Esta semana El Ciudadano publicó una nota sobre la filtración de fotografías de una actriz de una serie de un canal infantil, obtenidas a través del hackeo de sistemas.

Inmediatamente, desde variados frentes se cuestionó la publicación por naturalizar violencia de género, por viralizar acciones que atentan contra la privacidad y el derecho de propiedad intelectual, a través de un acceso no autorizado a sistemas informáticos. Luego de unas horas, la publicación se bajó de la web del medio, pero aún así, se abre un gran tema, porque esa nota se escribió y se publicó. Es decir, está la puerta abierta para divulgar ese tipo de contenidos. 

Recuerdo haber leído hace un tiempo una editorial publicada por este portal, en la que explicaban por qué sus contenidos apuntaban más a notas de “tendencias” en redes sociales. En ella se declaraba que esta era la forma de poder viralizar su web y así llegar a más personas. Quizás, estos potenciales lectores se interesarían por estos posts y así llegarían a “las noticias que importan”, publicadas en el sitio. Esta es una estrategia cada vez más común en medios digitales, pero ¿cabe dentro del contenido de “tendencias” una nota como la publicaba este martes?

Para la periodista Vanessa Vargas, trabajadora de El Ciudadano, esta situación “Es desmoralizante. Creo que uno como medio puede realizar un trabajo con tendencias, de manera responsable y seria, y entretener a la gente sin necesitar de tetas o potos. Pero sobre todo es problemático porque no es tan claro el límite ético de esas publicaciones. Y por eso pasa esto de compartir fotos filtradas, que además es sumamente irresponsable”, explica.

En el equipo de periodistas hay actualmente tres mujeres, aunque hasta hace poco, había solo una. Por otra parte, el equipo editorial -directores, editores y subeditores- son hombres. “Hemos abordado la crítica desde el equipo periodístico y se les ha señalado que es contradictorio con nuestra línea. También porque perjudica nuestra cobertura en temas de género, ya que son las mismas fuentes cotidianas las que nos están criticando. Y el problema más grande es el sexismo, que no nos interpreta a todas, y somos quienes ponemos la cara ante la sociedad por el medio”, explica.

En relación a esto, Sebastián Larraín, codirector de El Ciudadano explica, “si comparas nuestro tratamiento periodístico sobre temas de género o diversidad con el de cualquier otro medio masivo, creo podrás ver que nuestra línea es bastante clara en defender y promover los derechos de todos y condenar cualquier tipo de discriminación. Aunque algunos de los contenidos publicados, no la representen fielmente“. Realicé más preguntas al respecto, pero no hubo respuesta hasta la publicación de esta nota. El medio acordado para acceder a sus declaraciones fue vía correo electrónico.

En base a estas declaraciones y también a esa editorial publicaba en la que explicaban por qué se ampliaron a la publicación de contenido viral, nace la pregunta ¿un medio para subsistir necesariamente debe incorporar contenido que viola derechos y también leyes? ¿No es posible conseguir clics de otra manera?

“El Ciudadano es un medio que publica gran diversidad de contenidos y entre ellos, también de entretención y de rostros de televisión. Si bien entendemos que se puede catalogar algún contenido de sexista por mostrar en este caso imágenes de una conductora desnuda, somos un medio desprejuiciado en ese sentido, independientemente del género del personaje, por lo que también hemos publicado ese tipo de contenidos respecto de hombres. Entendemos que muchas de las publicaciones no les gustan a todos nuestros lectores y lectoras y no buscamos agradarles a todos. Por otra parte, leer solo las notas que más difunde la red social Facebook de El Ciudadano, es quedarse con una visión muy parcial de nuestro medio. Aquellos que buscan contenido de investigación, denuncia y contingencia de importancia, deberían, como siempre recomendamos, entrar directamente a nuestro sitio web, donde posiblemente no verán el contenido de entretención. También ocurre que algunos periodistas han cometido errores al publicar contenidos que distan de nuestra línea editorial, situación que corregimos día a día”, señala Larraín. Intentamos contactarnos con Paul Walden, editor, pero hasta la publicación de esta nota no obtuvimos ninguna respuesta de su parte.

Vargas cree que “sí tenemos opciones, claramente. Hay medios que hoy han optado por otra línea y no han muerto en el intento. Es difícil, pero debería ser un desafío asumido por cualquier medio que plantee la opción de realizar un periodismo alternativo. El problema está en lo mucho que nos cuesta a los periodistas generar estos cambios desde adentro, dar la pelea en la discusión por la línea editorial. Y en eso ayuda mucho recibir el feedback, duro o no, de la gente. A diferencia de lo que ocurre en otros medios, nosotros podemos plantear aquí nuestras diferencias y abrir un diálogo al respecto. Pero advertimos sobre esto desde hace tiempo y siento que no se ha asimilado el costo que está teniendo para El Ciudadano y su legitimidad ante nuestros públicos”.

Un tema como este tiene diferentes aristas. En primer lugar, de cómo las anécdotas (o algunos hechos que ni siquiera llegan a convertirse en una) se publican como noticias desde la web hasta la televisión o los diarios. También la evidente falta de ética en la publicación de contenidos que atentan contra la privacidad y que además fueron obtenidos de manera ilegal, sumando a esto el sexismo y la misoginia directa. Por otra parte, el rol de los medios digitales: cómo funcionan, cuál es su estrategia para llegar a más lectores y qué tanto sirve ese todo vale. El co-director de El Ciudadano cree que este tipo de contenidos pueden convivir con otros de investigación o contingencia social y política. Yo pienso que no. Después de ver una publicación como esta, probablemente, no me interese volver a entrar a ese medio, aunque dentro de él pueda encontrar algo interesante. Al mismo tiempo, quizás, una figura pública tampoco quiera participar como fuente en alguna nota, después de ver algo así. Este tipo de contenidos perjudican los otros y la opinión pública ya no pensará en un referente de información determinada si sólo ve virales o, como prefieren llamarlo, “notas de tendencia”.

Finalmente, quizás es algo evidente pero que es necesario mencionar: si medios – con mejor o peor criterio- utilizan este tipo de estrategias para ganar visitar, es también porque una gran masa de usuarios de internet engordan las cifras con este tipo de notas. Si existen portales que quieren entregar contenidos que resulten atractivos para sus lectores y un resultado de ello termina siendo la publicación de imágenes filtradas de una joven que recién cumplió 18 años, hay que analizar la cadena de errores, que van desde el todo vale del director de una web hasta nosotros, lectores y lectoras. Parece ser un círculo un tanto asqueroso y difícil de derrumbar.

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Discos por sobre ahorros en el banco. En Twitter: @javieratapiaf

  • Rodrigo Acevedo Ulloa

    “(…) independientemente del género del personaje, por lo que también hemos publicado ese tipo de contenidos respecto de hombres.”
    Triste utilizar la técnica del empate; como si fuera a hacerlo menos grave. Lo peor es que no es el único medio que defiende de esa manera.
    Y da harta pena que se excusen en una especie de modelo de negocio para hacer este tipo de publicaciones. Da pena que hagan periodismo con noticias que no son nuevas ni exclusivas, simplemente muestran algo que está en la web, al alcance de cualquiera que sepa usar un buscador en internet.

    Como bien dices, da asco. Da asco y pena que generaciones que se están criando con noticias divulgadas por RR.SS. vean como algo común que se violente la privacidad y se normalice la misoginia para ganar un par de clicks. Y cabe decir que da miedo saber que quizá qué hagan en un futuro para generar más visitas: ¿crear ellos mismos este tipo de noticias?, ¿ellos mismos violar la privacidad del prójimo?, ¿ellos mismo hackear y difundir fotos privadas, difamar y violentar a otros porque eso es lo que la gente quiere ver?