Soy una millennial. Desde que conocí internet me volví una amante de él, y pasito a pasito —como diría Daddy Yankee— fui conociendo las bondades que la red ofrecía y muy pronto quedé atrapada. Primero fue el MSN, después el Fotolog y más tarde descubrí el increíble mundo del YouTube y el resto de las redes sociales. Asumo que paso mucho tiempo consumiendo música, videos y series, pero tengo una queja: internet te aleja de las personas.

Estar hiperconectados y siempre en línea no hace que tus relaciones con otros sean significativas. Puede volverte antisocial. Confieso que más de una vez estando con un grupo de amigos, en un almuerzo familiar o en clases, me he puesto a revisar las notificaciones de mi celular e ignoro a los demás. En realidad, no lo encuentro tan terrible, pero cuando es otro el que lo hace, me doy cuenta que esto es bastante molesto.

Otra queja que tengo es que internet y todos los dispositivos inteligentes están formando una generación de personas impacientes. Que todo rápido, que todo instantáneo, que llévate este celular 4G, que apúrate, que no tengo tiempo. En qué nos hemos convertido. Lo reconozco, soy parte de esta generación que quiere todo rápido y sufro cuando algo o alguien es lento. No los culpo, porque mientras lees esto, hay un millón de contenido creativo generándose, listo para ser consumido.

Además de ser impacientes, internet nos ha vuelto sujetos multitareas o multitasking en inglés —porque todo suena mejor en inglés—. También soy víctima del multitasking, escribo esto mientras termino de leer un texto, me como un flan y respondo un whatsapp. Esta es la tendencia y es bacán porque se pueden hacer varias tareas a la vez, además de hacerlas todas de forma eficiente. No queremos esperar a terminar una cosa para empezar otra.

En internet encontramos todo lo que uno se pueda imaginar, en serio, todo, pero no aprovechamos toda la sabiduría tras la pantalla, en cambio nos hemos vuelto unos flojos mentales. Flojos en el sentido de que solo nos limitamos a consumir y consumir, pero poco creamos o cuestionamos. Es más fácil y cómodo ponerle play a un video o hacer infinito scroll en una red social antes de ponernos a investigar y leer sobre algún tema.

Me estaré convirtiendo en una antisocial, impaciente, multitareas y floja mental, pero para qué estamos con cosas, internet es bacán. Si no fuera por el amor-odio que tengo por la web, este texto no habría sido posible.

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Intento ser periodista y escribir cosas serias, pero no me sale.