fértil nido de seres humanos chicos y piensa de qué forma puedes aliviar ese dolor”.

Así que yo le quiero hacer un homenaje a la menstruación, porque estoy aburrida de que la gente la trate como si fuera un suero alien del que no se puede hablar. Sí, existe. Menstruamos. Somos legión. Abajo hay dos playlist. Una, en versión me gusta la vida, cuando crees que tu regla te ama. La otra, versión quemar iglesias en conciertos de metal noruego, para cuando creas que la vida es una mierda y no sabes cómo vas a mantener a Demian, cuando salga de ahí abajo.

Versión me gusta la vida

Versión quemar iglesias en conciertos de metal noruego



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