Por Priscila González Badilla

En Santiago Morning pudieron haber hecho historia. Pudieron haber presentado a la primera mujer Directora Técnica de un equipo profesional masculino de fútbol en Chile. Pudieron haber enfrentado fácilmente las “críticas” porque estamos en el siglo XXI de nuestra era. Pudieron haber demostrado que efectivamente “Chile cambió” y que hemos ido superando las desigualdades, que ser mujer en Chile no te impide desarrollarte en lo profesional y no hay trabas para las niñas del futuro. Nos ilusionaron y después nos decepcionaron. Lo sabían, pero deliberadamente no quisieron. La apoyó el presidente del club, pero después la dejaron en segundo plano . Paula Navarro no es un caso aislado y por eso siento la necesidad de poner esto en contexto.

Hay algo que nosotras hemos aprendido a veces con porrazos propios o viendo a nuestras mujeres cercanas: Si eres mujer, el lugar donde estés lo tienes que merecer mucho más que un hombre, y lo vemos en el amplio espectro del espacio público en que históricamente nos han discriminado. Hace algún tiempo escribí una columna sobre el “ídolo” Iván Zamorano, la relación que decía tener con sus hijas e hijo, y las barreras machistas del fútbol, sobre cómo en un programa de TV relató la emoción de que haya nacido su hijo varón, el tercero, pues solo con él por ser hombre podía desarrollar una relación en torno al balón. Sucede que no soy una persona futbolera, particularmente. Dirán que entonces no puedo hablar, pero quiero aclarar que puedo hablar de lo que se me pare la raja, disculpando el francés. Soy feminista y  me intereso por los lugares en que no somos tan bienvenidas, y admiro y agradezco a las mujeres que se plantan en ellos.

Dicho esto, retomo la idea de tener que merecer muchas veces más el lugar que ocupemos en lo público. Paula Navarro tiene 45 años, estudió en el Instituto Nacional del Fútbol, de donde egresó el 2011; complementa sus estudios con cursos en clubes extranjeros como el Barcelona y el Athletic, y su experiencia dirigiendo equipos no puede decirse que sea menor. ¿Tengo necesidad de evidenciar lo anterior? Claro, porque a Navarro se le ha cuestionado justamente que no tenga experiencia suficiente, incluso que no haya jugado como profesional. ¿Acaso Sebastián Beccacece jugó como profesional? ¿Sampaoli? ¿Acaso el mismísimo Bielsa no tuvo un paso fugaz como jugador de Newell’s? ¿Acaso no hay una larga lista de ex futbolistas profesionales y grandes fracasos como directores técnicos? ¿Por qué nosotras tenemos que demostrar tanto antes de asumir? Pues, se desvanece el argumento y aparece el prejuicio.

Nota aparte, ¿cómo podíamos exigirle a Navarro que fuese profesional, si siendo chilena aún hoy a nuestras jóvenes futbolistas no le hemos dado condiciones óptimas para su desarrollo? Muchas de ellas tienen que sacrificarlo todo por una pasión ingrata, un futuro incierto y desigual competencia con los colegas hombres. Con todo, el fútbol femenino ha dado importantísimos triunfos en nombre de Chile y sus clubes.

Pareciera ser que aunque tengamos las credenciales y la experiencia, tenemos que contar con la venia, aprobación o recomendación de los colegas hombres. Algunos se mostraron abiertos a la posibilidad, pero al capitán Hernán Muñoz prefirió decir a los medios de comunicación:

“Me sorprende. Al principio lo veía como un rumor medio vago. Estoy en total desacuerdo con la concreción de lo que se está hablando. A mí modo de pensar, que una mujer esté en un camarín masculino se sale de contexto, por la comodidad de los jugadores […] Por los argumentos que estoy dando, sería inmaduro que me trataran de machista. No estoy poniendo en duda la capacidad. La mujer ha avanzado mucho y tiene la capacidad suficiente, pero de ahí a entrar a un camarín masculino, es distinto. Sé que es una buena entrenadora, pero no sé si es lo correcto. No estoy de acuerdo”.

Capitán, con todo respeto: ¿Qué cresta hacen en el camarín? ¿Se chocan los penes que no pueden invitar a una entrenadora? No se dirige con la tula, anótelo en su libreta. Si no quiere ser tratado de machista, entonces no hable, no piense, ni actúe como tal. ¿Cómo cresta quiere que le digamos? Si no lo decimos, entonces no existe. Reconozca que el medio futbolístico es hostil con las mujeres, y aún más: haga argo soa Hernán, porque de la misma manera que me pregunté para el caso de Zamorano, ¿qué ha hecho usted para no ser calificado como tal?

Durante este año hemos visto caer a varios ídolos de distintos ámbitos por dejar en evidencia su machismo y la impunidad de la que solían gozar. Es cierto: hoy estamos más atentas a lo que los personajes públicos expresan, y hay una respuesta espontánea de nuestra parte, especialmente como usuarias de redes sociales. Por supuesto que el mundo del deporte no escapa de ello. Hace solo unos días Jorge “Mago” Valdivia calificó la actitud de Marcelo Barticcioto como “niña”, por una discusión en el contexto de las elecciones presidenciales:

“Barti? El mismo q dice libertad d expresión pero cuando hablan d él se pone como una niña? El mismo q dice libertar d expresión y cuando hablan lo q a él no le gusta ataca con sus ironías ? Vale (sic)” 

No vale la pena referirnos a ello, es tan evidente que prefiero que vayamos a otros ejemplos.

Incluso con más proximidad en el tiempo, en otros ámbitos del deporte hemos cuestionado los dichos de nuestros deportistas. Sebastián Keitel, ex atleta, expuso su punto de vista sobre el premio del Círculo de Periodistas Deportivos a Arley Méndez, el pesista de origen cubano a quien se le otorgó la nacionalidad por gracia, como el mejor de los mejores. Keitel tuiteó:

“Feliz de que más deportistas extranjeros se nacionalicen chilenos, es notable para el crecimiento social y deportivo del país, pero para recibir el premio “mejor de los mejores” me parece importante regular que al menos lleven compitiendo 3 o 5 ańos por Chile…” (Sic).

Las respuestas fueron masivas y durísimas con Keitel. Hoy, Keitel es diputado electo con el apoyo de Chile Vamos, por lo mismo se encuentra más expuesto, sin embargo, una parte fundamental de la construcción de opiniones es la confrontación, que muchas veces se evita por medio de la vieja táctica de la victimización. Usuarios de redes sociales acusan a Keitel de xenofobia. Pues bien, si en esa polémica ponemos en cuestión cuáles son los valores que debemos fomentar en el deporte, ¿por qué habríamos de dejar fuera el cuestionamiento al machismo? Hacerlo es pertinente, necesario y urgente.

Como punto aparte, esta polémica nos hace olvidar que junto a Méndez se reconoció a Amanda Cerna con el “Cóndor de Oro”. La joven chilota sin duda que ha destacado por los valores de perseverancia y superación en el deporte paralímpico y en la vida misma. Si bien esta columna no se trata directamente de ella, quisiera que no nos olvidáramos de lo implica ser mujer, deportista paralímpica y habitar este territorio.

El medio futbolístico nos da mucho material para aplicar nuestro feminismo y solidaridad entre mujeres. Sin ir más lejos, hace algunos meses observábamos impactados cómo Romai Ugarte se comportaba con la inclusión de Grace Lazcano en un programa deportivo en la TV por cable. Tuvimos que soportar (y confrontar) la misoginia disfrazada de libertad de opinión cuando Érika Olivera nos dejaba de una pieza al afrontar a su abusador públicamente: su padrastro. Nos enteramos de cómo le habían hecho la vida a cuadritos a María Fernanda Valdés, solo por ser mujer y moverse con grandes resultados en un mundo masculino. De hecho, ella también fue campeona de levantamiento de pesas de su categoría hace algunos días. Los discursos de odio no son inocentes, no son casuales y los combatimos con fuerza.  

La relación entre nosotras y nuestros cuerpos es tensa. Constantemente nos bombardean con mensajes de odio hacia nosotras mismas, y por lo mismo, la manera en que nos relacionamos con el deporte es dura, es distante, es ajena. Hay mujeres que a diario se enfrentan a ello, asunto que no afecta de manera generalizada a los hombres, que son socializados en la actividad física, el liderazgo y la competencia. Seguro que antes ya hubo alguna. Imagínate por un segundo que eres la primera mujer en dirigir un equipo de fútbol profesional masculino en Chile. Piensa en lo duro que ha sido el camino, en las historias que has vivido, en cómo lo has hecho para validarte y llegar hasta esa instancia. Pues eso hoy no pudo ser.

“A veces se gana, a veces se aprende. Nunca se pierde”, se dice en el grupo en que desarrollo mi actividad deportiva. En este caso y aunque nos duela, hemos aprendido todas una lección más del machismo en el fútbol. Pero de seguro no hemos perdido: que al menos esto no pase piola.

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Y lloramos si queremos.