En el capítulo anterior alcancé el nirvana después de que se cambió el turno en la sala de recuperación del hospital y no tuve que ver más al enfermero pirata. Llegué a mi habitación que era #soñada: espaciosa, iluminada, con aire acondicionado, linda vista al jardín, un sofá para las visitas, baño privado, entre otras comodidades. Y el equipo médico tenía súper buena voluntad y estaba a full pendientes de mí.

Cámbiame las sábanas mientras me baño, amorosa.

Al parecer, ahí estaba la razón del odio del enfermero pirata. Una amiga que trabaja en hospitales me contó que las personas que se atienden en pensionados son las más odiadas y no lo saben. Es como una lucha de clases en un recinto hospitalario: a solo unos metros tienes una diferencia significativa de ingresos y oportunidades que se reflejan en el tamaño y la comodidad de tu habitación. Si puedes pagar, te atendemos como reina, en el caso contrario te vas al montón.

Y, francamente, entiendo a enfermero pirata. Quizás él no sabe el esfuerzo familiar y personal que ha implicado poder operarme en el “sistema privado dentro del público” que es un pensionado y asume que cagamos plata y nos reímos de la gente pobre. La wea es injusta.

Tome plata pal corchete.

Para las que están perdidas y no cachan qué cresta es un pensionado en un hospital acá les dejo la descripción de la página web del lugar donde me operé (hueá que yo aprendí hace poco también):

En el Servicio de Pensionado se paga particular, con efectivo o cheque al día, es decir, pagar por la atención personalizada y confortable. Además de tener una habitación la raja y cuidados personalizados las 24 horas, no existe un límite en el horario de visitas, o sea, tus amiguis y familiares pueden ir a la hora que quiera, incluso, quedarse a dormir. De hecho, mi pololo se quedó a dormir la primera noche porque yo estaba cagada de miedo y dolor, pero si no hubiese pagado, hasta ahí nomás llegó el pololo y me tragaba mis sentimientos. Pero gracias al vil dinero hasta una siesta dormimos con mi pololo en la camilla, care raja, abrazaditos <3.

Revisando la página del horario de visitas la diferencia con el pensionado es descarada, todos los demás servicios tienen restricciones. Pero otra cosa llamó mi atención también:

¿Qué estará mal acá? No sé si les suena el concepto CORRESPONSABILIDAD PARENTAL ¿Cómo esperan que los hombres tengan un rol igual de importante en la educación de los hijos si se siguen haciendo estas diferencias? Spoiler: no se puede. Le estamos poniendo a la mujer la mayoría (o la totalidad, en muchos casos) de la responsabilidad sobre los hijos y hasta donde yo sé las hueás se hacen de a dos personas. Me chorié, ¿sabí?

Te toca cambiar los pañales, compadre.

Siguiendo con la lucha de clases hospitalaria, les cuento que los pensionados van a la baja, según este reportaje de La Tercera, debido a que la demanda por espacio para los pacientes del sistema público va en aumento. Porque somos un país la raja, donde hay súper buenas políticas de prevención en salud pública, como esos blogs serios y científicos que convencen a las personas de que vacunar a sus hijos hace muy mal. Estamos pal hoyo, queridis.

Yo sé que vienen a pasarlo bien a mi columna obsesa, pero hay que ponernos serias algunas veces cuando son temas tan delicados.

Retomemos mi estadía de escapada romántica de cupón: Estando en mi habitación me sentí mejor en seguida por la tranquilidad, a pesar de que de fondo había una melodía incesante de guaguas llorando porque estaba al lado de la maternidad. Era molesto, pero me acordé de que no son mis guaguas y se me pasó jijjiji <3

Estaba que me meaba. Recuerden que había rechazado la chata (gracias a las personas que se tomaron la molestia de recordármelo) para orinar, así que me paré con ayuda de la enfermera y usando el carrito del suero como apoyo caminé los dos metros (que en ese momento parecían veinte) de distancia hacia el baño. Tenía el calzón desechable encarnado en el poto, después de tanto rato apretándose como un paté. Algunas personas creen que porque eres gorda y alta tienes fuerza, demás que hay gente que sí la tiene, pero yo soy 100% un marshmallow debilucho y grasiento. Por eso pasé muchos minutos forcejeando con el calzón y mi grasa para ir al baño.

A pesar de eso me sentía orgullosa de poder ir al baño sin la chata. Me dolía todo y mis ojeras llegaban al sueño, onda demacrá total. Tenía muchos mensajes maravillosos en el teléfono de ánimo y algunas preguntas abiertas sobre la operación. Pongo el énfasis en preguntas abiertas porque, pipol, la mensajería instantánea es para comunicarse rápido. Si quieren detalles de la vida de una persona es mejor juntarse o hablar por teléfono (sí, los smartphones también sirven para hablar). Especialmente si se trata de alguien que está en una recuperación, lo ideal es preguntar cosas concretas o manda mensajes que no necesiten de una respuesta. Aparte de que podía responder con una mano porque la otra estaba con el suero y tenía que mantener el brazo estirado.

Con un amigo tenemos el indicador de amistades en el abandono: si alguien te pregunta KE CONTAI por internet es porque de verdad ya no cacha nada de tu vida en particular (a pesar de que se tienen en redes sociales, esa persona tal vez no se ha dado el tiempo de leerlas).

Mi humirrrde consejo es que si una persona cercana está en recuperación de una situación macabra trata de darle menos trabajo. De hecho, una de mis mejores amigas que está viviendo fuera de Chile me mandó un mensaje que decía: “amika ojalá que todo haya salido bien, me imagino que todo el mundo te está hueviando así que hablemos cuando puedas”. Fue maravilloso.

Ya sé que hoy les di la lata con mis desahogos jijji, así que les dejo de regalo mi mano hinchada por el suero cuando estaba hospitalizada. Un souvenir para ustedes <3

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.

  • Aaaaawww gracias Pansha por la columna-seria-que-no-todo-es-jajaja aunque igual me reí, sobre todo con el gato comunista y tu Souvenir aaaawww