Si, somos muy especiales las personas gordas. Tan pero tan especiales que tenemos nuestra propia mini esquina en las tiendas con ropa que quizás va a entrar en nuestros pliegues de grasa. Ojo, pero no son todas las tiendas de retail, sino que las que tienen más ropa de tallas especiales coinciden con ubicaciones donde viven personas de sectores socioeconómicos más bajos.

Y eso, amiguis, no es coincidencia. Según la última Encuesta Nacional de Consumo Alimentario (Ministerio de Salud de Chile) “se observa que consumimos exceso de energía, grasas saturadas, azúcares y sodio, en todos los grupos etarios y especialmente en los niveles socioeconómicos más bajos”. Por lo tanto, ser gorda es paaaabre y ya sabemos el lugar reservado para la gente pobre en el ninguneo arribista nacional.

Más allá de lo ATROZ de ser gorda pobre, tienes que superarlo y conseguir ropa porque, por ejemplo, hace frío. O porque no se lleva andar en pelota, o porque te gusta la ropa! Cualquier razón es 100 rial no feik, porque oh, BREAKING NEWS, las gordas somos personas que usamos ropa. Entonces, te embarcas en la búsqueda de algunas pilchas para el paupérrimo closet, en cuyo fondo se esconden algunas reliquias que a veces, cuando no estai hinshá, te caben.

Y en esa misión más compleja que las cruzadas medievales, aparece un letrero gigante de que hay ropa gigante para ti, obvio que en una modelo un poco más ancha de caderas, pero con la cara ultra flaca (porque esto es la regla de oro para las modelos plus size), que te invita a sentirte EXTRA LINDA. Entonces, vas para allá y la ropa es toda tipo formal o semi formal, con harto estampado (o con unas telas plásticoelasticadas) que, como les dije en la primera columna, tiene el súperpoder de hacer como que tienen un cachete extra en el poto.

Y olvídate de la ropa deportiva, porque todes sabemos que las gordas no hacen ejercicio.

A menos de que seas una gorda bancarizada, con cupo internacional en la tarjeta de crédito y que pueda comprar fuera de Chile ropa que le quede bien. En cambio, si no tienes esa posibilidad, esto es lo que hay:

Como pueden ver en esta simple búsqueda en Google, toda la ropa es formal o semi formal. Suficiente evidencia científica para esta columna 😉

Hace poco una amiga me emplazó preguntándome porqué las gordas buscamos ropa que nos adelgacen y cómo es posible eso si es están “tan felices con sus cuerpos”. Más allá de toda la gordofobia que había en ese comentario pasivo agresivo, como es de una amiga, le respondí con cariño explicándole que la ropa tiene que ser, aunque sea un poco, sentadora y cómoda. Esto quiere decir que no tiene que deformarte, sino armar una silueta que sea acorde con tus “curvas” (repudio a esa palabra tan re hueona) o incluso que te haga sentir bien, con lo amplio que es este concepto.

¿Se acuerdan de un capítulo de Los Simpsons en que Homero engordaba más que la chucha? Bueno, si no se acuerdan les cuento que en Los Simpsons hay un capítulo en que Homero engorda más que la chucha. Ahora que estamos al día en cultura pop, en ese capítulo el hueón tenía que comprar ropa más grande y lo único que conseguía era esto:

Básicamente es una gran pedazo de tela con estampado de mierda con agujeros para la cabeza y los brazos. Y así es como empieza la espiral demencial (una de muchas en las que vivimos las mujeres) de que odias la ropa, odias tu cuerpo, por qué chucha te comiste todos los postres gorda lechona. Obvio que el primer argumento que articulamos en nuestras cabezas (y corazones, porque a quién no se le ha roto alguna vez el corazón cuando te encantó una prenda y no había ni por si acaso de tu talla), es que NUESTROS CUERPOS ESTÁN MAL, NUESTROS CUERPOS DEBEN CAMBIAR, NUESTRO CUERPO ES EL QUE DEBE SER MODIFICADO. ¿Notan lo demencial de eso? Hemos llegado a pensar que el mercado textil y “de la moda”, dinámico, activo, que tiene 4 o 5 temporadas o más de renovación al año NO PUEDE CAMBIAR, sino que debemos cambiar nosotres. Sospechoso. Y para qué hablar de la vergüenza que da sólo el hecho de estar en un espacio segregado de la ropa para gente “normal”, porque esa esquina es exclusiva para gordas y nada más, ni se te ocurra mirar los otros vestidos ni engolosinarte porque no habrá de tu talla.

Hace muy poco le pasó a otra amiga que estaba mirando pantalones en una tienda y se le acercó la vendedora “mijita no pierda el tiempo, no va a encontrar de su talla”.

No me vengan con que esa huevá es un servicio al cliente ni una ayuda, ese comentario es derechamente un ninguneo discriminador.

“Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de éstas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres; una población tranquilamente loca es una población dócil”. Esta potente frase es de Naomi Wolf (The Beauty Myth) y para seguir la reflexión les dejo las siguientes preguntas:

¿Cuánto tiempo de tu día le dedicas a pensar en una nueva dieta, en una rutina de ejercicio, en odiar tu cuerpo, en soñar con el cuerpo que tenías a los 15, en lo que comiste ayer y cómo compensarlo, en que esa falda que alguna vez te entró lo va a hacer de nuevo? ¿porqué creemos que es más fácil modificar nuestros cuerpos -de paso odiándonos a muerte- antes que modificar un mercado que funciona en base a la oferta y la DEMANDA?

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.