Hace alguna semanas conversaba con un músico y me decía que un momento bastante liberador para él fue cuando comenzó a pensar que la humanidad completa actuaba bajo dos sentimientos para tomar decisiones o actuar: el amor y el miedo. Me decía que todo lo que pasaba en el mundo podía encapsularse en cada uno de esos compartimientos. Y comencé a probarlo. Empecé a analizar todo lo que veía a través de esos prismas.

Así llegué a probarlo en las “regalonas”.

Las mujeres regalonas son un concepto recurrente en mi cabeza. <<Regalona>> es la forma corta de decir que una mujer es regalona del patriarcado. Digamos que son esas cómplices sobre la que hablaba Simone de Beauvoir: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Grandes regalonas de la historia de Chile, por ejemplo, son Soledad Alvear, Jacqueline van Rysselberghe y Ena Von Baer. Y hace poco entraron al museo como neoclásicos: la abogada Paula Vial, Paz Bascuñán (que organiza reuniones para apoyar a hombres acusados de abuso), Tonka Tomicic y una editora, Marcela Fuentealba, quien hace un tiempo defendía a un escritor acusado de abuso diciendo que no era un abusador a tiempo completo.

En tu círculo también pueden existir. Por ejemplo, tu ex amiga que no quiso declarar a tu favor cuando denunciaste a un abusador “porque no quería meterse en ataos”  o esa compañera de profesión que es algunos años mayor que tú y prefiere no colaborar, porque te ve como competencia. Y podríamos seguir, está lleno de regalonas.

A algunas feministas, generalmente a las más liberales (las que asumen su feminismo como un compendio de decisiones personales y se olvidan de que es un proyecto político y colectivo, que suprimen eso de que lo personal es político) les complica mucho hablar sobre las regalonas, porque al hacerlo, se sienten malas feministas. Porque están juzgando no solo a una mujer, sino a sus decisiones personales.

También hay regalonas sobre las que es más fácil conversar, como algunas de las históricas antes mencionadas. Soledad Alvear, la peor carta para el Sernam en los noventa (aunque la más apropiada para la política pobre que se tenía en mente), Jacqueline y Ena… bueno. Se entiende. Pero cuando es alguien que pertenece a un círculo más progre, entra el pudor. Yo opino que hay que perderlo, porque lo que hay en disputa (porque el feminismo disputa, no complace, o no debería), es más importante.

Dándole vueltas al concepto del regalonismo, lo quise cruzar con lo que este músico me comentó la otra vez. ¿Las regalonas serán así por amor o miedo a algo? ¿Son así por amor a la estructura y a la realidad en la que vivimos? ¿Les gustan las cosas como están? ¿Aman sentirse falsamente libres? (porque, en general, la regalona está infestada en privilegio). Por otro lado ¿les dará miedo que se rompa todo lo que conocen y por eso son regalonas? ¿Les dará miedo un mundo con otro tipo de estructura? A las que no tienen privilegio alguno ¿qué les dará miedo? ¿dejar de gustar a los hombres? ¿que se rompa la absoluta mentira de que tienen opciones? ¿les dará miedo pensar que si todo esto se acaba van a perder lo poquísimo que tienen?.

Releyendo estas preguntas, sea miedo o sea amor a algo, tengo la sensación de que la base del acto es el egoísmo y la falta de empatía. La incapacidad de abandonar la experiencia personal y pensar más allá del metro cuadrado personal. Como por ejemplo, sucedió con María José Viera-Gallo, defendiendo al mismo escritor que defendía Fuentealba.

“Mi amigo no puede ser abusador”, “mi trabajo es más importante que el sufrimiento de otra mujer”, “si caen los hombres que sustentan mi estatus, también caigo yo”.

Frente a las regalonas tengo más preguntas que respuestas aún, pero no me siento mal por pensar en ello, en su existencia. Porque es real. Porque están ahí. Y es cada vez más difícil moverse en estos terrenos, porque el liberalismo se está apropiando del feminismo de una manera feroz, dando como resultado que este peligre como proyecto político, que peligre lo colectivo y nos transformemos en islas que no pueden actuar, que no pueden hacer nada. Por eso creo que está bien reconocer a las regalonas que tenemos cerca o a las que vemos que tienen influencia mediática o cultural. No son peor que un machista, porque finalmente el que mata es el macho, pero son las que los relativizan, son las que en la tele hablan de las pruebas ginecológicas de una mujer víctima de femicidio frustrado sin arrugarse y las que nos niegan leyes que debieran ser derechos. Y son, por último, las banderas que usa el machismo -y los machistas- para decirte lo equivocada que estás porque “esa mujer” piensa como él y tú estás loca.

Sea alguien regalona por miedo o amor a algo, también lo es por resguardarse a sí misma. Esa es una decisión política y no la podemos pasar por alto.

Author

Discos por sobre ahorros en el banco. En Twitter: @javieratapiaf

  • Constance Clarke

    Ah esta qla no para de darle en el clavo grax tkm,..-*

  • Lheyla Escobar

    Cabras no se mueran nunca, las amo!