Por Tala Román

Mi abuela lavaba la ropa, mientras dejaba el arroz cocinando y mandaba a sus tres hijas e hijo a cambiarse el uniforme. Después, apagaba la cocina porque su marido no podía comer un arroz quemado y tendía la ropa. Todo limpio, todo impecable, antes de que mi abuelo llegara a casa.

Fue mamá a los 16 años. Sin saber mucho sobre la educación formal, terminó el colegio y se casó. Crió a sus hijas con la esperanza de que siguieran estudiando. Sin embargo, mi tía quedó embarazada a los 23 años, cuando estaba su tercer año de universidad. Mi otra tía, quedó embarazada a los 18 años, justo en cuarto medio. No terminó el colegio.

Mi abuelo era machista. Creía que la abstinencia iba a evitar lo inevitable. Le quitó las pastillas anticonceptivas a mi mamá diciéndole “¿cómo va a hacer tanto, no has aprendido de tu hermana?”

En consecuencia, a los 19 años de mi madre, nací yo.

Hace un tiempo, mi mamá me contó que había estado embarazada a los 17 años y que abortó. Fue terrible, algo clandestino. Para el médico brusco fue un mero trámite y no le explicó todas las implicancias. Para ella, un momento de soledad e inseguridad. Llanto, mucho llanto.

“Me muero, me muero. ¿Cómo volveré a casa para que no me vean así?”.

En el Chile de los noventa, mi abuela se divorció. Se cansó de las infidelidades, de servir. Ya sus hijas e hijo, estaban más grandes, así que se mudó a Santiago y volvió a su independencia. Al tiempo, conoció a Esteban, ella tenía 40 y él, 20 años. Se sobrepusieron a los prejuicios, al qué dirán, al Chile de ayer y hoy. Es su compañero hasta la actualidad.

Ahora, mi abuelo cambió, dentro de lo que se puede, en una larga tradición machista. A sus 66 años, es padre soltero, dueño de casa, lava, plancha, cocina. A veces llora, habla las cosas que le pasan y disfruta de la crianza a mi tía de nueve años. Hace lo que la tradición, muchos años atrás, no le permitió.

Hoy, sonaban las pisadas de mi vecina Laura bajando las escaleras. Tiene 14 años y un embarazo de cinco meses. Me dijo que quizás no termine este año de clases y que será niña. Ojalá, con más oportunidades, le dije. Ojalá, en un Chile cada vez más distinto.

*Autora: Tala Román. “Tengo el nombre de un libro de Gabriela Mistral. Periodista en proceso”. 

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Y lloramos si queremos.