Hoy se cumplen treinta años de la publicación de un disco chileno que brilla por su relato imperecedero. No estamos detenidos en el tiempo, es solo que las cosas no han cambiado mucho.

Pateando Piedras es el disco fundamental para la historia de la música pop en Chile. Sin él, no existiría Corazones y, probablemente, la música desarrollada en la primera década del dos mil también habría corrido por aguas diferentes. Es un álbum que musicaliza plenamente el 2016 en Chile. Muchos seguimos pateando piedras como en el ‘Baile de los que sobran’, tus padres y abuelos siguen trabajando al ritmo del sintetizador metálico de ‘Muevan las industrias’, en el Congreso siguen votando con ‘Quieren Dinero’ de fondo y el machismo en nuestros trabajos, colegios, universidades y hogares es idéntico al relato de ese hombre despreciable que tiene voz en ‘Una mujer que no llame la atención’.

Nada de igualdades entre mi damita y su señor
Ella en la casa y yo en el trabajo eso es lo mejor
Tú no seras estrella
Que no te vean bella
Lo que de ti me guste escóndelo
Necesito una mujer que no llame la atención

A mitad de la década de los ochenta había un hombre en Chile escribiendo canciones sobre ser un hijo sano del patriarcado, y ese hombre es Jorge González. Con la poesía mordaz, real y preciosa que lo caracteriza. Su trabajo en esta canción como también en ‘Corazones Rojos’ son el perfecto ejemplo del creador que puede apuntar al tirano y al poder incluyendo así al machismo, sin apropiarse de una lucha, sin ser el protagonista. En esta certera nota escrita por Pía Vargas conmemorando los treinta años del disco, ella se pregunta qué habrá significado para un joven toparse con Pateando Piedras en plena dictadura cívico militar, en 1986. También me pregunto qué habrá sido para una mujer escuchar esta canción -escrita por un hombre- que plantea una de sus batallas cotidianas más poderosas, en aquellos años, en aquel contexto. Si ahora nos hace sentido, cuesta imaginarlo. Qué habrá significado para un machista verse retratado en ello. Probablemente, reconocerse en silencio.

Pateando Piedras, llevas tus treinta años muy bien. Como si el tiempo no hubiese pasado por ti. Feliz cumpleaños.

Tu hablarás despacio y bajando la mirada ante mí
Te vestirás de forma que la gente no comente por ahí
Yo soy tan miserable
A todos ojos despreciable
Al menos en mi casa me impondré

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Discos por sobre ahorros en el banco. En Twitter: @javieratapiaf