Con el revenge porn o pornovenganza, las mujeres son hostigadas públicamente con sus fotografías y videos íntimos, la mayoría de las veces filtrados por sus ex parejas.

Por Caren Miesenberger. Traducción por Oriana Miranda.

Una tarde hace ya seis años, Milly* estaba caminando por la calle cuando un hombre extraño se acercó y le dijo: “me encanta lo que estás haciendo con tus fotos”. La joven alemana, en ese entonces de 20 años, quedó desconcertada. “¿¡Qué fotos!?”, preguntó. “Bueno, ¡tus fotos sin ropa!”, respondió el hombre. Así, Milly se enteró que sus fotos íntimas habían sido publicadas en internet, sin su conocimiento o consentimiento.

Lo que le sucedió a Milly tiene un nombre: revenge porn o pornovenganza. El término se refiere a fotos o videos de contenido sexual transmitidos a terceros o enviados a la red a través de aplicaciones de mensajería o sitios de internet, sin el consentimiento de la persona retratada. La mayoría de las veces, en el revenge porn es la ex pareja quien se “venga” e intenta chantajear a la persona afectada, para evitar la separación o para sabotear sus nuevas relaciones. Activistas feministas califican este acto como violencia sexual visual, ya que el revenge porn es una relativización de lo que, realmente, se trata: manipulación, slut-shaming y humillación pública.   

Milly no sabía quién estaba detrás de este acto, pero sus sospechas recayeron rápidamente sobre su ex: “su ego fue herido por causa de la separación y la venganza es lo más probable en ese caso”, afirma. En esa época ella era muy activa en internet, conversando con varios hombres y enviándoles sus fotos desnuda, por lo que no fue posible rastrear quién realmente filtró las imágenes. En total, cinco fotos de Milly fueron publicadas en un sitio web de pornografía, donde las imágenes podían ser evaluadas por los usuarios. “Era posible darme de una a cinco estrellas. Era completamente absurdo, me convertí en un número”, recuerda Milly.

Después del encuentro inesperado con aquel hombre extraño en la calle, Milly se sintió impotente. “Estaba totalmente expuesta y no sabía a quién recurrir para defenderme”, señala. Decidió contárselo a su padre, quien inmediatamente la acompañó a la policía a hacer la denuncia. Pero los policías sólo se burlaron de ella. “Uno de ellos me dio un sermón sobre cómo alguien podía hacer algo como eso y que hoy en día no es una sorpresa que fotos como esas sean compartidas. Me hizo sentir culpable”, recuerda Milly. Pese a todo, la denuncia contra los desconocidos fue acatada por los oficiales.

Tres de las fotos de Milly fueron removidas del sitio porno, pero las otras dos permanecieron online durante años. ¿Su denuncia hizo alguna diferencia? “No, porque fue suspendida. Cuando fui nuevamente a la policía, ellos me dijeron que la denuncia no había dado en nada porque no había indicios suficientes. Creo que, en la época, ellos no estaban realmente interesados en resolver el problema”, juzgó Milly. Ella también intentó entrar en contacto con el sitio web para remover las fotos, pero no tuvo éxito.

¿Cómo puede defenderse alguien que afectado por el revenge porn? Dagmar Freudenberg, presidente de la Comisión de Derecho Penal de la Asociación de Abogadas Alemanas, aconseja mantener la calma y documentar los acontecimientos. “Tomar pantallazos con fecha y URL, guardar los mensajes y fotos enviadas, especialmente en relación a terceros que, tal vez, hayan recibido el material. Luego debe considerarse pedir asesoría jurídica, más precisamente de algún profesional del área de derecho personal que conozca del derecho a la propia imagen. El tiempo también desempeña un papel importante: cuanto más rápido la persona consiga hacer  las reivindicaciones, más rápido se puede eliminar el revenge porn”, explica.

De acuerdo a una decisión de la justicia alemana en 2014, las personas retratadas en imágenes y grabaciones íntimas pueden exigir a su ex pareja que estas sean borradas o destruidas al finalizar la relación. “La Corte Suprema reconoce así que la mera posesión de fotos o videos íntimos, en oposición a fotos “normales” del día a día, da a la ex pareja un cierto poder de dominio y manipulación sobre la persona retratada, aun cuando no se pretenda divulgarlas o transmitirlas a terceros”, afirma Verena Haisch, abogada y miembro del grupo de trabajo Violencia contra las Mujeres en Internet de la Asociación de Abogadas Alemanas.

Para Milly, su experiencia con el revenge porn fue más allá de la impotencia después de la divulgación involuntaria y el reconocimiento en la calle: “vivo en un lugar muy rural, por lo que el rumor sobre las fotos se esparció rápidamente. Yo se lo dije a una persona en quien confiaba y esa persona se lo contó a todo el mundo. Para humillarme, tres hombres estamparon una de las fotos en camisetas y fueron vestidos con ellas a una fiesta. Por suerte yo no estaba ahí, sino habría entrado en colapso o perdido la cabeza”.

Hasta el día de hoy, seis años después de los eventos, Milly se siente mal cuando piensa sobre lo sucedido. Desde ese entonces, paró de interactuar en internet y piensa meticulosamente en las fotos que envía y a quién. Pese a todo, Milly rescata algo positivo de su experiencia: “me hizo más fuerte. Ya no admito que nada más me violente y me defiendo legalmente”. Ella cree que sus fotos fueron publicadas en internet, también, para hacer dinero. “Quien sea que haya hecho esto no pensó en mí, no pensó en las personas afectadas ni en sus sentimientos”.

Si estás en Chile y sufres un caso de revenge porn, debes respaldar las imágenes que fueron compartidas sin tu consentimiento y dirigirte a la comisaría más cercana, o preferiblemente, a una brigada del Ciber Crimen de la PDI. El artículo 161 A del Código Penal sanciona con pena de reclusión menor y una multa de entre 50 a 500 UTM a quien difunda por cualquier medio conversaciones, comunicaciones, documentos, instrumentos, imágenes o hechos de carácter privado sin autorización del afectado. Para consejos y prácticas que pueden ayudarte a enviar nudes de manera más segura, puedes revisar el manual en español de la ONG brasileña Coding Rights.

* Los nombres en este artículo fueron cambiados para preservar la identidad de las personas afectadas.

*Texto publicado originalmente en la revista alemana Missy Magazine.

Author

Caren Miesenberger es periodista freelance y geógrafa. Vive entre Hamburgo y Río de Janeiro.