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Stefano Buscaglia, vocal del género Usach: “¿para qué llorar cuando nos podemos transformar en conjunto?”

Stefano Buscaglia, vocal del género Usach: “¿para qué llorar cuando nos podemos transformar en conjunto?”

Por Gonzalo Vidal

Desde la oficina que ocupa en el segundo piso del edificio de la Federación de Estudiantes de la Usach en su cargo como Vocal de Género y Sexualidades, Stefano Buscaglia, conocidísima como “Fanny”, ve todos los días la teleserie de la tarde. Comenta, muy entusiasmada, que todos los dramas, insidias y polémicas pobres de la ficción nacional le dan vida y la llenan de humor.

Desde que asumió en la Vocalía de Género y Sexualidades Usach, rebautizada como Vokylie en honor a la diva del pop australiana, ha estado en el centro de la polémica universitaria sólo por el hecho de exigir que sean respetados los derechos de las mujeres y de las personas de la diversidad sexual, y por denunciar junto a varias estudiantes los casi ochenta casos de acoso y abuso dentro de la institución.

Durante su periodo como Vokylie logró en un año no solo la sensibilización de la universidad en torno a la violencia, sino que generó políticas como la destacada generación del protocolo triestamental contra el acoso y discriminación; una agenda institucional que desarrollará la educación no sexista mediante asignaturas, una biblioteca de género, campañas contra los estereotipos de género en admisión y charlas académicas; la formación del preuniversitario feminista “Karina Paredes”, nombrado por la estudiante de Obstetricia y Puericultura desaparecida en el 2006 que busca aproximarse al trabajo en conjunto con la Villa Portales; la promoción de un examen gratuito de VIH/SIDA para la comunidad; mejoras para la mantención académica de madres y padres en la universidad; la instalación junto a otras secretarías de género de la Comisión de Género CONFECH, que ahora se denomina COFEU (Coordinadora Feminista Universitaria); el futuro reconocimiento del nombre social para estudiantes trans, incluyendo su acceso y mantención en la universidad; y, finalmente, la creación junto a académicas y funcionarias de un Observatorio de Género en la USACH.

Pese a que se encuentra finalizando su segundo período como vocal este semestre, la Fanny, famosa Piscis, ha pasado por penas y alegrías durante su camino en la aventura del feminismo. Como muchas de nosotras, conoció el feminismo de manera negativa, en el colegio, y por los medios de comunicación, que estigmatizan la lucha de las mujeres.  Sin embargo, siempre se sintió cercano a la realidad de las mujeres, y empezó desde chico a darse cuenta de los privilegios que tenía por sobre ellas.

“Era muy amiga de las mujeres, como todo colita, y me empecé  dar cuenta de todo el proceso en el que el patriarcado las violentaba, y de las relaciones machistas que tenían con sus parejas, y lentamente empecé a aconsejar a las chiquillas para que se alejaran de pololeos tóxicos y a que fueran empoderadas y respondieran a lo que no les gustara”.

Si bien no estaba consciente del potencial feminista en sus acciones con sus amigas, siempre tuvo claro que lo que mejor podían hacer era conversar, conocer a otras mujeres y establecer redes. “Soy una persona de hacer redes, así voy conociendo más gente. Yo no me quedo estancado en un grupo, me gusta desplazarme en todas partes, no podía quedarme en un grupo porque hay tantas cosas de las que quiero hablar y quiero contárselas a todo el mundo”. Estas mismas relaciones la llevaron, en pleno auge de las tribus urbanas en Chile, a ser parte de varios fanclub de cantantes pop y que podía estar afuera del hotel gritando por artistas, a la fecha mantiene esos contactos. Pero entre todo lo que nos dijo, nada se destaca más que haber sido parte del club de fans de la icónica concursante de realities nacionales Angélica Sepúlveda.

—¿Es verdad que fuiste parte de la gente que se tiró al escenario para interrumpir la final del reality entre Angélica y el Coca Mendoza?

“Sí, fui parte de ese momento legendario. Siempre he sido una persona de fansclub y estaba dispuesta a hacer ese tipo de ridículos porque era pendejo y me daba lo mismo. Si me preguntai ahora, me digo ‘qué hueá estabai pensando’ ”.

Esa idea de no tenerle miedo al conflicto la llevó a asumirse cola a los catorce años, y pese a que en su casa la cosa era obvia hace rato, tuvo que enfrentarse a la idea general de que los colas tienen que tener historias dramáticas cuando salen del clóset. “En el momento en el que yo me asumí cola comencé lentamente a romper con hartos límites que mucha gente me tenían impuestos, y esto era porque tuve una presión inculcada en mi generación de que teníamos que ser obligadamente víctimas, como si tuviésemos necesariamente que sufrir por ser colas. Lo veía mucho desde la televisión, en las películas y no podíamos escapar de esa imagen, éramos personas que, como diría la Janin Day, teníamos una historia para llorarles y nos tuvieran pena. Vivía demasiado en una burbuja, y puedo decir que se reventó cuando empecé a ver los backstages de Amigas y Rivales de Fausto”.

El reality Amigas y Rivales de la discoteque Fausto, cuyos backstages donde muestran a las transformistas opinando de sus compañeras de frente, llenas de humor y sin miedo a decir las cosas por su nombre están disponibles en Youtube desde el 2006. Coincidentemente, ocurre que muchas de las colas activistas de la disidencia y la diversidad son expertas en los palabreos y ocupan las icónicas frases de las travas para hacer reír a las compañeras.

“Fue durante mi adolescencia que al verlas se rompió la idea de que las colas tenemos que dar pena y nos podemos hacer reír. En los backstages hay humor, una puede pegarse el chiste y escapa de ese imaginario del ‘ser víctima’, algo que a muchos héteros les incomodaba porque no encajaba en su mentalidad. Ahora podría decir que sigo viéndolas junto a otros backstages como el Reinas de la  Noche, Atrevidas y Patudas o inclusive los videos de Moria Casán, pero también soy crítico de los palabreos que se han pegado, como el de Nabila Rifo que ocurrió meses atrás”.

—Y una vez que abandonaste ese lugar de víctima que no te correspondía, ¿encontraste algún otro en el que te sintieras cómodo?

“Yo no nací con la familia adherida a un partido, ni mucho menos me metí a una Juventud a trabajar, así que en mi adolescencia no tuve ningún acercamiento de trabajo político. Lentamente, me iba reconociendo como sujeto político gracias a la gente que me fue formando. Durante mis primeros años fueron la profe Luna Follegati (que se volvió mi profe guía de la tesis) y mi intimísima Matías Marambio. Es algo que Claudia Rodríguez decía en uno de sus documentales: “hay que parar de ser víctimas y transformarnos en sujetas que demandan y luchan”. Empecé a tomar conciencia cuando entré a la universidad, ya que en el colegio no tuve apoyo académico; y como todas las colas, leí “Tengo miedo Torero” de Pedro Lemebel. Gracias a lo que me iban recomendando en el tiempo, comprendí que ser cola se entrecruza con problemas de clase, raza y género, y me empezó a hacer mucho sentido desde el feminismo interseccional. Incorporé también ideas a las que en el colegio jamás tuve acercamiento, como el anticapitalismo, la descolonización y el ser antipatriarcal. Conociendo el feminismo deconstruí muchas prácticas lentamente, cambié muchas palabras que decía, tallas que tiraba, y desarmé la forma en la que tenía construida la realidad facha que me enseñaron en el colegio. Ese proceso todavía continúa y seguirá hasta la muerte porque así debe ser”.

La Fanny, además, es conocida por tener un amplio conocimiento en cultura pop, especialmente en las divas de la música. Pese a que ya no se cataloga como una chica pop, porque dice gustar de muchos estilos musicales distintos, es innegable lo mucho que influyeron en su vida figuras como Madonna, su diva favorita. Con siete años, la conoció a través de los videos que aparecían en MTV y su amor fue en ascenso, hoy dice que su trinidad favorita son los discos son Ray of light, Like a Prayer y Confessions on a Dance Floor.

—¿Cómo ha influenciado la figura de Madonna en tu activismo feminista?

“He incorporado de Madonna muchas cosas, pero las que amo son el acto de la reinvención, demostrando que una persona no puede quedarse estática y debe siempre cambiar. En esa línea, empecé a descubrir nuevos conocimientos, como aprender del Islam de la mejor, Vanessa Rivera. Asimismo, me enseñó a reconociliarme conmigo mismo ante millones de historias de mierda que pude haber tenido. Madonna siempre decía que se inspiraba en las pinturas de Frida Kahlo y se reconciliaba consigo misma, porque reflexionaba sobre su vida y daba a conocer todos sus sentimientos a través de sus canciones, como lo fue su relación con su madre fallecida en “Inside of Me”, “Mother and Father”, “Oh Father”, “Mer Girl”, etc. Yo mismo revisé qué cosas me dañaron, e imaginé cómo las podía transformar en acciones que podían ayudar a otres. Realizamos talleres hace poco en torno al amor romántico o la soledad gay en los cuales hablé bastante porque son cosas que a mí me afectaron, y ¿para qué llorar cuando nos podemos transformar en conjunto?”.

Después de un paso por Literatura Inglesa en la Universidad de Chile en el 2011 donde conoció la experiencia de quienes formaron la primera Secretaría de Sexualidades y Género en la Facultad de Filosofía y Humanidades, llegó más dura y politizada que nunca a la Usach a estudiar Estudios Internacionales.

—¿Cuándo empezaste a organizarte en la Usach?

“Cuando entré, me postulé al Centro de Estudiantes de la carrera, pero perdimos. Aún así, lo que detonó que buscara otro tipo de organización fue un hecho de discriminación que viví. Pasó que estaba comiéndome con alguien en un carrete en la u, y dos zorrones me grabaron sin darme cuenta con un celular. Por suerte nunca me subieron a internet ni me convertí en Wena Naty, pero en ese momento me di cuenta que no estaba en un lugar seguro ni cómodo. Ahí me dio rabia y me organicé, y con mis amigas formamos un colectivo que se llamó Crisol, para transformar la Usach desde la diversidad sexual y el feminismo”.

—¿Cuándo te empezó a interesar el trabajo en la Vokylie?

“Para el 2014, había una red feminista grande en la USACh, teniamos a la Vocalía, a Crisol, a Pan y Rosas, a Yeguas Locas Consumidas, a La Alzada, entre otras, todas trabajando desde sus espacios. Pero por alguna razón, el 2015 el feminismo en la Usach quedó en un alto vacío por falta de tiempo y de compromiso, no teníamos talleres, no teníamos colectivos autónomos trabajando, no teníamos nada. En ese momento me estaba empezando a interesar en la Vocalía y la Marta, expresidenta de la Feusach me dijo: dale, niña, dale. En ese primer período hicimos la Bienvenida Cachorra Feminista, las Asambleas de Género, y levantamos la demanda por un Protocolo de Acoso. Me aburrí de los eventos y full Madonna, cambiando de era, me puse a demandarle cosas a la universidad que no estaban. Se acabó la realización de eventos, ahora iba a exigir. Y empecé: “¿Dónde está el protocolo de acoso?, ¿dónde está el apoyo a las mujeres violentadas?, no existe. “Ahí logramos que la demanda por el protocolo fuese transversal y se formó una mesa con funcionarias, profesoras y estudiantes que en cinco meses redactaron el protocolo  que salió en marzo de este año, lo que fue un logro muy importante para la Vocalía”.

“Hemos recibido muchas denuncias de acoso, abusos y discriminación dentro de la universidad, este cargo me ha hecho darme cuenta que la u es un lugar lleno de personas dispuestas a destruirle la vida a otras desde mecanismos de poder: he recibido a gente llorando, estudiantes violadas, una niña me dio mucho las gracias porque ni sus padres le habían creído. Sin ser la víctima, me encontraba llorando en el baño y me sentía destruido porque no sabía qué hacer y era un mero intermediario que recibía ataques por apoyar a las víctimas. Habían veces que recibía denuncias de acoso dos veces al día. Ahí uno se pregunta por el deber de las vocalías y secretarías de género a nivel nacional, sobre lo que experimentan ayudando a estudiantes, a lo que se están exponiendo y cómo a nadie le importa”.

En el presente, puedo decir que ya no me siento solo porque tengo a las mejores amigas que me han inspirado a trabajar en comunidad.  Se vio reflejado a través del trabajo de la movilización de Historia en contra de un profesor acusado de acoso dirigido por Amanda Mitrovich, junto a la Andrea Diu,  la Valeria (la Negra), la Mafy, la Clausula, y la Arveja, maravillosas feministas que entraron a mi vida y que gracias a lo que lograron mediáticamente este año, sin darse cuenta, las universidades están denunciando y las personas de la USACh se sienten un poco más seguras que años atrás. Pueden decirnos que nos radicalizamos brígidamente, pero gracias a ello nos impusimos contra las dinámicas que nos quitaban la dignidad. Estoy seguro que van a leer y escuchar harto de ellas y de su trabajo pronto”.

Igual ha sido harto lo que has trabajado, y también es grande el odio machista a lo que hacen las feministas, ¿cómo se vio afectada tu vida por toda esta exposición?

“La verdad es que nunca paré de trabajar y me tomé muy en serio mis acciones. Me dediqué a trabajar con las ñañas para que el feminismo estuviese en primer lugar en la universidad y nunca volviese a ser un tema secundario. Tenía miedo de que desapareciera como sucedió años atrás, así que aunque la gente me pedía que parara la mano, les respondía que no iba a dejar de durear. Este trabajo de dos años fue agotador, han sido meses tristes, en los que a veces no puedo ver a mi familia. Aún así, mi mamá, siendo una de mis mayores inspiraciones, vive levantándome y diciéndome que esto es un proceso. Siempre nos levantamos constantemente ante todas las situaciones de crisis. Ella podía decirme: “tú eres muchas cosas y nadie puede venir a categorizarte”, y yo le podía decir en otro momento: “¿y quién dijo que tú debes detenerte si eres la más capaz?”.

“Yo sé perfectamente que si fuese una mujer, habría sido el doble de denostado como Vocal y se debe reconocer la existencia de privilegios. Asumo muchos errores y me arrepiento de cosas que hice,  pero me siento feliz del trabajo porque se nota que existe una transformación lenta pero significativa en la Usach. Ahora ya sabemos todas y todos que no nos callarán nunca más”.

“Algo de lo que no me arrepiento es mi postura frente a “Vuélvete a Cristo” y la manera cómo los enfrentamos con mi grupo. Ellos viven repartiendo un mensaje de odio públicamente, su presidenta Judith Marín estuvo hablando a favor del Bus de la Libertad y estuvo en el Congreso con carteles contra el aborto. Sus integrantes nos han dicho que los respetemos, estuvieron inclusive mirando hostilmente una de nuestras marchas y nos han llenado de comentarios negativos llamándonos asesinas. Yo no respeto a gente que me quiere convertir en heterosexual, a gente que viola la autonomía del cuerpo de mis amigas y con muchas personas queremos que se vayan. No soy tolerante, porque eso significaría que debo aceptar toda la violencia que promueven y que la comodidad en el espacio que estudio se vea vulnerada”.

“No obstante, en enero fui al doctor y me detectaron un trastorno de ansiedad que actualmente se encuentra en tratamiento. Para la gente que me conoce, sabe que vivo con la idea de que siempre algo falta y tengo por obligación que hacerlo, y es desesperante. Me sentía culpable de las cosas que sucedían. En el verano busqué muchas maneras de manejar esta presión y puedo decir que cosas que para la gente pueden parecerles banales, como escuchar el “Ray of Light” de Madonna, si tuvieron un efecto para tranquilizarme, escuchando las letras de “Swim” o “Nothing Really Matters”.

—Ahora que piensas darle espacio a las nuevas generaciones, ¿cómo proyectas el trabajo de la Vocalía?

“La Vocalía tiene cada vez más gente involucrada, y creo que estas nuevas generaciones están haciendo ruido. Retomo cómo en Historia se movilizaron cabras para exigir el fin del acoso y la desvinculación completa de los profesores. Con esto siento que se cumplió un ciclo y se logró solidificar a la vocalía, a pesar del odio y al ataque cibernético del que fuimos víctimas en mayo.

“Mi cierre de este proceso es que viví muchos momentos de tristeza, pero que valieron la pena porque la Vocalía existe, está bien posicionada y no la van a matar. Obvio que las “polémicas” nos ayudaron a que la gente nos reconociera, pero todas esas polémicas fueron por ridiculeces de hombres que no entendían lo que hacíamos (o como nos acostumbramos a llamarles, machitos). Nos dicen que somos personas nefastas y lo único que exigimos es dignidad y respeto. Yo he tenido que recibir un montón de denuncias graves, desde un niño que fue escupido y golpeado en un pasillo, hasta una niña amenazada con una jeringa para adormecerla y violarla. Ellos me dicen que lo que yo hago es grave, y lo único que hago es denunciar que esto existe porque es ridículo que lo neguemos. Ellos dicen ‘puede ser falsa’, nosotras podemos decirles ‘ustedes extrañamente han vivido con demasiadas personas que inventan agresiones'”. 

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