Por Priscila González Badilla

En mi generación crecimos viendo sus cabeceos al arco, haciendo dupla con Marcelo Salas, sufriendo la decepción de la selección del Pelao Acosta, alegrándonos por su carrera internacional, viendo a Peter Veneno en horario estelar y riendo de cómo sonaba su título de “Pichichi”. El otro día dejé puesto El Cubo de Chilevisión porque incluso venía llegando de hacer deporte. Estaba Iván Luis Zamorano Zamora, quien siempre me ha parecido un personaje.

Él estaba contando su historia sobre cómo conoció a María Alberó, cómo había sido la relación con la hija de ella, que hoy considera su propia hija, y cómo habían sido padres nuevamente, con el nacimiento de la segunda niña, de sus nervios en el momento del parto y de cuánto ama a las niñas.

La voz de Diana Massis hace entonces la introducción al siguiente tema: “Por un año de diferencia, María se vuelve a quedar embarazada y tú tenías la obsesión de tener un niño”. En una de las cápsulas de video, su esposa continúa la historia:

“Iván me decía ‘mira, yo he escuchado que podeos ir a ver un ginecólogo, que hay unos seguimientos, que hay esto, que hay lo otro’, entonces yo le dije ‘ay no, no tengo ganas […] que sea lo que Dios quiera’… ‘pero tratemos’”.

En lo sucesivo, relatan el momento en que se enteraron de que el bebé era de sexo masculino. Que lloró y celebró tanto que su tercer bebé fuera hombre, porque a las niñas les gusta el fútbol, pero no es lo mismo:

“Lo que uno siempre sueña es que tus hijos nazcan sanitos… después cuando nació… tener a Blu, después nació Mía, yo si tenía una mujer iba a ser feliz de la misma forma, pero ¿qué pasa con esto? Yo jugué al fútbol, entonces yo quería tener un hijo en donde ‘hijo, vamos a la cancha, vamos al estadio’, en donde yo iba a ser su compañero”, decía el ex futbolista.

“¿Y las hijas por qué no?”, dice Diana.

“No, porque las hijas, yo creo que son… son… las mujeres si bien es cierto, a mis dos hijas les gusta el fútbol, les gusta ir al estadio, yo no le puedo decir a mis hijas ‘vamos a jugar a la pelota’, o sea, no es lo mismo. A pesar de que hoy día, claro, hoy día tú decís que las mujeres están a la altura de las circunstancias y hay campeonatos del mundo en donde las mujeres son extraordinarias, pero tenía esa cosita de decir pucha, un hombrecito, un hombrecito que se llame igual que yo, y que tuviera la misma experiencia que yo tuve con mi papá […] Cuando me entero yo empiezo a llamar a todos mis amigos, y les dije “¡Es hombre, nos juntamos a celebrar!, a las doce de la noche nos juntamos a celebrar” […] me levanté a las once de la noche con cuarenta grados de fiebre, y no pude salir. La emoción de llorar todo el día me elevó la fiebre”.

¡Hey, hey! Detente ahí. Una cosa es querer tener un hijo, un “niñito hombre”, pero ¿qué dijiste de las mujeres? Que alguien le diga que la selección chilena tiene grandes talentos, que Christiane Endler se acaba de ganar el Premio Zamora a la portera menos batida de la temporada española 2016-2017 y juega en Paris Saint Germain, antes en el Valencia.  Que la única vez que he ido al estadio, la selección femenina goleó 12-0 a Perú, con goles de Francisca Lara, Maryorie Hernández, María José Rojas, Camila Sáez, Yanara Aedo y Bárbara Santibáñez.

Que alguien le diga que estamos en el siglo XXI y ocupamos todos los espacios, incluso este reducto del machismo: la cancha, el periodismo deportivo y el arbitraje. Que mientras los pases de los hueones se tranzan en millones de dólareslas cabras hacen las chauchas,  se retiran del deporte y después nos quejamos de que no hay talentos. Viene Iván Zamorano a decir que con las mujeres “no es lo mismo”. ¡Claro que no es lo mismo! ¿Qué no te habías dado cuenta? Después de todos esos esfuerzos viene este pajarón, púber eterno, inentendible rostro de Transantiago, copión de acentos, a decir que a sus hijas no las puede invitar a jugar a la pelota. ¿Me estás hueviando?

Que alguien le diga a este gil, que la Iona Rothfeld con la Romina Parraguirre, tienen que hacer una campaña de visibilización del fútbol femenino, tienen que organizarse en la ANJUFF, porque tienen en contra a todo el sistema patriarcal, porque llega gente como Zamorano, un hueón con mundo se supone, y las ningunea.

Que alguien le cuente de las tres chilenas que han formado parte de clubes de Emiratos Árabes: Sofía Hartard, Ámbar Soruco y Fernanda Araya.  Que Francisca Lara, ex Cobreloa y Colo Colo, es defensa del Sporting de Huelva, primera división de España. Que la Cote Rojas es comparada con Alexis Sánchez, pero parafraseando a Simone Biles, quiero decirte querida Cote, aunque no te conozca, que eres la primera Cote Rojas, haciendo historia en el fútbol australiano, y no la Alexis mujer.

Que le pasen el dato que además las cabras siguen paralelamente carreras profesionales, como Leticia Torres que además de ser seleccionada nacional, es matemática. Otras son ingenieras, otras son casi abogadas o estudiantes de diseño gráfico, y se debaten ahí entre estudiar y ser profesionales del fútbol en un contexto de precariedad absoluta, haciendo camino, siendo pioneras.

Para qué nos vamos a preguntar qué pasa con sus carreras si se les ocurre tener un bebé. Porque es re fácil tener el mundo a tus pies y triunfar. Pero en esta hueá sí que la cancha está dispareja. Por eso duele escuchar a hueones como tú, a los que la gente admira tanto y les pone oreja porque le diste alegría y esperanza. Por ser un hueón que «le ganó a la vida» en un Chile noventero, todavía más aislado y callampero que hoy, ser un indolente hijo de boludo que la única hueá que hace es perpetuar estereotipos sexistas, más encima sin interesarse por lo que hacen tus colegas. Que no es lo mismo dice él, el macho heterosexual, pobre devenido burgués, desclasado y despolitizado, devenido «emprendedor».

Que las mujeres ahora estamos a la altura, ¿a la altura de qué? ¿De tus ojos pa’ que las veai? ¿Tú qué has hecho, desde tu lugar de absoluto privilegio, para decir una cosa como ésta? Bye bye machito, sigue pechando cazuela a tu mami.

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Y lloramos si queremos.

  • Betania

    “hoy día tú decís que las mujeres están a la altura de las circunstancias” Las mujeres siempre han estado a la altura, ahueonao, son las circunstancias las que no estaban a la altura de ellas. Patético.