La cirugía de obesidad, más específicamente la manga (que es la hueá que me hice), es ruda por todas las challas que les he contado en columnas anteriores. Lo bueno es que la recuperación es rápida, puedes caminar y hacer tu vida normal en un par de días. De hecho, la licencia por dos semanas que me dieron era por reposo relativo, nada de quedarse en cama.

Las molestias que tuve eran mayormente por el dolor abdominal  y por lo limitado de las opciones de comida. La primera semana eran sólo líquidos y te demoras alrededor de cuarenta minutos en tomar 100 cc de agua. Esto es porque te sacan el 90% del estómago y queda con una capacidad de dos cucharas. Nada po, hueona. Y sí, te da hambre pa’l pico igual, la misma de siempre. La diferencia es que te sacias muy rápido.

100% leche descremada

En este período de líquidos y purés (las semanas siguientes) aparece con mucha fuerza una necesidad primitiva de masticar. Onda, todos líquidos valen callampa para tu cerebro porque cree que no estás comiendo nada. Y figuras como hueona “masticando” la sopa. Mi salvación fue masticar hielo, todo gracias a un consejo de un blog (de millones que revisé) de gringas que se han operado hace mushosaños y se las saben por libro.

Masticando hielo glamorosamente en la casa

A una semana de operada tuve control con el doctor, quien me felicitó por haber bajado cinco kilos. O sea, bajar 5 kilos en una semana no me parece ni una gracia, si estaba a punta de té y leche. Bacán por el proceso, pero jamás le recomendaría a alguien bajar tan rápido de peso en tiempo corto, a menos que sea full controlado. Bajar de peso rápido tiene consecuencias nefastas también, pero eso se los contaré más adelante jijji.

El doctor me dijo que cuando se cumplieran las tres semanas de operada me tenía que meter al gimnasio. “Ya po”, le dije, no era la primera vez que iba al gimnasio así que no me complicaba el asunto. Me puse a googlear gimnasios cerca de mi casa y me encontré con los típicos de cadena, que tienen sucursales por todos lados. Una de mis mejores amigas del colegio, la Javi, se unió a mi cruzada. Vivimos cerca, así que bacán poder coordinarnos para ir juntas. El asunto es que la Javi fue a ver uno de esos gimnasios, dejó su bicicleta afuera (porque no tenía espacio para estacionar adentro) y, en menos de 5 minutos, le robaron el sillín. Descartamos de plano el gimnasio porque nos dio miedo, así que continuaba la búsqueda.

Caminando por el barrio me encontré con un gimnasio pequeño, que no era de cadena. Pasé a preguntar los valores y era MÁS BARATO QUE LA CHUCHA. Le dije a la Javi y upa chalupa, nos matriculamos.

Agendamos una evaluación y le comenté al entrenador que estaba operada así que no iba a ser nah milagro del gimnasio mi baja de peso extraordinaria. Me pesaron, me midieron: OBESA. Pesaron y midieron a la Javi: ESTÁS BIEN. Listo, los diagnósticos, para nada obvios, habían sido confirmados.

El objetivo de ir al gimnasio, y es algo que te lo dicen explícitamente, es FORTALECER, es decir, full pesas y nada de andar hueviando en cardio o Zumba. Pero, como era la primera clase, el entrenador nos recomendó ir a Zumba para hacer cardio. Este tipo de ejercicio está muy estigmatizado en mi grupo de amigas como la hueá más picante que podís hacer. De hecho, recuerdo esta conversación entre dos amigas y al medio en un parque:

Amiga 1: Oye hueona, es que no hay nada más de flaite que hacer Zumba.

Amiga 2: Yo hago Zumba.

Amiga 1: Erí chana entonces, po.

Amiga 2: Bueno, jajaja.

En el momento, me cagué de la risa y estuve de acuerdo, pero tratando de ser una buena feminista empecé a cuestionarme el estigma. ¿Les parece chulo Zumba porque es común que se haga de forma gratuita y en lugares más pobres?, ¿o porque la música es como las hueas, asociada a grupos con menores recursos? Si es así, me paso por la raja el estigma (y es la media raja, todavía). Cabres, si quieres hacer deporte, póngale bueno no más, pico con los estereotipos.

Aunque den jugo la primera clase

Sí, la música fue terrible (asumo que ustedes también la odiarían si fueran sobries). Más allá de ser música que no escucho a menos de que esté con cinco piscolas, era como unos remix acelerados del infierno. PEEEEEEEERO, lo que no me gustó nada fue el profesor. El tipo estaba joteándose a las chiquillas más guapas (no soporto esa palabra y me va a llegar la regla, onda mañana, así que ando hater) de la clase, tocándolas y acercándose mucho a ellas. Como no soy guapa, no huevió, pero hizo algo peor. No podía moverme mucho por todavía tener dolor abdominal, por ejemplo no podía hacer esta hueá:

Así que era, básicamente, una cartucha bailando. En un momento estaba muy cansada, la cagó que la operación y la baja de peso te dejan debilucha, por lo que me fui a un costado a descansar. Con la Javi éramos las únicas nuevas de la clase, evidenciado en que estábamos haciendo cualquier hueá y el resto se sabía todos los pasos. Cuando el profe cachó que me hice a un costado, se puso al lado de la Javi para enseñarle, de forma personalizada, los pasos de baile de la clase. Cuando volví, el profe se corrió de nuevo y cada vez que yo me iba se acercaba a la Javi para explicarle los pasos. Y no es que yo estuviera haciendo los pasos tan la raja que no necesitara ayuda, sino que ME IMAGINO, que para él yo era una persona que no volvería a su clase. Saquen sus propias conclusiones.

Si bien, sólo fui a esa clase de Zumba igual quedé un poco bajoneada. Es difícil ser la persona más grande y diferente al resto en los espacios donde quieres pasar desapercibida o ser una más del grupo. No se puede. Y está siempre esa voz en tu cabeza de “pa qué jugai a la deportista, si erí una guatona culiá, anda a comer mejor”.

Mucha gente me pregunta cómo fue mi ida al gimnasio, como si fuera la primera vez que entro a uno porque, obvio, las gordas no nos movemos. Con esto me refiero a la gente que lo pregunta de forma condescendiente. Pero no saben que desde los 16 años que voy al gimnasio, que sé perfectamente qué hacer y cómo no lesionarme. De hecho la primera vez que me metí a un gimnasio, mientras estaba en el colegio, fue con la Javi también <3

A estas alturas se estaba haciendo evidente mi baja de peso y las personas empezaron a reaccionar, ¿qué chucha me dicen?, ¿cómo me lo tomo?, ¿está bien comentarle a alguien que ha perdido o ganado peso? Todo esto y más en la próxima columna.

Author

Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.