Me gusta entregarme a la incertidumbre y empezar un libro o ver una película o conocer a una persona sin saber cómo va a ser, en qué va a terminar. Es un estado opuesto a la ansiedad, a ese estado frenético en el que caemos a veces cuando nos damos cuenta de nuestra finitud y nos desesperamos por cambiar cosas del presente lo más pronto posible. De eso se trata “Diario de quedar embarazada”, sobre esa ansiedad maldita de la que cuesta tanto salir.

Es la historia de un deseo desde dos voces: desde el ímpetu insaciable y enfermizo de que ese deseo se cumpla de inmediato; y desde la calma que se vive cuando ese deseo está en desarrollo, cuando una sabe que tiene que soltar la mente para que disfrute el cuerpo. Es el diario de una joven que siente que se le está acabando el tiempo de fertilidad, versus la voz de la misma mujer en el presente, esperando que nazca su primera hija.

Son dos viajes en uno.

Amé la progresión dramática de esos dos viajes y cómo en un punto se juntan. La ansiedad del diario del pasado se me contagió y necesitaba leer y leer rápido para consumir pronto eso que estaba pasándole a la narradora. Amé la voz, el lenguaje de esa mujer ansiosa, la honestidad con que describe un encuentro sexual frustrado, el hastío de estar consigo misma, el miedo a que su vida concluya antes que sus metas. Todo eso, narrado con un espanglish tan chistoso, tan bacán.

Amé que rompa la forma tradicional de contar historias. Siempre que leo a Claudia Apablaza me encuentro con eso. Sus personajes narran armando listas o transcribiendo lo que encuentran en Google, porque las voces de Claudia googlean todo, buscando un confort que es el confort que todas las personas buscamos en las historias o en el arte: nos da paz saber que en algún lugar del mundo alguien más siente lo que sentimos. Nos hace sentir normales, que merecemos pertenecer a nuestra especie.

También soy ansiosa, a veces no me soporto cuando se me cruza una idea en la cabeza y busco todas las formas de controlar el presente para que ocurra eso que yo quiero que ocurra. No entiendo por qué nos creemos tan omnipotentes, al final sufrimos el doble, porque la naturaleza humana no es divina y el control termina siendo autoritario; entonces no logramos lo que perseguimos y de paso nos atropellamos a nosotros y al resto.

Mejor soltar. “Las cosas suceden cuando tengan que suceder”, dice Ana, la protagonista ansiosa de este diario. Y es verdad. Esta novela está llena de frases verdaderas, honestas, tuiteables.

“La embarazada y la guagua son uno, hay una especie de cuerpo doble unido en un solo lugar”.

“Me puse a teclear: tengo miedo y deseo a la vez”.

“Esperas mucho tiempo de tu vida que llegue este momento. El momento llega, cuando llega sientes que es distinto a lo que esperabas”.

“Comencé nuevamente a meter en mi cuerpo el deseo por Fabio” [Porque la ansiedad nos construye deseos que en realidad no deseamos].

“Luego lo escuché poner temas acerca de la política estadounidense y meter y meter info como un taladro funcionando a full, hablando de grandes sucesos universales como Obama y toda la burocracia estatal de los países”.

“Es difícil nombrar a un pequeño ser que se está formando en tu útero, porque piensas que es todo, que puede tener todos los nombres del mundo y solo debes elegir uno”.

“Hay pelados que me producen sospecha. Están siempre en la mitad de algo”.

“Me alivia meterme a fotos. Buscar a otras tan afectadas como yo”.

“People who is always talking about himself don’t have a nearness with others, only with themselves”.

“Tenía un aspecto de rosácea que lo hacía ver como si estuviese todo el tiempo a punto de cagarse”.

“Entendí que su personalidad distante es timidez y no el ego inflado”.

“¿Por qué todo se va traspasando de un cuerpo a otro?”.

“Culpándose a sí mismos de cosas de las cuales no son realmente responsables”.

“Y sí, aprendí a hablar mejor el inglés, pero me alejaba de mi lengua y eso era triste, doloroso”.

“Han pasado años y siento una distancia enorme con esa persona que era”.

“Mi debilidad le despertó algo de lo que quiso alejarse”.

“Nos hacemos cariño, ella golpeando mi guata y yo saludándola tocando mi guata por fuera”.

Me reí litros con el texto “Cómo tener un hijo sin que el otro se dé cuenta” y lloré al final, la última parte es como estar allí, viviendo con Ana eso que tanto esperó.

Linda y seca Claudia Apablaza, porfa que escriba más.

Author

Periodista y autora de Quiltras