Por Pamela Carmona

Este otoño llegó a la Ciudad de México el festival Ruidosa desde el sur del Continente. El evento organizado por la chilena Francisca Valenzuela, trajo consigo actos locales ya conocidos y otra variedad de artistas de Chile, Argentina y Ecuador.

¿Se consideran ustedes feministas? fue la pregunta que abrió la mayoría de los paneles. Desde ese punto de partida, se abrió una conversación sobre los retos de ocupar espacios dominados por hombres y las diferentes identidades que llevamos al ser mujeres latinoamericanas. Migrantes, indígenas, con cuerpos y orientaciones sexuales diferentes.

Todas hablaron de la dificultad de ser tomadas en serio. Historias sobre ser confundidas con la novia o la bailarina de algún rapero; técnicos y productores que no creían que fueran la dj o la artista principal del evento, nos hicieron sentir rabia colectiva.

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Además del sexismo habitual, muchas de ellas se enfrentaron a la realidad de ser las primeras mujeres haciendo rap, punk, o cumbia en una escena determinada. El simple atrevimiento de querer hacer música, las puso en un ambiente de acoso y cuestionamiento. Inmediatamente se convirtieron en transgresoras.

Pero no todo fue rabia y frustración. También compartieron cómo la música las ayudó a encontrarse y entenderse como mujeres, descolonizar sus cuerpos y reencontrar sus raíces.

Pareciera ser que hay una conciencia distinta cuando una mujer está en el escenario. Todas expresaron preocupación por la violencia y el acoso. Desde la ansiedad de asistir sola a un concierto, hasta la constante incomodidad de no poder bailar libremente en la pista de baile. Además, resaltaron que cuando cada una de ella hace música no busca competir, si no por el contrario, busca colaborar y sobre todo apoyar a otras mujeres.

Todo esto me hizo pensar que es posible transformar la pista de baile en un espacio político. La posibilidad de en ese espacio ser conscientes de nuestros cuerpos, de nuestras raíces y sobre todo construir un espacio de solidaridad entre mujeres.

Un reflejo de esto justamente fue el concierto en el Centro Cultural España. Si bien no tuvo la masividad que caracteriza a eventos de este tipo en la Ciudad de México, se logró construir un espacio seguro para muchas de nosotras. El lugar estaba lleno de mujeres jóvenes, lesbianas y queers ocupando el espacio bailando sin temor. Fue una fiesta entre amigas.

El festival se llevó a cabo en un contexto ya conocido de violencia contra las mujeres en México. Este mismo año, se han llevado acabo ya varias marchas en contra de la violencia de género, lideradas principalmente por feministas jóvenes. La presencia de Ruidosa fue un espacio más para encontrarnos y seguir construyendo redes que nos permitan erradicar la violencia machista. Por esto y por la dicha de ver a nuestras ídolas ¡Francisca, gracias por Ruidosa CDMX!

*Todas las imágenes son del fan page de Ruidosa

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Y lloramos si queremos.