El viernes pasado se estrenó #Girlboss, la serie sobre el éxito de Sophia Amoruso, fundadora de Nasty Gal. Su historia es bastante conocida, porque además de pulular por internet muchísimos perfiles en los que cuenta cómo logró montar un proyecto exitoso, hace tres años publicó el libro del mismo nombre, una suerte de guía de negocios, inspiración, biografía y manual de autoayuda.

Mucho antes de ver la serie o leer el libro, los pasos de Amoruso en los negocios eran cuestionables y distaban de ser un ejemplo feminista, aunque muchas veces se le haya intentado categorizar como tal. Además de reclamos por clientes insatisfechos y acusaciones de plagio por parte de diseñadores, fue demandada por cuatro empleadas que al haber quedado embarazadas, solicitaban su permiso de post natal. A ellas también se les unió un padre que había aplicado por lo mismo.

En el 2014, Bussines Insider publicaba una pieza sobre cómo Sophia Amoruso estaba haciendo que el feminismo se volviera cool. “Es su poco pulida marca de feminismo la que hace que Amoruso se destaque como un modelo diferente para las mujeres millenials: una mujer que está cómoda consigo misma, sin importar la forma que sea”, explicaba la nota.

“¿Es la del 2014 una nueva era del feminismo en donde no tenemos que hablar sobre él? No lo sé, pero quiero pretender que sí (…) si este es un mundo de hombres ¿a quién le importa? Sigo estando contenta de ser una chica en él”, dice la empresaria en el primer capítulo de su libro.

La figura de esta empresaria, elevada por muchos como ícono feminista por su ímpetu de lograr lo que se propuso sin pedirle permiso a nadie, es una de las mayores hipocresías de nuestra época, a la que se unen también figuras como Ivanka Trump. Vivimos en una época en la que ya no compramos sólo porque algo nos gusta, sino porque calza con un perfil de un “estilo de vida” o de un propósito más allá que el de obtener un objeto a cambio de dinero. Nos define, ya sea por el modelo de negocio o por su publicidad. (Acá lo explica súper bien Slavoj Zizek):

¿Se puede ser feminista y capitalista al mismo tiempo? Probablemente no, porque la base del capitalismo es la explotación y sin inequidad no existe. ¿Qué busca el feminismo? Completamente lo opuesto, aunque tratemos de encontrar fugas y desvíos para sentirnos mejor con nosotras mismas.

Generalmente, no me gusta usar el feministómetro, pero esto va más allá de decir que tal o cual mujer es feminista o no. Simplemente, acá estamos frente a un síntoma -peligroso- de nuestros tiempos. Sophia Amoruso es una empresaria narcisista que ha forjado su fortuna basándose en las mismas estructuras que los hombres, desde que la industria es industria.

El hecho de ser mujer no te convierte en feminista, así como tampoco tener el temple o la energía dispuesta para lograr lo que te propones. En la serie, en múltiples ocasiones, la protagonista dice que “descifró la vida”. Si descifrar la vida es ser egoísta sólo para conseguir un objetivo, quizás es mejor la ceguera.

¿El feminismo puede ser cool? ¡Es muy cool! Imagínense un mundo feminista: no nos matarían por ser mujeres; no nos definirían ni explotarían bajo las estructuras de poder político y económico que existen, podríamos movernos con total libertad por los ámbitos públicos y privados. El feminismo ya es cool. Sophia Amoruso es la heroína que no necesitamos.

Foto: Sophia Amoruso (a la izquierda) y Britt Robertson (derecha), la actriz que la interpreta en la serie

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Discos por sobre ahorros en el banco. En Twitter: @javieratapiaf