Una noche de verano, una amiga del colegio y su pololo caminaban por Providencia. Mientras cruzaban un parque rodeado de edificios, ella le dice: “Me pondría esos pantalones, pero me trauman mis piernas gordas”. De repente, se escucha a un hombre gritar desde un departamento: PIEEERNAS GOOORDAS. Cuando mi amiga me contó esta historia, confieso que se me salió un poco de pipí de tanto reírme. Nos cagamos de la risa y todavía nos acordamos de la hueá. Cómo tan mala onda ese loco que justo estaba sapeando la conversación.

Con esta amiga, traumada con sus piernas (aunque creo que ahora le debe importar un pico), nos tocó vivir juntas la adolescencia en el colegio, en pleno momento en que empecé a escuchar la palabra “dieta” una y otra vez: desde mi mamá, hasta mis compañeras (estaba en un liceo de niñas). La palabra dieta iba de la mano con gorda/flaca, y se hacía más frecuente a medida en que se acercaban las vacaciones de verano. La lógica era: “estoy gorda, tengo que hacer dieta para estar flaca para el verano/traje de baño”. Aparecían las ensaladas, los potes de almuerzo cada vez más pequeños y la botella de agua para arriba y para abajo. Escribiendo esto me acordé de un Tumblr que sube fotos de mujeres riendo y comiendo ensalada solas, porque (obvio) una está feliz comiendo ensalá, porque es mucha la excitación de ver esas lechugas. Y bien sola, porque es un momento tan íntimo.

Francamente, me daba una paja terrible poner tiempo y energía en cagarme de hambre para un objetivo que no me importaba. Yo era feliz con mis kilos locos de sobrepeso, sin restricciones de comida ni copete y pasándolo la raja. No odiaba mi cuerpo, pero sentía que debía hacerlo porque tenía el cuerpo que mis compañeras temían. Qué onda el pavor al cuerpo gordo. También tenía compañeritas que se comían y tomaban todo y no engordaban nah, porque JUVENTUD DIVINO TESORO.

Oye: pero, ¿qué cresta significa estar a dieta? Según Wikipedia, ésta es la hueá:

Una dieta es la cantidad de alimento que se le proporciona a un organismo en un período de 24 horas, sin importar si cubre o no sus necesidades de nutrición, en resumen es el conjunto de nutrientes que se absorben después del consumo habitual de alimentos.

Popularmente, y en el caso de los humanos, la dieta se asocia erróneamente a la práctica de restringir la ingesta de comida para obtener solo los nutrientes y la energía necesarios, y así conseguir o mantener cierto peso corporal.

Muy interesante es el segundo párrafo, donde hay un error en entender que la dieta es una restricción de comida. A esa dieta me niego completamente; no estoy pa hueás.

¿Pero cómo, si estoy a dieta del corchete? Ya han pasado dos meses y medio desde que me hice la manga, y una pregunta muy común es ¿CUÁNDO VAS A VOLVER A COMERTE UN… (Y SEÑALAN UNA TORTA O ALGO ENGORDADOR)? La verdad es que puedo comer esas cosas cuando quiera, porque ya no estoy en la etapa de líquidos. El tema es que ahora tengo que concentrarme en las decisiones que tomo con respecto a qué alimentos me aportan los nutrientes que necesito.

Y ¿cómo se hace esa hueá? Entonces, ¿es dieta igual?

Lo primero: cálmate y deja de odiar tu cuerpo. Lo segundo es tomar el compromiso y la decisión a conciencia de ser saludable, antes que ser flaca. Porque aunque no lo creas puedes ser flaca y no saludable. Por ejemplo, he visto a personas que no sueltan el cigarro para que no les dé ansiedad, se llenan a punta de Coca Light o comen 500 calorías diarias, lo que equivale a un ¼ de lo que realmente necesitamos para BIBIR. Ni hablar de los laxantes y otros métodos satánicos.

Una vez que dejas de enfocar el tema de ser saludable – en los kilos o la apariencia -, el foco ya no está en tu cuerpo, sino en una weá más profunda como TU ALMA. No, mentira, sino que el foco está en cómo nos sentimos dentro de la cuerpa.

Ahora estoy en un proceso del comer consciente, es decir, pongo un esfuerzo en decidir lo que como; ver y sentir esa comida, comer lentamente y estar atenta a la señal de mi guata que dice: para, ctm. En esto ha sido fundamental el apoyo sicológico. Empecé la terapia más de un año antes de operarme y, si están pasando por lo mismo, lo recomiendo. Si pueden tomar clases de meditación, también las recomiendo a full porque sirven un montón para sentir más tu cuerpo y cachar bien cuándo tienes hambre real, ansiedad o cuándo dejar de comer.

Ensalada es mejor que chorrillana, ensalada es mejor que chorrillana

Con mi sicóloga, la Cristi, aprendí que existen tres tipos de hambre (hay más, pero nos enfocaremos en estos tres):

Hambre Fisiológica: es cuando sientes que la guata se mueve y te pide comida; es la señal más primitiva de que es hora de comer. Yo como cada tres horas y mi cuerpo ya se acostumbró a pedirme comida cuando estoy cerca del horario de comida, es decir, la hueá se entrena. Hay que ponerle mucha atención al cuerpecito y sus señales, para no confundir esta hambre con ansiedad (para mí, esto es una pega DIARIA).
Hambre Emocional: Es aquella que relaciona a las comidas con lograr una sensación de confort. Básicamente, es el chocolate 1% cacao y 99% azúcar que me comía antes de que me llegara la regla, por ejemplo. También se le conoce como “hambre del corazón”, porque busca llenar el corazón más que la guata. La mejor forma de combatir esta hambre engañosa es buscando nuevas formas de sentirte bien evitando la comida. Por ejemplo: leyendo una columna obesa que te haga reír y se te olviden los malos ratos jiji.

Hambre de Compromiso: este tipo de hambre tiene relación con las comidas que son parte de un ritual, por ejemplo, la torta de cumpleaños. En general, se reparte la torta de cumpleaños al final de una comida y quizás no tenemos mucha hambre fisiológica cuando llega a nuestras manos el platito, pero lo aceptamos porque CÓMO NO TE VAS A COMER LA TORTA DE CUMPLEAÑOS QUE COSTÓ UN OJO DE LA CARA. Cuando tienes la tarjeta corchete, puedes esquivar fácilmente estas comidas de compromiso sin incomodidad, pero si no es así, vas a tener que aguantar un par de caras mala onda. Y si tú eres de las personas que enchufa la torta a toda la gente sin preguntar, ubícate po.

Aprender a diferenciar estos tipos de hambre ha sido LA RAJA, porque acabó con un montón de angustia y frustración. Entonces, cuando veo un chocolate volador en mi mente me pregunto: ¿realmente quiero esa hueá, sabiendo las consecuencias que tiene en un cuerpo pre diabético? No, compadre, no te quiero.

Acompañar este proceso con ejercicio también ha sido muy bueno, porque me ha dado más energía que la mierda. Ya no me da paja caminar dos cuadras (antes, dos cuadras equivalían a diez) y estoy planificando mis vacaciones con actividades que antes no podía hacer, como bucear o una caminata larga. Antes, sólo me preocupaba de qué iba a comer, en vez de recorrer los lugares que visitaba.

Mi sicóloga me advirtió que el tercer mes es súper rudo, porque empiezan a aumentar los comentarios sobre tu cuerpo y también empiezas a sentir que eres un gurú del comer consciente y el ejercicio; como la lata que les acabo de dar hoy. Y así, muchas personas se empiezan a relajar con el tema antes de haber logrado forjar el hábito.

Así es como llegamos al último capítulo de la temporada. ¡Quince columnas obesas! De verdad que nunca me imaginé escribir tanta hueá junta y ha sido muy bacán la recepción y sus comentarios. ¡Gracias por leer! Espero volver para una segunda temporada recargada de show pobre y experiencias que pasarán cuando logre el “ideal de salud”, y que aún ni me imagino.

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.

  • Danitza Pérez Cáceres

    Descubrí esta página por el destino mágico y una de las secciones que más disfruto son tus columnas. Solo gracias. =)