Exámenes, controles, caída de pelo y no poder hacer caca: resumen de los primeros tres meses después de la cirugía de manga gástrica o, coloquialmente hablando, la operación de la guata. Todos esos temas los voy a ir tocando columna a columna; en especial el de la caca, que es con el que más he hinchado (no pun intended) en Twitter. Gracias especiales a esas twitteras maravillosas por sus consejos <3

“Estoy operá de la guata” es una frase que usado muchas veces en el último tiempo; en particular, cuando voy a comer a restaurantes (y salgo mucho, soy como el pico con mis finanzas). No se imaginan la cara de ODIO de las personas que atienden cuando dices que no quieres nada para tomar.

“Esta chuchesumadre no quiere nada”

Cuando les explico que estoy operá de la guata, cambia bastante la cosa. Entre una actitud de “pobre diabla” y ofrecerme una cantidad de weas corchete friendly pero que en realidad son como el hoyo, pero obvio que soy súper amena con esas personas que hacen el esfuerzo por ayudar.

Recuerdo en especial a una jovencita que atendía en un restorán asiático. Fuimos con mi prometidohhh (ya les voy a contar esa historia) a almorzar a este lugar en Las Condes. Decidir qué voy a comer es demasiado importante porque, básicamente, le voy a dar tres mascadas y se acabó el espacio en la guata. Los platos picantes estaban señalados y eso fue de mucha ayuda – el picante me hace mierda la guata -, a menos de que me tome una pastilla especial para eso (mega cara, así que no la tomo todos los días). Elegí unas hueás que no tenían el signo de picante, me las trajeron, di la primera mascada (es decir ⅓ de mi almuerzo) y PAAFF LA CONCHAMIMADRE TENÍA PICANTE. Siento cómo empieza a bajar el picante por mi garganta hacia mi corchete sagrado. “¿Estás bien, amor?”, pregunta el onvre.

Con los ojos llorosos, le explico que la hueá tenía picante, porque hace mucho que quería comer en ese lugar. Llamo a la jovencita y le pregunto por qué diablos no tiene el signo picante la hueá que pedí; me explica que es porque no tiene taaaaaanto picante. Ahí es cuando saco la soyoperádelaguata card. A la pobre se le desfiguró la cara y salió corriendo a buscar un vaso de leche, que sirve para pasar el picante, y me ofrece cambiar el plato sin costo alguno. Tomé dos mini sorbos de leche y pedí unos arrollados primavera, la weá más fome; les di una mascada y chao. Esos dos sorbos de leche contaban como la otra mascada (recuerden que son tres). En fin, mucha tristeza.

Y, ¿por qué cresta no podí tomar líquidos entre medio? ¿no es más fácil comer así po hueona?

No puedo tomar agua media hora antes y media hora después de comer (algunos lugares recomiendan una hora antes y después, pero no me hueís, po). Y, ¿por qué es esa challa? Bueno, porque si tomo agua mientras como mi guata nueva colapsa muy rápido y termino comiendo mucho menos de lo que debería (que ya es una CAGÁ).

Pero, ¿comer menos no es más pulento porque skinny bitch?

No po, amika. Comer sirve para un par de hueás como, por ejemplo, SOBREVIVIR. De hecho, tengo que tomar un complejo multivitamínico de por vida, porque ya no soy capaz de ingerir las vitaminas y minerales que necesito a diario.

Es muy cuática la vida en un cuerpo en transición. Cuando me preguntan qué tan difícil ha sido el proceso, lejos, lo más rudo es lo social. Aparte de entenderlo tú misma, tienes que responder las dudas de las personas que te rodean. A veces las preguntas son súper específicas y he decidido tener una postura buena onda y educativa al respecto. Cuando las preguntas son muy en volá de ciencia o muy personales pongo el límite. Por ejemplo, hay una persona que no sé su nombre, pero cada vez que la veo me pregunta cuántos kilos he bajado.

De hecho no sé cuántos kilos he bajado porque no tengo pesa y sólo me he pesado en los controles con la nutricionista, así que mi respuesta, con toda la honestidad del mundo, es NO SÉ. No entiendo en qué mundo es apropiado preguntarle a la gente cuándo kilos ha bajado o subido. Quizás hay personas que lo cuentan con mucho orgullo. No es mi caso, ni tampoco lo he visto.

Quiero ser firme en este punto: el cuerpo es una hueá PERSONAL. Si comento algo sobre mi cuerpo lo hago con personas de confianza y en un contexto en que yo misma doy pie a la conversación. Me pongo ruda con este tema y no transo, porque estoy cansada de que mi cuerpo le pertenezca al mundo. Paulina Porizkova reflexionaba acerca de cómo vivir en Estados Unidos la convirtió en feminista y creo que una de sus conclusiones nos puede parecer bastante familiar en Latinoamérica y otros países: “el cuerpo de una mujer parecía pertenecer a todos excepto a ella misma. Su sexualidad pertenecía a su marido, su opinión de sí pertenecía a sus círculos sociales, y su útero pertenecía al gobierno. Se suponía que era una madre y una amante y una mujer de carrera (a una fracción del sueldo) mientras permanecía joven y delgada”.

He tenido la suerte de que las personas que me rodean son muy cuidadosas y respetuosas, solo cuando yo he sacado el tema o les pregunto me dicen algo sobre mi cuerpo. Y sí, he tenido que preguntarle a las personas “¿se nota que he bajado”? Porque yo no me doy cuenta de la misma manera que alguien que me ve de afuera. Y ahí se ponen en llamas mis amiguis y empieza el “hueona es pal pico”, “qué hueá lo rápido” o “te vi hace dos semanas y ya eres otra persona”.

La Cristi, mi psicóloga, me explicó mucho antes de que lo viviera, de que la percepción cerebral del cuerpo propio va un paso más atrás que la baja de peso. Es decir, mi cerebro cree que mi cuerpo es más gordo de lo que realmente he bajado. Por lo tanto, necesito los comentarios de personas externas (solicitados, por supuesto) para cachar qué cresta máquina pasa con mi body. Según este paper la imagen corporal es “una construcción psicológica, multifacética, subjetiva, compleja y dinámica, incluye representaciones conscientes o inconscientes del cuerpo, influenciado por factores históricos, culturales y sociales y que condiciona nuestros pensamientos, emociones y conductas, también decimos que el mapa mental que construimos a veces no coincide con el territorio”.

Entonces, es todo un tema el cómo cresta máquina me veo o creo que me veo. Me pasó la primera vez que me fui a comprar ropa a un lugar de tallas NO ESPECIALES (recuerda que sólo eres especial si eres gorda). Lo único que les voy a decir es que caí en una espiral demencial.

 ¿Pedirá un aumento de cupo en sus ya reventadas tarjetas ahora que le cabe la ropa?, ¿qué hará con los tres pelos que le quedan en la cabeza?, ¿podrá ir al baño dos días seguidos? Todo esto y más en una próxima Columna Obesa.

¿Te perdiste la season one de La Columna Obesa? Puedes leerla completa acá.

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.

  • Cami Navarrete

    AAAAAGG ESTABA ESPERANDO ESTO HACE TANTO <3
    Viví el proceso con un amigo/minoco/amigo (así fue el camino) y es muy pero MUY distinto al de una mujer porque OBVIO.
    Haro aguante para lo que se viene y espero el próximo capítulo así mucho

  • Diego Ignacio Villalobos Bejar

    Mejor noticia o mejor noticia de octubre !!! Volvió mi amada Columna Obesa!!