En Acoyte y Rivadavia entre en una pelea. Una madre arrastró a su hija de los pelos media cuadra ante la mirada nula de lo que sería el padre. Porque en realidad era nada. Llegando a la esquina solo caras de desaprobación pero de hacer, de hacer nada. Sentí que desde el estómago me subía una bronca infinita. Similar a la que te tengo a vos pero en otra sintonía. Venía desde los orígenes, venía desde las cavernas. Me di cuenta que los más de diez kilos me quitaron autoridad. Por un lado, me engrandecen pero por otro, cada vez voy más camino a la nada. Los gritos de la criatura perforaban el sonido ambiente. No hice nada, pero miré todo. Icono y síntesis de la locura, la madre me encara. Sé que no odio a los hombres, como sé que odio a los cobardes. Sé que la mayoría de los cobardes son hombres. Este padre, un pobre tipo, un triste. Pendeja puta, me dice la madre. La gente se frena y el mundo se detiene no ante la justicia sencillamente ante la promesa de una carnicería. Yo no hago nada. No puedo hacer absolutamente nada.

Anda a chuparte una pija, me dice. Casi le contesto que sin vos es un acto impensando pero que puede llamarte para que le digas, ¿lo que dijiste con nombre?, lo bien que lo hago. No digo nada. Me desafía pegándole un cachetazo a la hija. Llovía, era un día frío y nublado. Pensando sin los sentimientos le clavo el mango del paraguas a la altura del hígado. Suficiente para que se doble, si vas a pegar una sola vez tiene que ser con la seguridad que sea donde más duele. Podría haber seguido pero el semáforo se puso en verde. Si no terminé en una comisaría dando explicaciones por vos, no voy a terminar dando explicaciones por nadie. Por nadie.

Es mi cumpleaños y sé que lees. Vamos a empezar diciendo la verdad, ese acto noble que te resulta tan problemático. Volvimos a hablar y entonces dejé de hablar sola. Desde enero que recaudo información y así aprendí se construye un caso. La carátula lleva tu nombre. Fiel a no someterte al escarnio público yo reservo tu nombre. A mí me basta con que vos tengas que vivir con vos y saber que cada mañana frente al espejo en un acto cotidiano como lavarte los dientes, tenes que bajar la vista porque el reflejo te devuelve algo que no podes tolerar: tu cara. El arte del engaño, mi  cielo, es para los hijos de puta. Entonces la verdad sea dicha, siempre supe que me estuviste obligando a acostarme con otra persona. Te felicito, sos un ganador. Ahora también, mi persona favorita, sos un pobre estúpido.

Mientras vos mirabas Twin Peaks, a mi me tocó House of Cards como si a cada una le asignaras una serie para no confundirte, el 27 de febrero a las 19:30 horas yo empecé a trabajar para la verdad. Habiendo entregado el corazón, cambié la estrategia. Hasta ese momento mi vida con vos, reconocía una sola ecuación: no sé nada, siento todo. Como supe decirte, no te miento y aún es tu regalo de mi para vos, te miré siempre con los sentimientos. Me perforé el cerebro, víctima nunca. Si vos estabas en las prácticas del entrenamiento básico para la doble vida, sabe que tu campo de concentración no fue, no es y jamás será mi cuerpo. Abandonad toda esperanza todos los que entren aquí. Jamás me tendrías que haber abierto las piernas.

Si te preguntan por las hebillas con perlas en un golpe comando, ante todo engañame con el buen gusto, se fueron al tacho de basura. Se clavaron en punta sobre lo que te entregue para que combatiera el invierno que tenías en el pecho: mi corazón. Al final todo lo que tocas termina en el mismo lugar.

Como ya dije y repito: noventa días recaudando pruebas. Pero el juicio no iba a ser popular. Yo no creo en la voluntad del pueblo.  Me hice fuerte y acumulé nombres y detalles con la misma dedicación con la que te estudie a vos. Se que torcés la boca hacía el costado derecho y fruncís apenas la nariz cuando hablas de algo que no tiene remedio. Sé que te sonreís conteniendo la risa cuando algo te provoca ternura, emocionado y conmovido cuando alguien tiene un gesto de amor con vos. Alguien soy yo.

Sé que siempre vigilaste de costado mi plato de comida y siempre retrasé unos segundos mi hambre para escuchar el gesto paternal de come que se enfría. Sé que siempre te bañaste primero para que yo pudiera dormir diez minutos más y sé que siempre te bañaste rápido para que me quedara más agua caliente a mí. Gracias, con lo que a mi me gusta bañarme. Sé que lo primero que perdés cuando estás enojado es la capacidad de las conversación, se evapora tu manera encantadora de dar charla. Sé que cuando algo atenta contra lo que consideras bello fruncís el ceño y se te achinan un poco los ojos. Sé que lastimas antes que te lastimen. Se que te di los latidos de mi vida porque no resistí que un envase tan lindo estuviera vacío. Y no bien sentiste el calor de estar vivo, hiciste la vida con otra persona.

Te admiro, cuando fuiste a buscar la felicidad no te detuvo nada. Muerta entre los vivos circulaba y mis amigas, las que te están buscando, me preguntaban ¿por que lo cubrís? Porque creo en vos, pensaba y no decía. Porque sabía que al final ibas a hacer lo correcto.

Hablamos y fuimos llegando. Reparar es ser honesto, reparar no es volver. Sentados en el sillón de tu casa donde todas las semanas avanzaba leyendo La Fortaleza de la Soledad supe que de ahí venía el aprendizaje. Se te llenaron los ojos de lágrimas y te pregunté llorando si tenías miedo. No, me dijiste, voy a decirle toda la verdad. Entonces vi el hombre que empecé a querer y dejaste de ser un niño asustado. Sabes, las mujeres somos personas.

No sé estar solo, murmuraste. Creo que me voy a morir, te dije. Vamos a tu casa, dijiste, me quedo con vos. No, te dije. Por qué, preguntaste. Porque no puedo hacer recuerdos juntos en mi casa, te dije. Ya era miércoles. Me llevaste al baño para que me lavara la cara. No quise verme. Me acostaste y me rompí. Me acordé la primera vez que fui a tu casa y vos te fuiste al baño. Yo me pare para irme porque siempre supe todo esto. Saliste y me miraste. Me abrazaste y yo me escondí en tu hombro porque si me dabas un beso yo entregaba todo. Qué hacemos, te dije. Desafiando todo me abrazaste más fuerte y me dijiste, que hacemos, que hacemos.Y juntos hicimos un amor de cristal, un muñeco de nieve.

Me acuesto en tu cama por última vez, junio del 2014 y me rompo toda. No soy nada, te dije. Juntaste lo que quedaba de mí para abrazarme y me callaste con un beso. No, dijiste, nunca vas a ser nada. Y me escondí en tu hombro como la primera vez. Incluso en el sueño no hubo segundo en donde no llorara.  Me acordé del 24 de diciembre cuando salí sin luz y acalorada con un celular prestado para llamarte. Atendiste y escuché a tu familia de fondo y pensé que Ciudad Jardín se llamaba así, porque vos eras una flor entre tanto verde.

Un día después me ibas a regalar el libro que terminé rompiendo. Enero juntos nos trajo el olor de los jazmines y  me enamoré de tu aire acondicionado. Entre la fragancia de lo dulce y anestesiada por las frigorías no me di cuenta que estabas mintiendo. Te diste a la fuga porque para vos decir la verdad era la cárcel.  Yo, que no sé mentir ni cuando escribo, me vi condenada por lo normal.  No sé qué verdad dijiste, eso no puedo controlarlo. La segunda vez que fuimos al cine juntos me tomaste la mano con firmeza y determinación, un stament frente al mundo: yo estoy con ella y ella está conmigo. Agosto, los masajes en la cabeza cuando me desperté llorando y me quise ir. No te vayas, dijiste. Por qué, te pregunte. A dónde vas a ir, me contestaste. Y me quedé, dejándome acariciar despacito. Para que no te duela la cabeza a la mañana y te quedaste vigilando que me durmiera.

Me despertás con delicadeza y me metes en la ducha para sacarme el frío de la mañana. Miércoles junio del 2014, la verdad te va a hacer libre pero no sin terminar con vos antes. Lloro por todo mientras me baño. En el verano mientras cortaban la luz yo me encendía en tu casa, floreció un jacarandá para los dos y ahora no tiene flores. Solo queda esperar a que crezcan nuevamente.

Amar es dar lo que no se tiene. Yo estoy en vos, siempre.  Abrí el pajarito amarillo que dejé en tu biblioteca. Ahí deje mi corazón, ponetelo. Vos no tenes uno. Abrígalo que hace frío,  dale calor. Que crezca en la maravilla que sos. Es un préstamo.  Cuando pueda mirarte sin sentir el arrebato de la sinrazón voy a volver a buscarlo.

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Helena es argentina, tiene el pelo más bonito que hayamos visto y una banda que se llama Los Galgos. En Twitter @losgalgos