Por Andrea Guerrero

En el evento de fin de año que realizó la Asociación de Exportadores de Productos Manufacturados (Asexma), el Ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes,  recibió de parte de la asociación gremial el “humorístico” regalo de una muñeca inflable, cuya boca estaba cubierta por un papel que decía “para estimular la economía”.

El panel de hombres compuesto también por Alejandro Guillier, pre candidato a la presidencia por la Nueva Mayoría, José Miguel Insulza, también pre candidato por el oficialismo y ex secretario de la Organización de Naciones Unidas; junto a Andrés Rebolledo, Ministro de Energía; Eduardo Bitran, Vicepresidente de CORFO y Roberto Fantuzzi director de Asexma, se reía de la analogía entre esa muñeca y las mujeres, diciendo “la economía, tal como la mujer, hay que estimularla”.

La tranquila naturalidad con que se toman este “chiste” estos políticos, dueños del capital y del país (de nuestras vidas y nuestros tiempos), es una de las evidencias más gráficas que nos ha dado el 2016, de que es la alianza criminal entre capitalismo y patriarcado lo que nos tiene esclavas, y que de eso es lo que tenemos que escapar. Y que eso lo que tenemos que atacar.

Luego de la “respuesta de las redes sociales”, no hubo demora en lamentar este hecho. Y hasta la presidenta Michelle Bachelet demostró su vergüenza. Roberto Fantuzzi director de Asexma, aseguró por su cuenta de Twitter pedir perdón, “tengo esposa, hijas y nietas, jamás la intención fue generar violencia contra la mujer”. ¿Nos interesa esta cristiana forma de arrepentimiento? ¿Es “perdón” lo que queremos escuchar de esta persona?

Todo el grupo de hombres sobre ese escenario se rieron y aceptaron con toda naturalidad este “chiste” machista y heterosexista. Ninguno se mostró en contra, escandalizado o incómodo con lo que estaba pasando: están las fotos. A pesar de lo que dice el ministro de economía, Luis Felipe Céspedes, quien afirma haberse sentido sorprendido con el regalo en ese momento. Nadie, en ese momento, fue capaz de dimensionar o siquiera notar el sexismo de comparar a una muñeca inflable con “la mujer”, quien según ellos debe ser “estimulada” por el ministro, un hombre, para así “mejorar”.

Tampoco podemos ignorar el hecho de que la única mujer que pasó sobre ese escenario era una modelo que entregó ese y otros regalos “humorísticos”. Es en ese “Club de Toby” que esta “talla” se crea, nace, crece, se realiza sin que nadie le ponga freno. Estos espacios masculinos perpetúan los micro-machismos que sustentan todo un sistema político y social que mata y maltrata mujeres. Pero es importante comprender la diferencia este panel de hombres con cualquier otro en un asado de fin de semana, partido de fútbol, tocata de rock o cualquier espacio dominado por hombres (que son casi todos). Este grupo de hombres maneja en gran parte el destino del país y por lo tanto de todas y todos los que lo habitamos.

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Entre todos, además de ser dueños de la mayoría de las empresas, y pertenecer al grupo económico que domina y maneja el país a su conveniencia, son quienes se candidatean para perpetuar un sistema económico violento y asesino. La alianza criminal de la que hablamos, entre capitalismo y patriarcado, no es panfleto. Una se reafirma a la otra todos los días, y se sustenta todo este sistema para que ellos, los risueños de las fotos, salgan beneficiados a costa de la vida de las mujeres. Y no solo porque toda su vida está apoyada en una mujer que realiza las tareas domésticas del hogar para que ellos puedan “salir a trabajar”, celebrar con los amigotes los acuerdos políticos que los van a mantener a salvo en sus privilegios, y reírse de una de las tallas más ordinariamente machistas que nos ha dado nuestro país en el último tiempo.

También se sustenta en la idea que se tiene el derecho de bromear con esto. Porque más allá de las reacciones posteriores de los involucrados, el solo hecho de pensar que en un país con altos niveles de violencia física contra las mujeres, puede equipararse a “la mujer” con una muñeca inflable ya es muy violento. Además de cubrirle la boca con un papel, lo que nos recuerda imágenes de violaciones, cuando solo el año pasado se registraron denuncias por al menos 2754 violaciones.

No es solo “irresponsable”, no es “una falta de respeto”, no tienen que “pensar en sus hijas, en sus esposas” para darse cuenta de que esto no está bien. Llevamos el triste conteo de 50 mujeres asesinadas en este país, sabemos y lo hemos argumentado tantas veces, que no existe un machismo menos grave que el otro. Y no “le damos color” de conservadoras, y si tenemos sentido del humor. Pero no podemos seguir dejando pasar estas violencias cotidianas que nos vuelven a maltratar, nos vuelven a matar. Y tenemos que, desde el feminismo, levantar organización y lograr articular una fuerza para acabar de una vez con esta ridiculez de poder. El poder masculino y capitalista, que se ríe en nuestra cara en sus eventos de fin de año. Que nos mata en el sur por defender los territorios como mataron en agosto a Macarena Valdés y como lentamente quieren exterminar en nombre de la “justicia” chilena a la Machi Francisca Linconao y a Lorenza Cayuhan.

Esto es solo el triste y violento reflejo del escenario en que vivimos como país, cuyas razones son las mismas que podemos encontrar en el cruel asesinato del niño de 12 años, y la pequeña abusada sexualmente hace algunos días: este sistema social, económico y político, capitalista y patriarcal, que nos asume y nos trata como cosas, como elementos prescindibles, al servicio de su goce y de su voluntad, y que sustenta esta economía machista, que no nos pertenece. Y que si es que se estimula de alguna manera no es sino a costa del trabajo doméstico y la explotación del cuerpo de las mujeres, que tan gráficamente se encargaron de ejemplificar. Se necesita que el feminismo tome una ofensiva más radical, necesitamos con urgencia acelerar el paso.

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Y lloramos si queremos.