La semana anterior a la fecha asignada para la cirugía de la manga bendita me resfrié pa’l hoyo. Fui donde una doctora que me dio antibióticos “por si acaso” y dos días de licencia, lo cual fue bacán (por el descanso) y una mierda (porque esos días me los descuentan). 

¿La buena noticia? No llegaron las flemas a mi vida, por lo que este resfrío no tendría efecto en la cirugía. Uno de mis tantos superpoderes es que jamás dejo de tener hambre o querer comer. En mi vida no existe el “tengo penita, no me entra nada” o “estoy resfriada, no tengo ganas de comer”. Así que a los antibióticos les sumé todos los chocolates 1% cacao del supermercado de enfrente y toda la comida de delivery challa del barrio (sushipleto, por ejemplo).

Superé el resfrío a punta de comida y cuidados del pololi. Ya sólo faltaban dos días para la cirugía. La hueá rara que me pasó es que no me llegó la regla y debió llegar la semana anterior. Se lo comenté a mi pololo y me dijo: “el doctor dijo que no te puedes operar si estás con la regla”. CTM no puede ser, obvio que la regla me va a llegar el mismo día para puro hueviarme.

“Holi, vengo a hueviar”

Le mandé un correo al doctor preguntando si es que esto era real y teníamos que reagendar. Me pasé todo el día buscando en la computación y foros “femeninos” si había problemas. Todas mis fuentes súper serias decían que no debiera ser problema, excepto una. Y ya sabemos que cuando estamos cuáticas, cualquier cosa desencadena la demencia.

Pasadas las diez de la noche me llega un correo del Doctor Fernández: “No tiene ninguna implicancia para la cirugía. Solo sería la incomodidad que te podría causar a ti”.

YAAASSSS

Llega la regla bendita (ahora) dos días antes, cuando estaba en pleno régimen pre operatorio, que incluía unas regias galletas de soda y caldo de pollo, es decir, hambre y ansiedad vengan mí.

El día anterior

Cagá de hambre, sueño y cero energía fui al trabajo. Cuando llegué me di cuenta de que mi puesto estaba con unos regalos y un mensaje de ánimo para mi operación. Mis compañeras de trabajo se organizaron y me regalaron un libro y un frasco llenos de mensajes escritos por cada una para mi recuperación. Creo que es uno de los momentos más lindos que he vivido.

Por favor, si alguna vez se operan de la hueá que sea -y si pueden- no vayan a trabajar el día anterior. Estaba muy nerviosa y no entendía lo que me hablaban. No me tomé el día anterior porque ya había estado fuera dos jornadas la semana pasada por el resfrío maldito, así que estaba cagá.

Entendía el 30% de lo que me pedían, estaba mareada y temblaba un poco. Mi jefa se dio cuenta y me quitó carga de pega, sólo me dejó con las tareas más sencillas.

A la salida del trabajo partí al último control pre operatorio. Todo en orden, ya estaba todo listo para el día siguiente.

Conchamimadre me voy a operar, ahora sí, de verdad, después de dos años intentándolo.

El día no había terminado aún, porque justo llegó una amiga muy querida a Chile que no venía hace mil, así que me armé de valor y fui a verla. Le pregunté a la dueña de casa si tenía arroz y claras de huevo: esa fue mi última cena (una mierda). Mientras tanto, el resto comía un rico picoteo, tomaba vinito y más tarde, un falafel maravilloso. Y yo un té. ¿Así va a ser mi vida? Kill me, please.

A esta altura empezaron a resonar los: “Pancha, eres súper valiente”. ¿Por qué valiente, en qué chucha me estoy metiendo?, pensaba. Para mí no era más que algo que había que hacer, no lo relacionaba con valentía, sólo con decisión y dinero. Parece que esta operación es macabra.

El día del corchete

Desperté hinchadísima gracias a mi “luna”, como algunas le dicen a la menstruación, y apenas entré a la ducha. Con la ayuda de mi pololo armamos mi maleta y partimos a San Bernardo. En el camino se me empezó a acelerar el corazón de puro miedo. Cresta máquina, ya no había vuelta atrás.

Llegamos al hospital que sólo había visto por Google Maps y era mucho más grande de lo que pensaba. Hicimos el ingreso al pensionado y me quedé sola en la sala de espera, mientras mi pololo hacía unos trámites. Había una mujer y un hombre de mediana edad junto a su hija embarazada. Estaban conversando sobre la cirugía bariátrica y preguntándose cuánto costaría en ese lugar. “Tres palos y medio”, metí la cuchara. “Chuta qué caro, a mi primo nosécuántito le salió como 100 mil pesos porque la Isapre le cubrió todo”. Se me apretó el útero entero y sonreí de lo más poker face.

“¿La señora María?”, dice una enfermera. Y como buena María Francisca, virginal y obediente, me paré. Ahora sí que sí, me iba derechito al pabellón. “¿Trajo los exámenes?” No había llevado ninguno, porque nunca me lo dijeron. No me podían ingresar si no los tenía, porque el anestesista necesitaba verlos y no había internet para enviárselos al correo.

¿Logrará hacerla piola con lo de los exámenes?, ¿cuántas enfermeras se necesitarán para ponerle las medias para la trombosis?, ¿qué podría tener que ver Phil Collins en todo esto? No se pierdan el próximo capítulo sangriento.

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.

  • Camila Montecinos Troncoso

    Jajajajaja ctm no me pierdo el próximo episodio

  • Mónica Félix

    Hola Francisca!! ¿Si te operaste? ¿Cómo te fue? Espero todo haya salido muy bien!!

  • Catalina de los Ángeles

    Vivir para comer es el lema de hoy de mucha gente :/