La soledad es uno de los fantasmas que más me atormentaban desde chica, no puedo negarlo. Cada vez que tenía un momento conmigo misma era algo molesto o fome y esto es, principalmente, porque mi familia es muy grande y muy pocas veces habían espacios para ello, siempre optaba por escapar, ir a buscar una amiga para jugar o llamar a alguien. Todo hasta que llegaron los libros, ahí de a poco me di fui dando cuenta que era un espacio necesario, para conocerse, reírse de una misma, pensar en los cambios que quieres hacer en tu vida y en el mundo, o también para mirar el techo, ponerte los audífonos e intentar desaparecer un rato. Aún así, debo decir que es un tema que hace poco comencé a cuestionar, ¿por qué no me gusta estar sola?, ¿qué es lo que me gusta de mí y qué cosas me aburren?

Empecé a buscar y obviamente analicé la relación que se hace con la ausencia de un hombre y esta necesidad que nos crean desde pequeñas de buscar a alguien que nos salve, acompañe o proteja. Ahí se me cayó la cara, porque me di cuenta que estaba atentando contra mis principios. No había sido capaz de explorar ese ámbito tan importante que es la vida de una misma, no sólo lo que hacemos y por lo que luchamos de manera colectiva, sino que simplemente el estar sola, escribiendo, comiendo, viajando, etc.

Este año como meta me puse estar sin nadie a nivel amoroso, porque me debo miles de citas y conversaciones conmigo misma. Me debo todo eso que he dado a otrxs y no he sido capaz de hacer conmigo, todo ese amor y tiempo ahora va para mí. Lo decidí y lo maravilloso del feminismo es que todo esto nació desde la experiencia de una amiga, que optó por lo mismo con el fin de crecer. Ahora somos dos las que, paralelamente, estamos en este camino apuntando hacia la autonomía.

La grosa de Marcela Lagarde habla de la relación soledad y autonomía y es ahí donde quiero llegar. Para ser realmente independiente, para tener la fuerza para pelear contra el sistema que nos domina, tenemos que primero tener el coraje para mirarnos nosotras mismas, con respeto, con todo ese cariño que le ponemos a las cosas que nos interesan, haciendo que sea una práctica que se contraponga con la culpa y el dolor que nos han cargado históricamente por ser mujeres. Que no nos de miedo cuestionarnos hasta la raíz, dar vuelta lo que no nos guste y además tener los ovarios para hacerlo sin nadie que nos diga que va a estar todo bien.

Al principio va a ser raro, incluso triste, pero les digo, no estamos solas.

Foto* Tumblr

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Amo los membrillos y odio las injusticias. Licenciada en Sociología y mujer de izquierda.