En la primera parte de la senda sagrada hacia la cirugía bariátrica, les conté cómo conocí a Doctor Zorrón. En un primer acercamiento a este tipo de procedimiento para bajar los malditos 40 kilos de sobrepeso que hacen que cada caminata de mi casa al Metro se sienta como un mochileo satánico, a pleno sol, cargando una con carpa, ollas, cocina a gas y todas de esas cosas que nunca he usado (ahh y el bonus track de los tutos cocidos, si es que vas atrasada y caminas muy rápido). Por esto mismo me pasan cosas para nada incómodas, como cuando dicen que algo queda “súper cerca, como a cinco cuadras caminando”. Para mí, esas cinco cuadras son en realidad diez y si le agregamos el nunca bienvenido acoso sexual callejero es un infierno. Caminar no es bacán ni me desconecta de nada.

“Pancha no seai pajera, caminemos mejor”

Una amiga muy querida me pasó el dato de un cirujano que era más barato y full recomendado, porque había dejado súper bien a una conocida de ella. No estaba muy conforme con Doctor Zorrón, ni con el tratamiento de cirugía estética que estaba recibiendo. No tiene nada de malo la cirugía estética, pero quería ser tratada como alguien que tiene una enfermedad y busca una solución, no como una persona  cuya preocupación máxima es estar “lista para el verano”. Siempre he creído que estoy lista para el verano, es cosa de ponerse un traje de baño y ya. De hecho, quedó inmortalizada en la mente de mis amigas la famosa “foca”: un traje de baño negro que usé por muchos veranos. Me costó un ojo de la cara, porque puta que son caros los trajes de baños para gordas </3, a menos que te compres uno de cinco lucas en el Laider, que son terrible deformes.

Le escribí al doctor recomendado y nos juntamos. Así conocí a Doctor Apuradito. Joven, simpático y -lo que más le agradezco- se tomó el tiempo para explicarme paso a paso en qué consiste el procedimiento de la manga gástrica. Me empezó a llamar la atención que no podía concentrarse mucho: contestaba correos, teléfono, cambiaba de tema a cada rato.

Ahí es cuando me golpeó la realidad de que es más pelúo que la chucha elegir a alguien para que te opere. De hecho, me sentía igual que cuando llevaba el auto al mecánico: como no tengo la menor idea de mecánica, tengo que creerles sí o sí lo que me dicen (y me cobran). Ese es el gran tema de la asimetría de información, especialmente en el sector salud, donde sientes que te cagan por todos lados y ni hablar de las Isapres.

“Pidiendo hora a un/a docto/a para pedir hora a otro/a doctor/a para pedir…”

Hace un par de meses me dolía la oreja y me pidieron una resonancia de cerebro, cuyo precio varía entre las 100 y 500 lucas en la Clínica Las Condes. Me imagino que es tan caro porque incluye invitación al cine, comida y  un par de noches en hotel 5 estrellas.

Estaba adolorida en el box de la urgencia esperando mi turno para la resonancia, cuando mi pololo fue poseído por los tres chiflados: se le cayó la tablet encima de mi oreja enferma, mientras trataba de mostrarme una serie nueva y, unos minutos después, por arte de magia la parte de atrás de sus suspensores se salió para enredarse en los tubos con analgésicos que tenía conectados al brazo. Al final, no tenía nada, me la hicieron “por si acaso”. Me mandaron para la casa con ibuprofeno, paracetamol y la billetera de mi viejo hecha mierda (¡gracias taita por el apañe!). Más encima una amiga doctora me había dicho por WhatsApp la misma hueá, pero como nunca antes había tenido un dolor tan cuático y andaba dando pena en la oficina incliná pa un lado cuando me echaba unas gotas para adormecer la oreja, pensé que lo mejor era ir a urgencias para que me hicieran todo de una.

Luego de este paréntesis educativo de todo lo que no hay que hacer cuando estás enferma, aparece la encrucijada: ¿Doctor Zorrón o Doctor Apuradito? Por un lado, Doctor Zorrón me hizo sentir como la mierda y Doctor Apuradito me daba desconfianza, pero sentía que se le iba a caer el teléfono en mi guata abierta en plena cirugía por estar distraído contestando WhatsApp.

Y DE REPENTE…TODO SE DERRUMBÓ

Me quedé sin trabajo y lo único que encontraba eran pegas entretenidas, pero sin contrato y con sueldos bajos. Durante un año tuve que dejar en pausa el proceso de la cirugía porque no encontraba el momento para operarme y tener una licencia más o menos larga. Encontré un trabajo bacán, pero era un reemplazo de post natal, onda iba a necesitar el reemplazo del reemplazo si quería operarme. Todo mal.

Hasta que tomé la decisión de buscar un trabajo que me diera estabilidad, aunque no fuera lo más apasionante del universo. Con pasión me refiero a un trabajo que tenga impacto, que vaya más allá de ganar lucas, sino que sea un aporte a este país para nada de cagao y desigual, específicamente con nosotras, LAH MUJEREH.

¿Francisca encontrará un trabajo con contrato?,¿es mucho pedir acaso, cresta máquina?, ¿retomará con Zorrón o Rapidito? Todo esto en el siguiente capítulo.

Nota: Muchas personas en Chile y el mundo tienen obesidad o sobrepeso. Muchas de ellas han tomado la decisión de recurrir a la cirugía bariátrica. Si requieren información en profundidad y seria sobre este procedimiento pueden agendar hora con especialistas en el tema. Esta columna es sólo un testimonio de un caso en particular.

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Papillas de por vida, gatos y feminismo. Periodista corcheteada.

  • disqus_v4I3gQhK2W

    Es pal pico esa hueá, “para llegar hay que subir una escalera, pero es cortita”, resultado, necesidad casi de tanque de oxígeno y múltiples paradas. La lata es que la gente no cacha lo que es tener tanto peso a cuestas y q todo cuesta más. Además, una tampoco quiere usarlo de excusa para no moverse, entonces terminas metida en situaciones de exigencia física extrema (para mi, de más que pa otro es como tomarse un juguito)