Estos días he leído varias veces la palabra «meritocracia». En caso de que no lo sepa, es un término que la RAE define como «sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales». Con la victoria de Piñera, todo indica que una gran parte de Chile cree en este concepto, que hay que trabajar duro para surgir. Esto suena sensato, porque obvio que sin esfuerzo no consigues nada. El problema radica en lo siguiente.

Primero, la meritocracia pretende que con esfuerzo se gane dinero y que eso lleve a una buena calidad de vida, porque así, te vas a poder pagar la salud, la educación y todo lo que realmente son derechos que se deberían tener por existir. Por lo tanto, es un concepto capitalista que implica que el único esfuerzo que vale la pena es el que te proporcionará dinero; no vale si pasaste años escribiendo un libro, haciendo una pintura, investigando sobre algún tema de interés, o haciendo activismo para un mundo más justo.

Además, en la ideología capitalista, los esfuerzos significan educarse e ir a la universidad ¿cómo es posible hacerlo si hay que pagar mínimo trescientos mil pesos mensuales que no tienes, o que puede que sí, pero que esté destinado a alimentarte y a vestirte? Es fácil tener méritos cuando se te dan todas las facilidades. Al final, los que tienen plata consiguen méritos y los que no, «que se esfuercen el doble». Si es que no pudiste ir a la universidad, bueno, haces tu emprendimiento o te empleas en un trabajo en alguna empresa, porque eso basta para vivir y mantener a la familia. Porque no hay gente que se levante a las cinco de la mañana y cruza la ciudad en micro desde Lo Prado hasta Peñalolén, desde Puente Alto a Las Condes. Desde donde se pueden comprar o arrendar una casa hasta donde está el trabajo. Porque quienes asean los supermercados, los mall, las universidades, las casas de barrio alto, no salen a las once de la noche y llegan a las doce o una para, al otro día, volver a levantarse a las cinco. Porque, como en la clase alta, basta con que solo una persona provea –generalmente el jefe del hogar—, mientras los hijos e hijas sólo se preocupan de estudiar. Porque es deber de los padres pagar los estudios a quienes trajeron al mundo, sino, no se preocupan lo suficiente. Porque a pesar de todos los sacrificios, no ganan doscientas setenta lucas mensuales. Todo esto pasa y no ganan más plata por mucho tiempo que dediquen.

Irónico. Parece que muchas personas, tanto de clase alta como de media o baja, creen que con el esfuerzo basta. Creen flojo al resto y que quieren todo gratis. Los ricos jóvenes dicen que se pagan sus cosas –con la mesada del papá—, y se consiguen trabajos con buen sueldo desde el principio porque, también, el papá los apitutó. Los viejos ricos dicen que si ellos pudieron salir adelante, cómo los demás no, pura flojera. Los menos privilegiados exclaman cosas como «yo me pago el CAE solito», «yo tengo que trabajar y estudiar y no le reclamo a nadie» (¿y acaso sus ingresos han mejorado por eso?). Está bien, hay que arreglárselas como se pueda para salir adelante, el tema aquí es que no debería costar tanto.

Dirán que la gente que hoy es rica se tuvo que esforzar en su momento y que por eso pueden facilitar las cosas a sus sucesores. Otras simplemente nacieron así y siguieron así. El problema es que jamás el mundo había sido más competitivo que hoy. Ni siquiera basta con sacar un título universitario para conseguir buen trabajo, sino que hay que sacar magíster o doctorados y estudiar por muchos años más y, adivinen: hay que endeudarse y pagar muchos años más.

Voy a ejemplificar con una conversación real que tuve con una prima. Ella egresó con muy buenas notas de su universidad, y a la hora de buscar trabajo, el sueldo que le ofrecían era el mínimo. Al relatar su experiencia a otra persona, esta le sugirió que mejor pusiera un local de completos, que le iría mucho mejor. Frustrada, me dice «¿para qué entonces ocupé tantos años en estudiar y, además me endeudé?». Bajo esa lógica, mejor ponía el local desde el principio y ganaba mucho más, pues no perdía tiempo y no se endeudaba. Además, ella quería trabajar en algo relacionado a lo que había estudiado, por algo se dedicó tantos años a aprender sobre esa área.

Ella no es el único caso. Mucha gente entra a la universidad pensando que así se asegura un futuro, y al salir, se encuentra con que donde vayan, sus sueldos son poco más que el mínimo. Además, si les pagaran mejor y las horas de trabajo fueran más razonables, las personas podrían enfocarse en sus proyectos personales mientras viven de un empleo pasajero. Como eso no es posible, deben trabajar para vivir, y para vivir mal.

La desigualdad no va a disminuir porque haya ganado Piñera, porque por mucho que crean que va a dar más trabajo, los va a dar en las mismas condiciones que hay ahora. Porque él va a beneficiar a los empresarios, no a todo el espectro que votó por él que no pertenece al sector rico del país.

Aclaro que quienes pedimos lo esencial, como salud o educación gratis, no queremos todo gratis, y tenemos bien claro que hay que esforzarse para salir adelante. Solo que nuestra concepción de éxito no siempre es como la de quienes abogan por la meritocracia y nada más.

Author

Feminista y antiespecista interseccional.