A dos años de la muerte de Antonia Garros, su madre, María Consuelo Hermosilla, sigue moviéndose por lograr que la inducción al suicidio se tipifique como delito. Conversamos con ella sobre el trabajo de la fundación y el nulo interés del Congreso de Chile para legislar sobre el tema. 


Este 7 de febrero se conmemora el segundo aniversario de la muerte de Antonia Garros, una mujer de 23 años que cayó del piso 13 del edificio en el que vivía su pareja, en Concepción, y que de inmediato su círculo más cercano calificó como un suicidio inducido por la violencia que la joven recibía de parte del hombre de 33 años.

Del horror para una familia nació muy poco tiempo después la Fundación Antonia. “Es una decisión que tomamos desde el principio. Días después de que murió Antonia yo dije que iba a crear una fundación, porque después de yo misma acudir a muchos lugares, a consultas de profesionales de la salud mental, vi que nada había resultado. Pensé en que no bastaba con un siquiatra o un psicólogo, o con ciertos abogados, tenía que existir una red organizada de personas que trabajen con la temática de la violencia”, explica desde Concepción y a horas de conmemorar el Día Contra la Violencia en el Pololeo, María Consuelo Hermosilla, madre de Antonia.

“Lo principal era atender a víctimas de violencia y partimos pensando en atender a víctimas de violencia en el pololeo, pero a las semanas de estar instalados, nos dimos cuenta que era poco llevadero, porque las personas que llegaban a la fundación no solo estaban en situación de pololeo, sino también relaciones formales y que no tenían respuesta o no les había dado resultado acudir a las Casas de la Mujer o al SERNAMEG”.

Para pedir ayuda en Fundación Antonia no existe el requisito de haber puesto antes una denuncia en la justicia. “El único requisito es que ellas quieran recibir ayuda. No quisiera expresarme en lo bueno o malo que hacen, pero estas otras instancias no dan a basto. Te lo digo por los casos que recibo y también por cómo me tocó a mí vivirlo con la Antonia. Acá es una atención completamente diferente. Cuando una persona que sufre violencia pide ayuda, esa ayuda debe ser entregada lo antes posible, porque la persona se atrevió a pedirla. Y antes de eso, hubo un proceso largo en el que ella no se atrevió a hablar, por lo tanto, como sociedad y entorno hay que estar atentos a que cuando esto suceda, uno pueda otorgar de inmediato esa ayuda”.

¿Cómo ve María Consuelo los procesos personales de quienes se acercan por ayuda a la fundación?. “Veo como cambia toda la postura sobre su vida”, responde. “Ves que llegan personas absolutamente anuladas. Otras que llegan con poco tiempo de relación, pero que han sufrido mucha violencia. Se nota hasta en lo físico. Su forma de caminar, de hablar. Son personas absolutamente sometidas. Acá es muy bonito lo que sucede, porque hacen un trabajo con el que ellas destacan cómo van mejorando, cómo se veían antes y cómo se ven ahora. Es muy bonito ese proceso de sanación. Hay veces que llegan personas que ni siquiera están sanando la última relación, sino toda una vida, porque partieron desde una educación donde recibieron violencia, como si ese hubiese sido el único camino. Hace un tiempo llegó una joven de 16 años que tuvo su hijo a los 12 y me dijo que hace algunos meses, la persona que le dio nuestro contacto, le había dicho que lo que hacía su pareja era violarla. Ella no sabía que así se llamaba lo que pasaba”.

Fundación Antonia tiene diferentes líneas de trabajo. Además de recibir casos y realizar ese acompañamiento, hacen charlas educacionales y también han presentado propuestas de proyectos de ley. Uno de ellos es formalizar al 7 de febrero como Día Nacional Contra la Violencia en el Pololeo y el otro es la tipificación de la inducción al suicidio como delito. Esa es la Ley Antonia.

“Eso en un principio fue fácil, porque las personas que trabajan en el Congreso se interesan y te hablan, porque fue un caso muy mediático. Ahora, a nosotros no nos interesa seguir planteando proyectos y que los proyectos queden ahí y ni siquiera estén en tabla. Por ejemplo, el proyecto de la Ley Antonia, hasta el día de hoy no se ha discutido. El proyecto de ley 7 de febrero está aprobado en forma unánime por la Cámara de Diputados, pero hace más de una año que está durmiendo en el Senado. Entonces, para eso no. Entiendo que estas leyes no son un tema de interés para las autoridades, porque su discurso puede decir que es un tema o pueden lanzar campañas que digan llama a tal número, pero ¿qué es lo que viene después de eso?”.

“Si me dijesen por último, ‘mire, la ley Antonia tiene un montón de fallas’, pero no. Porque estas leyes no son proyectos que los abogados de los diputados hayan estado días y noches creándolos, ellos trabajan con derecho comparado. Ellos ven qué es lo que hay en otros países y lo traen hacia acá. Por lo tanto, puede tener muchas carencias, cosas que modificar, pero si no lo ponen en tabla es súper difícil hacerlo. Y claro que puede tener, y hay cosas que faltan, pero primero hay que tener el interés de tratarlo. Y lo del 7F, o sea, es la mayor muestra que te puedo dar sobre la falta de interés de nuestros legisladores, porque no implica nada más que definir un día para que la gente pueda hablar de esto”.

Al preguntarle a María Consuelo por cuál cree que es la principal barrera o de dónde viene la falta de interés, la respuesta no sorprende. “Creo que diciéndote patriarcado te doy toda la respuesta. La mayoría de ellos son hombres, ahora esto está en una comisión en donde hay mujeres, a las que les hemos escrito, hemos hecho campañas uno a uno y esto no avanza. ¿Sabes qué? Se me ocurre que hubiese sido más fácil para nosotros si yo me hubiese metido tal vez en algún partido político. Nosotros no somos una fundación que tenga simpatía por algún partido en particular. Tratamos de que esto sea transversal. A mí me parece que esto puede ser también, que no somos políticos. Y que acá las personas que sacan proyectos que pueden ir más rápido, tiene que ver con que tienen mayor presencia política».

La violencia de género es transversal. Tan transversal, que tanto adolescentes como mujeres de más de sesenta años han llegado a la fundación buscando ayuda. ¿Por qué es tan difícil de entender que los derechos de las mujeres son transversales? “Si yo supiera… me he dedicado a trabajar en estos dos años. Ahora la Anto cumple dos años desde su fallecimiento y desde abril del 2017 que estoy trabajando en contra de todo esto. Y si ellos no son capaces de verlo, porque cuando tú estás con estas personas sí te dicen que te apoyan, que están conscientes de que es un problema, pero una cosa es lo que te dicen y lo otro los resultados. Y el resultado es que no les importa”.

“Soy una convencida de que la sociedad civil bien organizada puede lograr cambios tremendos, pero me pasa que veo que la sociedad nuestra es muy indiferente. Es una sociedad a ratos muy cómoda. Entonces si se mezcla la indiferencia con la comodidad… mira, tenemos una cantidad de seguidores tremenda, sin embargo, a las marchas no va nadie. ¿Por qué? Finalmente hay un doble estándar, apoyamos a través de las redes sociales, pero cuando tienes que ceder algo de tu tiempo, solo llegan algunos grupos y la mayoría de la gente no aparece. Eso te habla de una sociedad muy contradictoria”.

*Foto: Paula.cl

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