Ay, esta poetaza es una grande. Vilariño es una poeta uruguaya de la generación del 45, que para que se hagan una idea es la misma de Benedetti y Onetti. Ella aportó a la literatura latinoamericana con poemas, ensayos, traducciones de Shakeapeare (entre otros poetas), además fue profesora e incluso compuso algunas canciones, como ‘La canción y el poema’ musicalizada por Alfredo Zitarrosa. Idea era una intelectual de tomo y lomo.

La primera vez que la leí quedé sorprendida por el nivel de intimidad y desgarro que era capaz de moldear en tan pocas palabras, porque sus poemas son de versos breves pero capaces de crear una atmósfera cotidiana que no puede dejar indiferente a nadie. Y digo nadie, porque los poemas de Vilariño giran bastante en torno al amor y a los desamores vividos de manera intensa. ¿Quién puede quedar indiferente frente a estos versos: “No llegaré a saber/ por qué ni cómo nunca/ ni si era de verdad/ lo que dijiste que era/ ni quién fuiste/ ni qué fui para ti/ ni cómo hubiera sido/ vivir juntos/ querernos/ esperarnos/ estar”?

Vilariño es capaz de poner en palabras poéticas, imágenes tan comunes como el pan sin sonar cursi. Y es ahí donde comienza el dolor, porque no son poemas trillados y repletos de lugares comunes,  sino matices ceñidos a esos amores intensos que cuestan, y su pluma los retrata de una forma tan revelada que al leerlos no podemos no sentir y recordar esos mismos sentimientos que alguna vez hemos tenido en el pecho.

Hay gente que dice que no lee poesía porque no la entiende, a esas personas les recomiendo siempre leer a Vilariño porque no es necesario entenderla, no hay que descifrarla, no hay palabras difíciles. La mujer abre su corazón de una forma tan honesta que es sólo cuestión de dejarse llevar y sentir lo que se lee. Creo que su libro Poemas de Amor dedicado a Onetti (con quien tuvo una de las relaciones más comentadas de la literatura latinoamericana) es terapéutico y necesario para aprender que el dolor no se esconde, sino que se vive e incluso se puede hacer arte a partir de él.

“Su poesía me produce sentimientos encontrados. Y hablo de sentir porque pocos poetas como ella se leen con las vísceras, el corazón, el cuerpo todo. Admiro su poesía descarnada, íntima, siempre intensa, sus versos tan musicales -tanto que muchas veces parecen pedir que se los cante-, su forma de tratar los abismos del sentir con la sutileza de un pintor chino. Admito, también, que a veces debo suspender su lectura -tomar aire, cruzar a la verdad del sol- quizás porque me enfrenta de un modo brutal con el horror de la ausencia, la soledad y la muerte, tres señoras cuyas miradas queman y, muchas veces, me obligan a bajar la vista –explica la poeta y narradora Silvia Arazzi sobre Vilariño-. No te veré morir, dice Idea, con audacia poética en Ya no, esa despedida dedicada a Onetti, su gran amor. En esos últimos versos, de un modo magistral, nos habla de presenciar la muerte del ser amado como un bien, un momento de fusión suprema. El momento, tal vez, de mayor intimidad posible entre dos seres. No te veré morir, pienso ahora, dirigiéndome a ella, Idea, una mujer que supo hacer una erótica del dolor y de la ausencia y que escribió poemas que ya la hicieron, de algún modo, inmortal”, remata.

Leer su poesía entrecortada, sin comas, llena de susurros y simplezas me hace imposible no levantar un pequeño suspiro, un “ay” cada vez que pienso en sus poemas.

Susurramos

Susurramos
decimos
murmuramos
tibio blablá al oído
a los labios la piel el pelo
acariciándonos
con voces
con sílabas
con emes
con sonidos

Author

Bibliotecaria y poeta. Amante de la lectura en todos sus soportes: palabras, imágenes y movimientos (geminiana, por supuesto).