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Playlist: Anoche me fumé un pito sola por primera vez y fue bacán

Playlist: Anoche me fumé un pito sola por primera vez y fue bacán

Mi relación con las drogas de todo tipo es casi inexistente. No por prejuicio, ni por miedos, sino porque no se han presentado ocasiones en realidad. Lo más cercano sí, es tener amigos que fumen marihuana, pero como odio ese olor, no me dan ganas de fumar.

He tenido un año de mierda. Un año hijo de la gran puta que lo parió. Todo lo que podía salir mal, salió peor que si lo hubiese planeado. Se murió gente, cagaron proyectos, algunas personas se transformaron en satán y si antes tenía dudas sobre lo horrible que es el mundo, al menos voy a pasar la caña de año nuevo curada de espanto.

Pero bueno, mi intervención acá no es penosear, sino contarles que ayer en la noche tuve un momento de autoconocimiento y felicidad máxima conmigo misma. Y un pito.  Merodeando por la casa encontré una cajita de metal que se le quedó a una amiga, la abrí y adentro había un pito hecho, más hojitas verdes y papelillos. Menos mal que había uno hecho, porque no sé armarlos.

Lo miré mucho rato, sentada en el suelo, con la ventana abierta. Hice una rápida lista de pro y contras de zamparme ese pito sola y la verdad, es que el único punto en contra era quedar hedionda a ese olor que odio. Así que lo prendí y me lo fumé entero. Mientras daba las primeras piteás estaba leyendo mi agenda del año pasado y encontré una frase escrita, de mi puño, que decía “En un mundo precario sólo nos salva el derecho a la belleza”. No tengo idea de dónde saqué eso (de hecho ahora en la mañana lo gogleé y no di con nada). En fin, da lo mismo y prefiero el misticismo, la hueá apareció cuando tenía que aparecer no más. Y media volá, mejor todavía.

Como era mi primera vez, igual me dispuse a pasarlo bacán. Me hice un jarro de té helado con durazno, y dejé unos cubitos de chocolate a la mano, para cuando me dieran ganas o bajón. Me tiré en el sofá y puse una lista gigante de canciones en modo aleatorio. De verdad estaba determinada a que el cerebro se me fuera a Fantasilandia un rato y fue bacán.

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Bajo la premisa de “en un mundo precario, sólo nos salva el derecho a la belleza”, escuchar de pronto el coro de ‘Love is everywhere I go’ de Sam Phillips fue tan reconfortante como cuando te sacabas la chucha cuando eras niño y tu mamá te hacía cariño.

Además, cuando sonó ‘Get Happy’ cantada por Judy Garland fue la gloria. Doy demasiadas gracias a la vida por tener esa canción en buena calidad y un equipo de música a toda zorra. Qué onda esas trompetas. Debieran ser recetadas para toda la miseria del mundo. Justo cuando estaba en llamas escuchando eso, empezó a sonar ‘True’ de Spandau Ballet y mi primera reacción fue ‘ohhhhhh’ y una risa muy explosiva, hasta con escupo yo cacho. Y ahí estaba, escuchando el inicio de  esa canción cagá de la risa, nivel manos en la guata. Pensé en ponerme seria y pararme a cambiarla, pero para qué. Además, a los 4 minutos y 25 minutos, fui más feliz que la mierda, cachando que de esta canción los Backstreet Boys sacaron el piano para el coro de I Want It That Way.

Ya, no los quiero aburrir más. Sólo quiero decir que lo que leí antes de estar completamente drogada y tirada en el suelo de mi casa es demasiado real: “en un mundo precario, sólo nos salva el derecho a la belleza”. Así que mi súper consejo de fin de año para todos es que la realidad presente es asquerosa, pero hay hueás que nos salvan, como por ejemplo, estas canciones.

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