Siento que estoy igual que Ted Mosby contándole a sus hijos cómo conoció a su madre. La buena noticia es que no me voy a demorar nueve años en contarlo: el momento llegó ahora. Si es asquiento/a, absténgase de seguir leyendo porque voy a contar unas asquerosidades macabras. Igual, estoy siendo cuática; en verdá a nadie le molesta tanto la sangre.

“¿Tiene los exámenes, mi niña?”, me insistió la enfermera. PAF, se me prende la ampolleta: los tenía digitalizados en mi correo. “No tenemos Internet en ningún computador acá”, me dijo ella. Me explicó que se les ponían muy lentos los computadores con Internet. No sé si esa es la excusa que les dieron de cagaos o simplemente no hay plata. Biba la salú pública. Me quedé helada, no supe qué más hacer, y me resigné.

“Acaba de llamar el doctor. Él tiene los exámenes, así que pase por acá”. CTM, me rajé. Me dieron unas ganas enormes de ir al baño a hacer caca, onda, ahora ya. ¿De dónde salió esta caca si no he comido nada? Ni idea, pero llegó en el peor momento. Útero hinchado, el Niágara de sangre en mis calzones y ganas de ir al baño. Avisé y me pasaron un calzón desechable (que era, básicamente, una malla para la toallita higiénica) que usaría durante la cirugía. Como todas las cosas estándar, me quedó chico y me apretaba los tutos.

Trataba de terminar mi “negocio” en el baño y cada dos minutos venían a buscarme, qué plancha.

“La guatona buena pa cagar”

Lo logré y salí con las piernas tiritonas, porque recién me estaba dando cuenta de que me iba a operar y que hay gente que se muere con la anestesia. De pronto, aparecen todas esas atrocidades que escuchaste alguna vez ¡Maldita herencia genética de diabetes y potos mutantes! Que ni se me cruce alguien que come y no engorda en este rato.

Ready for corchete

A partir de este momento, seré conocida en el hospital como: MARÍA JULVER o la señora/señorita María. Así saldría en todas las pizarras del hospital y, francamente, me importaba un pico ¿Cómo logré ese bello estado zen? Mi amiga Claudia me entregó una carta con recomendaciones para una intervención quirúrgica. A ella la han operado más de quince veces y me regaló su sabiduría <3 Uno de los consejos que me dio era el “modo oveja”: cuando lleguen los momentos difíciles y/o incómodos, sólo ENTRÉGATE como una dócil oveja.

“Hazme lo que quieras”

Y así es como empezó el traslado de esta oveja mórbida en silla de ruedas (en la que apenas cabían mis cachetes; de nuevo, el “estándar”) hasta el pabellón. En el camino, la enfermera me contaba que tenía una conocida que se operó y que había quedado “regia”, palabra muy familiar en todas las historias de corchetes que he escuchado. Llegamos a las puertas batientes del pabellón de cirugía, empecé a marearme y sentía los latidos del corazón en la garganta.

Había mucha gente y era un lugar muy ruidoso. El techo era alto y había un grupo de hombres, entre ellos mi cirujano, conversando cagados de la risa. Obvio que para ellos es súper normal cortar y coser humanos todos los días.

Me pidieron que me acostara en una camilla y llegaron cinco enfermeras a ponerme unas medias blancas híper apretadas (para prevenir la trombosis). Veía a las pobres tratando de meter mis mansas prietas en unas panties enanas. “Perdón, chiquillas, prometo que pa’ la próxima no será tan difícil”. Se cagaron de la risa y, luego de muchos minutos de esfuerzo, lograron subir la panty hasta la rodilla. Así figuraba tirando la talla, pero por dentro estaba así:

Luego llegó el anestesista, un cubano de 1.90, que era joteado (con descaro) por el resto del equipo. “Siempre me molestan así”, me dijo un poco chato. “Eso se llama acoso, amiko”, le dije bien en serio. Me explicó un montón de hueás que hice como que entendía y un par de preguntas de rutina. MARÍA JULVER ESTÁ LISTA.

Entramos al pabellón, lleno de todas esas challas que salen en la tele y me doy cuenta de que me estaba recibiendo:

“I can feel it coming in the air tonight”

Nada más ni nada menos que Phill Collins. El típico disco en vivo que les gusta a los viejes sonaba de fondo a todo chancho y con una acústica perfecta. Acá había una inversión en audio significativa, pero si es para tener feliz al cirujano, ¡súbanle el volumen ctm!

Me ponían aparatos por aquí y por allá. Luego me pusieron una mascarilla y empezaron a preguntarme hueás como dónde trabajaba y otras challas para asegurarse de que la anestesia y hiciera efecto (supongo).

Y chao, Carlos, todo se fue a negro.

Cuarenta minutos duró la cirugía y mi pololo (el más apañador y preocupado #homenaje) habló con el doctor al finalizar el procedimiento.

—¿Cómo salió todo, doctor?
—Todo perfecto y sin problemas.
—Ah, ¡qué bueno!
—Cuando le pregunté a Francisca del 1 al 10 cómo se sentía me respondió: ESTOY PAL PICO.

Los dos se rieron de mi súper apropiada respuesta al profesional de la salud que me corcheteó. La verdad es que no me acuerdo de haberle dicho eso, pero es una respuesta 100% real no fake que yo daría.

Pero después de estas risas se vendría la peor experiencia de mi vida y se resume en tres palabras: sala de recuperación.

¿Quieren ver cómo es la cirugía? Si tienen aguante vean este video de los interioresh de una persona siendo corcheteada, con lujo de detalles. La próxima semana se viene una nueva entrega.

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.

  • Me sacaste más de una carcajada… la mejor manera de contar una experiencia más que estresante, esta columna mejora cada vez María Julve!

  • Mónica Félix

    Hola Francisca! Que bueno que todo salió bien!! Deseo vayas teniendo una muy buena recuperación!!