Por Andrea Ocampo Cea

Este año ha sido especialmente violento conmigo. Y yo he tenido que serlo también. No bastando con tener que padecer todo el horroroso sistema financiero que dejó a mi mamá sin casa, que dejó a mi abuela endeudada por no poder operarse por el AUGE, que me tiene defendiéndome del Estado por no poder pagar el crédito con el que tuve que estudiar en la Universidad, súmenle el terminar siendo meme y basureada por cuando ordinario picao’ a artista, quiera hacerlo. Porque sipo’, porque una está loca, porque una dice que no, porque una es feminista, porque una es gorda y además es heavy y da la cara (porque “¿qué se cree esta hueona?”). Este año han subido mis fotos a cuanto foro y post de Facebook odioso han querido. No han sido solamente hombres y aún sigo encontrándome con cosas; llevo registro de casi todo. Porque yo así cobro, ahorro para el futuro. Para cuando todos se la den de feministas, cool, bacanes de la paz y amor, ahí te caigo yo como el karma, como el fantasma de esa persona que quisiste matar, que quiste borrar, que quisiste hacer desaparecer.

Luego, si a eso le sumamos la violencia hacia las mujeres que estamos sufriendo en la calle, en las relaciones, en el trabajo -violencias que históricamente han sufrido nuestras madres y abuelas- hace que me encuentre con un país bien de mierda. Un país que no sólo le está robando la vida y el sueldo sus trabajadores, sino que también les roba los sueños a los trabajadores, a los inmigrantes, a los adolescentes y absolutamente a todas las niñas y mujeres que conozco. Un país donde una no puede ser experta en algo (no puede saber), donde los medios de comunicación han reducido su labor a generar hashtags, likes y memes; donde pueden resumir la vida del otro a su mínima expresión, sin vergüenza. Donde la música de la clase baja no es música. Donde el cuerpo de las mujeres es un asunto público, igual de público que esos chistes misóginos y violentos sobre la suegra, la violación pública, la menstruación, las mujeres con dientes menos o las mujeres “sueltas de cuerpo”. Un país de mierda donde no me gusta vivir.

Ayer y hoy las redes sociales explotaron con el #NiUnaMenos, un hashtag que denuncia cómo están matándonos en toda Latinoamérica, cómo nos secuestran, nos drogan, nos violan, nos queman, nos golpean, nos degollan, nos empalan, nos asfixian, nos desmembran, nos esconden en tarros de pintura, en el techo, en los ríos, en las acequias. En la micro de vuelta a la casa, vi al menos a dos escolares pasando el scroll y el flyer rosadito pasó una y otra vez. Mis ex alumnxs de Balmaceda Arte Joven ya se organizaron para ir a la marcha. Incluso mi mamá quiere ir conmigo y eso me alegra mucho, porque si ella es capaz de movilizarse, todas nuestras madres y abuelas pueden dejar de callar y comenzar a contar y poner en obra las injusticias de las que han sido presas. La rabia que han acumulado.

Esta marcha se da en el contexto de las elecciones municipales. Proceso politiquero que es capaz de crear leyes exprés para arreglar cagazos internos del sistema. Elecciones que también sabremos serán históricas por la falta de interés, por la desconfianza en los políticos, en los partidos, en sus arreglines y las pocas ideas que se discuten. Pero también por la pavreza de candidatos.

Vale entonces preguntarse ¿Cuál es el sentido de la marcha de hoy? #NiUnaMenos no sólo debiera recordar a las cientos de mujeres que mueren diariamente en manos de hombres que se sienten con el derecho de poseerlas, de hacerse propia la vida y la muerte ajena. No sólo sirve para saber cuán estúpidos son tus amigos del Facebook que quieren #NadieMenos. No sólo sirve para sentirte parte de un mar de gente. Debe servir para pensar en las opciones que tenemos para hacer redes y defendernos. No por subir un flyer y salir a marchar las cosas van a cambiar. Nuestra generación debe aprender a usar la tecnología junto al pensamiento, usar las redes sociales y su efectividad para nuestro bien.

NECESITAMOS HACER, dejarnos de discursear y ponernos a trabajar por las mujeres que queremos ser, por las mujeres que queremos que nuestras hijas puedan llegar a ser. Es paradójico que en el Gobierno de una mujer -de la única mujer-médica que ha sido Presidenta de Chile- estemos sin aborto legal, percibiendo menos sueldo, con limitadas oportunidades laborales, con gastos médicos y sociales por sobre los hombres. Con nulas políticas públicas para la educación sexual y la prevención del VIH. Bachelet nos mantiene empobrecidas e ignorantes, y eso es imperdonable. Es imperdonable porque mi abuela apenas se pudo el poto para ir a votar por ella, porque mi mamá gastó sus dedos -ya sin huella digital de tanto tipear- en un voto para ella. Porque las mujeres de Chile creyeron en ella. Porque yo necesitaba creer en ella. Porque nuestras madres creyeron que el género llevaba consigo una noción intrínseca de justicia, una alegría que nunca llegó.

Entonces necesitamos hacer del feminismo algo más que un ejercicio teórico, necesitamos evidenciarlo práctico. Porque esta es una estrategia política y simbólica. El feminismo nos conviene, porque nos mantiene unidas, lejos del ego individual, lejos del arribismo, lejos de la soledad que permite que abusen de nosotras, que nos traten como una cosa, como una masa culiable (o inculiable = feminazi). El feminismo debiera servirnos para arrasar con las jerarquías, con el binarismo, con los prejuicios, incluso con los nacionalismos. Debiera servirnos para no agotarnos en la estética rosadita de las niñas en pelotas del Instagram que se dicen respetar y hasta postean frases de oro. Sin reflexión, sobre la autoimagen y el feminismo, todo eso termina siendo un collage forzado: Un “casi entiendo”, un #NadieMenos.

La pregunta del feminismo, entonces, no debiera agotarse en el apoyar, en el marchar, en el discutir, en el leer (sí, hay que leer. No le tengan miedo a leer, a volverse inteligentes; no van a perder nada). Debe ser obra, pega, colectivo, red, manual, informativo, medio de comunicación, comunidad. Cabras, somos nosotras, esta generación, la que tiene que encontrar salidas prácticas. HAGAMOS LA PEGA. Que las RRSS sirvan para algo. Pero primero preguntémonos ¿Creemos en nosotras mismas? ¿Creemos en la compañera del lado? ¿Creemos en la palabra del otro? ¿O nos hemos acostumbrado demasiado a que nos mientan? ¿Nos hemos acostumbrado a la decepción? Debemos confiar y saltar. Es un salto de fe, en la amiga, en una misma.

#niunamenos 👩🏼👩🏽👩🏻👧🏿👸🌹

Un vídeo publicado por Camila Crossa (@crossagrossa) el

No se olviden que nuestras compañeras más antiguas leyeron mejor que nosotras, escribieron mejor que nosotras, pegaron combos mejor que nosotras. Pongámonos en onda y no nos engañemos. Ninguna de nosotras es la última chupá del mate. Todo lo que hacemos, se lo debemos a una mujer anterior que exploró áreas por primera vez y se enfrentó en bruto al mundo. Probablemente, todos dijeron que esa mujer estaba loca, era problemática, estaba equivocada o lo que sea. Basta de ese pensamiento de princesos. No somos originales: todo lo que haces se lo debes a alguien. Tu esfuerzo personal sólo le hace honor a las que vinieron atrás, a las que incluso murieron por pedir que les pagaran por su trabajo. El feminismo nace en el momento en que la mujer deja de autoconcebirse esclava del otro. Cuando exige los derechos mínimos ¿Cuándo vamos a dejar de ser esclavas del otro? ¿Cuál es tu otro? ¿Qué es lo que te tiene mal? Lucha contra eso junto a tus amigas, porque nadie lo hará por ti.

Otra cosa: cuando hablamos de “mujeres” entendámoslo como todxs aquellxs cuerpos/sujetos que se sienten identificados como mujeres. Independiente de su anatomía. Además, no todas las mujeres somos iguales y esa diversidad es imprescindible. No existen feministas de primera o segunda categoría por pertenecer a cierta etnia, a cierta ola, a cierta escuela, a cierto peluquero, a cierta discoteca, a cierta universidad. No eres feminista de primera o segunda categoría por chupar pene o chupar clítoris. Igual recomiendo ambas prácticas. Después de eso nadie te cuenta el cuento y puedes elegir / exigir con conocimiento de causa.

TE PROPONGO ALGUNAS COSAS:

1) Conforma o se parte de redes por oficios, por ejemplo: “Periodistas Feministas”, “Profesoras de Lenguaje Feministas”, “Bailarinas Feministas”, “Peluqueras Feministas” donde se puedan conversar sobre acciones prácticas, sobre pautas, sobre dudas. Busca a tus pares y deja de competir. Ayuda, acompaña, escucha.

2) Aprendamos defensa personal. Las cosas no cambiarán con la marcha. Si el viernes vuelves tarde a tu casa, igual vas a andar asustada por la noche. Seguimos necesitando un plan B.

3) No cuestiones a tu jefa, a tu polola, a tu hermana, a tu amiga, a tu mamá, a tu abuela, a tu hija. Desacostúmbrarlas a dar explicaciones. Cuestiona las ordenes de los hombres que te rodean. Observa su reacción.

4) Escúchate hablar ¿Cuánto de lo que estás diciendo es horriblemente machista? Sorprende hacer ese ejercicio. Ojo con expresiones como “decente”, “como la gente”, “señorita”, “suelta”, “loca”, “culiá”, “conflictiva”, “dios quiera”.

5) Deja de juzgar a tu amiga, hermana, prima, sobrina por la cantidad de pololos o amantes que tiene. La fidelidad es un invento del patriarcado ideado para que el único que goce tu cuerpo sea un (“el”) hombre (“de tu vida”). Curioso que no corra para ellos ¿no?

6) Deja de regalarle muñecas y autos a tu hija/o. No le enchufes un tablet cada vez que se ponga preguntón. Déjalo usar el pelo largo, Déjala abrirse de piernas y ser ruda, si quiere. Así mismo, toma la iniciativa tú, toca la entrepierna tú primero, para el carro, di que no, no contestes si no quieres. Asume el protagonismo de tu vida. Paga la cuenta tú. Necesitamos menos mujeres pasivas, necesitamos ser más activas. Si el chilenito pollerudo se te asustó, te invito a Plaza de Armas. Y si tu polola te obliga a tomar el rol de “macho”, vírate. Ese es un proceso de des-binarismo que ella tiene que aprender sola. Sólo vas a sufrir.

7) Si eres madre no te olvides de que esa es una sola dimensión de tu vida. En las otras, siguen estando tus amigxs esperando reencontrarse con la mujer que eres. Si eres madre tienes derecho a desear a todos los hombres que quieres, a ver porno, a dormir, a mandarte a cambiar si quieres. Pide ayuda y déjate ayudar. Los niños necesitan aire, tu también.

8) No seas ciega, las mujeres en Chile abortan. Pero es ilegal y se pueden morir sin la ayuda adecuada. Lo que tú piensas sobre el aborto no tiene porqué pensarlo otra persona. Sobretodo si desconoces la historia de esa mujer que no quiere / debiera parir. Ayuda y si no quieres, limítate a no retrocedernos. Déjate de joder.

9) Si ves un linchamiento en redes sociales, pregúntate cual es la posición que ocupa esa persona en medio del troleo. Si es una mujer, ya sabes qué es lo que está funcionando. Si es gay, ya sabes qué es lo que está funcionando. Si es un flaite, si es un inmigrante, si es un anciano, ya sabes cual es el dispositivo que está operando: independiente de los argumentos, ese dispositivo llamado patriarcado/misoginia/machismo está operando.

10) Expresa tu rabia, tus miedos, tus esperanzas, tus desasosiegos. Deja de ser quien escucha, quien contiene. Quien lava la ropa, quien ayuda a que el otro logre sus sueños ¿Cuántos sueños o experiencias le debes a esa adolescente de 17 años que fuiste? Cúmpletelas ahora. Con o sin guagua, con o sin guata, con o sin plata, con o sin permiso, con o sin tiempo libre. Ganarse la vida, no puede ser solamente ganar plata. Significa “ganarle” a la vida que este sistema te tiene preconfigurada.

11) Tócate, tócate, tócate. Aprende lo que es un orgasmo y exígelo cuando estés en pareja, tríos, cuartetos o lo que quieras. Tu cuerpo es tuyo y es rico. Te lo digo yo, que probablemente tenga 30 kilos más que tú y me hacen sentir rica igual. Y eso ocurre porque yo me siento así. Tu celulitis te preocupa a ti. Tu rollito dicen que es rico. Déjate de buscar excusas para ser infeliz.

12) No le tengas miedo a enfrentarte a tus pares hombres. No estás sola. Todas tus amigas están contigo, por lo tanto, no te olvides de alimentar esa flor de los siete colores llamada amistad / sororidad.

13) No compitas por un hombre con otra mujer. Probablemente no se las merezca, a ninguna de las dos. Karen Paola ya lo sabía desde su legendario single “No por él”.

14) Sé generosa y aprende a desobedecer. No le tengas miedo a desobedecer. Lo más terrible que pueda pasar es que no le cumplas las expectativas a un otro. Siendo generosa contigo misma, lo serás también con los demás.

15) Valídate por tu trabajo, no por tus tetas o culo. Deja de venderte. Además, nadie te va a comprar al precio justo. Si tu trabajo son las tetas o el culo, haz de esa dimensión una fuente de conocimiento, hereda tu experiencia. Hazte interesante para las mujeres, vuélvete peligrosa. Que no todo se agote en el depilado, en el pololo con auto, en el like del Facebook.

16) Deja de escuchar canciones de amor. Esas canciones te están enseñando a amar de una manera equivocada. Nadie muere de amor, nadie mata por amor, nadie es dueño de ti, ni de tu cintura, ni de tu pelo. Ese amor no te sirve de nada, sólo le sirve al otro, a ese que quizá amas pero tiene más derechos y libertades que tú. Ese amor es también una esclavitud. Independízate de esa pesadilla. Empieza a escribir esas canciones tú.

17) El plato con más comida, también puede ser tu plato y puedes dejar de depilarte si eso quieres. No necesitas joder con el aseo y orden de tu casa. Nadie viene a supervisarte, ni opinar cómo vives, comes, vistes, amas. Nadie tiene por qué juzgarte. Tú también deja de hacerlo.

18) Usa condón. No hay para qué creer en la fidelidad. Si eso te importa, no te desoigas. Sabes que nunca te equivocas. Así que usa condón, pásalo bien, déjate de joder. Además te protege y ayuda a que el pene se mantenga más tiempo erecto. Aprende a penetrarles. Mételes el dedo por detrás. A casi todos les gusta. Busca una textura tipo nuez y presiona. Como dicen las Tortas Golosas: “Chupa choro”. Compite en igualdad de experiencia sexual. El conocimiento y el placer es poder. Eso debiera significar, en primer lugar, “empoderarse”.

19) Deja de flojear y descansar en otros. No eres una muñeca, nadie debe hacerse cargo de ti, más que tu misma. Tu poto no tiene ruedas, no naciste en cuna de oro, todo lo que tienes es prestado. Haz cosas por ti misma, aprende a cambiar ruedas de auto, arreglar puertas, pintar paredes, poner clavos y enséñale a tus amigas. Dejemos de depender de otro.

20) Confía, da confianza y hace. Confía en tus compañeras y hace. Confía y hace.

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Y lloramos si queremos.