Es bacán ser alta (mido 1.73), porque me salva de muchas halitosis en la hora punta del Metro de Santiago. Es bacán tener el pelo manejable y suave (después de mucha investigación aplicada para recuperarlo de varias decoloraciones). También es pulento no tener espinillas y una piel fácil de cuidar. Todas estas cosas me mantenían feliz con autoestima, caminando con la frente en alto, hasta ESA noche.

Con una amiga nos preparábamos para una fiesta full lais en un centro de eventos del Cerro San Cristóbal. Confieso que no tenía muchas ganas de ir a un hervidero de zorrones con cinco piscolas encima con cara de Depredador. En fin, iba con mi vestido de flores corto y con calzas negras (tenía frío #señoras) subiendo (pal pico) el cerro en la parte que ya no se podía en auto. Me sentía bonita y sopeá por la caminata, hasta que desde un auto una mujer (evidentemente curá) me gritó: “estamos un poco gorrrrdas”, mirándome de pies a cabeza y con cara de asco. Yo iba con un grupo de seis personas y todos se dieron vuelta a mirarme con cara de lástima, pero nadie dijo nada, como haciendo que no sabían a quién iba dirigido ese grito. De repente a todos nos dio paja ir a la fiesta. No fuimos.

El “pequeño” detalle que no les conté de mi descripción es que tengo 40 kilos de sobrepeso. O sea, en verdá, obesidad mórbida. Conozco el número y me lo recuerdan constantemente en la calle y en mi familia desde los 17 años, cuando empecé con el sobrepeso. Todos preocupadísimos, por supuesto, de mi “salud”, porque a las personas flacas que se bajan una botella de pisco solas en un carrete nadie les dice nada sobre su índice de masa corporal o riesgo de diabetes.

Mira a la guatona que no se puede ni parar de la silla

En las tiendas de ropa de Patronato he encontrado un nicho particular de gente preocupadísima de mi salud. Basta que ponga un solo pie en una tienda (calzo 40, así que es un pie bastante visible) para que me regalen un caluroso: NO TENEMOS TALLAS ESPECIALEH. Sí, porque ser gorda es ser MUY ESPECIAL: puedes encontrar en algunas tiendas un rincón de ropa cara y con estampados que hacen que tu poto se multiplique por tres cachetes. Algo la raja para mi raja. Comprar ropa es un infierno, porque es un recordatorio constante de que las cosas lindas no son para ti, porque no eres linda, así que debes conformarte con un espacio mínimo en las tiendas, con tallas grandes. Y agradece que te entre la ropa.

Ser una gorda en el espacio público me permite sacar algunas cosas en limpio, como, por ejemplo, los tipos de acoso: el fetiche sexual (“ahhh gordita rica le agarraría los techecas y prrrrrrrrrrr”, “me gustan rellenitas”) y el del EWWWW (“cacha el ropero de tres cuerpos”, “la loca deforme”). Por supuesto, comentarios no solicitados y que me hacen sentir pésimo, por lo que he optado por andar con audífonos con aislación de sonido al máximo y tratar de no mirar mucho a la gente a la cara, especialmente hombres con expresiones calentonas. (¿De verdad creen que funciona y nos vamos a ir a la cama con ustedes? Spoiler: No).

Evito a toda costa el Metro en la hora punta, porque me cuesta mucho entrar como apretujándose entre la gente. Más encima la gente me mira como “no, amiga, no vas a caber” y no lo disimulan. Miro para abajo y sigo esperando un vagón con espacio para subir.

Ser gorda no sólo te afecta caminando en la calle, sino que también se traduce en menores ingresos que las personas delgadas, por ejemplo. Varios estudios han demostrado que las personas con sobrepeso son consideradas menos conscientes, menos agradables, menos emocionalmente estables, menos productivas, perezosas, carentes de autodisciplina. “Los estereotipos corren tan profundamente que incluso las personas obesas mantienen estas mismas creencias discriminatorias sobre otras personas obesas, por lo que no es de extrañar que la investigación haya proporcionado una fuerte evidencia de que las personas obesas reciben menos que sus homólogas más delgadas”, señala esta nota de Forbes.

Mis amiguis feministas me miran con cara de horror cuando les cuento estos show pobres que me ha tocado vivir por ser gorda. Creo que de tanto empatizar con mi historia van a subir de peso y formaremos una comunidad de gordas anarquistas. Así es como nació esta columna obesa, de contar las cosas que me pasaban y me miraban con cara de espanto. Yo pensaba que era súper común que los vendedores de Patronato y las curás te gritaran en la calle.

Muchas veces he pasado de ser la “gordita linda” a la “guatona culiá”, todo depende de qué tanto me quiera o me odie la gente. Las gordas sabemos que somos gordas, ahí es donde está lo ridículo del insulto de reafirmarte que no eres “rica” o material apropiado para pajas.

Como reflexiona en el ciberespacio mi amiga Paz: “el cuerpo gordo ha amanecido como un espacio de detrimento y ha desaparecido de las posibilidades. Las gordas no podemos encontrarnos en los anuncios de ropa, de cerveza, de desodorante. No nos encontramos en el cine, a no ser que sea en comedias ridiculizadoras o en el drama que implica el sufrimiento de la gorda y su posterior redención al convertirse en delgada”. Rudo, pero real.

En ese contexto de presión donde “la gordura solo puede ser un espacio estacional en la vida, un descuido, algo que debe ser transformado en flaco”, citando nuevamente a Paz, de una lucha contra los kilos extra y frustración porque comía menos que otra gente y engordaba como loca de todos modos, es que opté por la cirugía bariátrica.

Una amiga muy querida me recomendó un doctor, al que asistí y me pidió los exámenes correspondientes. Días después, conversamos con el doctor sobre los resultados de los exámenes y me explicó que efectivamente había desarrollado un problema metabólico que me hace engordar más rápido y, para más remate, si bajo de peso produce que mi cuerpo luche para volver a su forma original de 40 kilos de más. QUÉ BONITO ES EL CUERPO HUMANOH.

Pero esta Columna Obesa no es un lugar para lloriquear, sino para contarles todos los SHOW POBRES (experiencias indignas) que he vivido por ser gorda y que se rían y exploren conmigo cómo el trato hacia mi persona gorda humana cambiará cuando baje de peso post operación. También ocuparé este espacio para contarles cómo es el proceso de la cirugía bariátrica, desde los costos hasta las peleas con las isapres para que te cubran un porcentaje digno de la cuenta.

¿Aumentará o cambiará el acoso sexual callejero?, ¿cambiará el trato de parte de mis conocidos?, ¿ganaré más dinero por ser flaca? Todas estas preguntas y más serán respondidas en este lugar. 

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.