Vivo una intersección de calles que es la regalona de los choques en Santiago Centro. Son pan de cada noche los frenazos, bocinazos y el sonido de las latas de los autos haciéndose mierda. Pero una noche fue diferente: después del choque se escuchaba a una mujer llorando muy fuerte. Una sensación de frío recorrió mi espalda y decidí que tenía que hacer algo para ayudarla y fue cuestión de segundos para que llegaran bomberos y ambulancias. Este no era un choque cualquiera, así que partí a Twitter para ver si alguien había reportando el asunto y vi a una chiquilla que también se preguntaba qué onda. Nos empezamos a escribir por interno, apañándonos sororamente, hasta que caché que ella, Camila, es la autora del blog plus size No Soy Fashionista. La Cami conocía la columna obesa y nos pusimos en llamas a conversar de grasa, ropa y feminismo.

Unas semanas después estaba conversando con un grupo de personas que quedaron pa la cagá cuando les conté que no usaba pantalones, jeans para ser más específica, hace diez años o más. Me quedé en la moda de los jeans a la cadera que eran más incómodos que la chucha y se me veía “arica” todo el rato. Aparte que encontraba que me quedaban súper mal, como una silueta cuadrada y más corta, todo como el pico. Una vez que descubrí los vestidos y las leggins me olvidé de los pantalones.

“Los vestidos los puedes engañar, pero no a los jeans”, me dijo una amiga con respecto a que cierta ropa te avisa al toque si subes de peso. Otra razón más para odiar los jeans po, qué chucha: ¿hay que darle explicaciones a la ropa también ahora?

La conchalalora

Hasta que un día pensé “sabí qué más, le voy a dar una oportunidad a los pantalones, qué tanta hueá”. Aparte que consideraba muy bacán la idea de usar el mismo pantalón todos los días y pasar piola, algo que es muy difícil con los vestidos. También estaba la razón del frío, porque en invierno me RECAGUÉ de frío con leggins, así que esta podía ser una opción perfecta.

Invoqué a la Cami para esta misión y, sin nunca habernos visto en la vida, aceptó al toque. Ese día hubo una convocatoria de feministas en contra de Piñera afuera de la Biblioteca Nacional de Santiago, así que le dije que nos juntáramos ahí para apañar al feminismo y luego al retail (?).

Llegó el día, nos encontramos en la concentración y fue como ver a una amiga de años. Conversamos de la BIDA en el camino a la tienda, todo demasiado ameno. Llegamos al lugar y me bajó la neura porque eran mil tipos y colores de jeans. “Ni siquiera sé que talla soy”, le confesé. “A vers”, dijo la Cami, “eres 44”. Corta, sólo bastó una mirada de la experta. Y empezamos a elegir distintos tipos de pantalones y colores. La Cami demasiado seca se paseaba entre los pantalones con ojo clínico. “Te voy a pasar hartos tipos de pantalones y un desafío”. Crestamáquina, habrá que aperrar.

Llegamos al probador de mujeres y había un guardia onvre en la entrada, cosa rara en el retail full heteronormado. En la fila conversamos un poco con él y le conté que hace 10 años no usaba pantalones. “Yo creo que se va a ver bien”, me dijo muy respetuoso y nada de creepy (en serio jjjj). Llegó mi turno y caga de miedo entré al probador. Ese pequeño espacio, mal iluminado y con espejo gigante ha sido testigo de muchas decepciones y malos ratos en mi vida con obesidad. La Cami hizo una mega investigación del pluz size chileno y la oferta de ropa disponible, la recomiendo un montón.

30 kilos menos nos volvemos a encontrar, probador culiao. La Cami me esperaba afuera para ver cómo me quedaban los pantalones y yo adentro, cagada de miedo, agarré el primer pantalón azul mega tradicional con corte slim y tiro alto. Entró la primera patita, la segunda patita y subió sin problemas. No podía creerlo. Se sentía bien y súper cómodo. Me di vuelta para verme el poto, que con la baja de peso mantuvo su existencia, desinflado, pero vivo. Ahí estaba, piola.

Mostrar el poto, mas bien, usar algo que evidencia su forma es una wea que me da pánico. La primera vez que me agarraron el poto en la calle fue a los 10 años en el Persa Bío Bío, estaba con jeans y una polera. “Nunca más muestro el poto”, pensé, porque obvio que en mi mente de niña la culpa es de una por provocar a los pobre onvres que no se pueden controlar. Si bien, con el paso de los años y el maravilloso feminismo, he logrado racionalizar que el acoso NUNCA (nunca, por la cresta) es culpa de la víctima, me ha costado mucho volver a considerar mostrar el poto con unos jeans.

Salí del probador y la Cami quedó IMPAKTADA y feliz por cómo me veía. El amigo guardia también dio su aprobación (le pregunté yo, no fue tan patudo jaja). Súper motivada volví al probador a darle con los otros pantalones. También resultados súper bacanes. Iguols debo confesar que no soy mucho de detalles en cuanto a la ropa, mi filtro es: Cabe o no cabe, se ve piola o mucha challa. Si cumple con que cabe y se ve piola estamos al otro lado.

Seguí probándome otros colores y tipos, todos se veían más o menos parecidos. El primero que me probé fue el elegido, porque tenía una tela más tipo leggin, no tan rígida. Hasta que llegó el desafío de la Cami: shorts de jeans. Mega cortos. Conchamimami.

Aperré y me los puse. No me reconocí, ni en cuerpo ni en estilo. Salí al pasillo y la Cami estaba en llamas. Su mensaje era claro: atrévete, weona. Me puse algo que jamás en la vida hubiera intentado y fue una súper buena experiencia.

¿La conclusión? Pucha que es más fácil la vida que está en un cuerpo dentro de la norma, porque la industria está pensada para ese cuerpo. Tim Gunn, en este video brígido, destapa y critica a la industria textil de Estados Unidos, donde el promedio de las mujeres es la talla 16, considerada plus size y muchas/os diseñadores/as se rehúsan a hacer ropa para el promedio, pretendiendo que no existen. Según Tim Gunn esa resistencia viene de que están acostumbrados, y cómodos, trabajando para cuerpos de mujeres que dictan cómo las demás debiesen ser: delgadas. Esto es, en palabras de Gunn, un problema de diseño, no de las clientas. Y la clave está en el balance de silueta, proporción y ajuste. Las mujeres de todos los tamaños merecemos alternativas y ropa bonita. Punto.

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.