Por Bárbara Carvacho 

Ayer, llegando a mi parada, el señor de la construcción me dijo que le chupara el pico, que me lo iba a meter hasta el fondo, que se iba a bajar conmigo. La proximidad del Transantiago, repulsiva. Me siento repulsiva. “Chúpame el pico”.

Podría estar años escribiendo sobre mis amigos, de los que sé harto y de los que no sé tanto. Hay algunos que conozco hace años y otros a los que sólo conozco hace un par de semanas. Aún cuando no hayan dormido en mi casa ni yo en la suya, me gusta llamarlos amigos: me cuentan sus rutinas, me miran a los ojos, me piden que avise cuando llegue, esperan que tome la micro.

Desconocidos que fueron amigos que fueron pololos que fueron desconocidos que fueron amigos.

Coca-cola me hizo llorar en la Navidad entre cuarto y quinto básico porque tenía un comercial sobre vagabundos pasando las fechas solos, tristes, pobres y sucios. Ya no lloro en Navidad porque ahora mi papá viene a comer con nosotros entonces no puedo pensar que está solo pensando en cómo arruinó lo mejor que le pasó en la vida. Sí me emociono. Me emocioné el 2017. La Maite me regaló En esta noche, en este mundo.

lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve

Hace rato que no te veo. Rato, para nosotros, significa un par de semanas. Para nosotros, que ya no existimos. Mi corazón late como panita. Mancha. Hay algo que no puedo olvidar: lo que nunca me diste.

Espumante para todos los sobrevivientes. Copas para celebrar que no vamos a seguir llorando por las partidas. Tres copas por el auto cargado de mi papá y dos más por ese primer amor que no volverá. Está bien así, qué sería de mí sin estas heridas, sin estas estrías. Que vivan las partidas, que viva la muerte.

Estoy aburrida de todos estos hueones. Violentar, violar, matar. Violentar, violar, matar. Matar, matar, matar. Yo los voy a matar. Voy a pedir un cargamento de bazucas rosadas, ya las coticé en Aliexpress. Yo las coticé y ustedes van a morir. Les voy a sacar los ojos, les voy a cortar los huevos, les voy a rebanar el pico y se los voy a meter en el hoyo.

Te amo todos los domingos cuando me das plata. Te amo todas las veces que pides perdón y te vuelves a humillar. Te odio cuando no dejas de pedir perdón. Te odio cuando me sacas en cara la plata. Ya no sé cuál es cuál, al final es igual. No me gusta hablar de ustedes, aunque los conozca hace años y hayamos compartido en Navidad.

Un día antes de quedar privada de libertad por primera vez, estuve con ellos. Nos gustan las drogas rosadas, las pelucas y el espumante, seguramente somos sobrevivientes de quién sabe cuántas papas duquesas. A algunos los conozco mucho y a otros muy poco. Creo que ninguno durmió en mi casa. Hay algunas cosas que sí se ven.

518, 403, tengo que buscarme una nueva. Una sin construcción, una sin picos, no hasta que llegue mi cargamento de bazucas rosadas, por lo menos. Bazucas y tusi, picos para todos. “Chúpame el pico”. ¿Y si te corto el pico y te lo chupai solo?

lo que pasa con mi panita es que no se ve
lo que pasa con tu decencia es que no se ve
lo que pasa con tus huevos es que no se ven.

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Y lloramos si queremos.